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Redacción
Jueves, 08 de Enero de 2026

Elogio del terraplanismo

Sea usted racista (un poco): mucha gente se lo agradecerá

Por Balsa Cirrito

[Img #277324]Creo que todos estamos de acuerdo en que ser racista es malo. Vamos, es horrible. Una mierda para zumbados neonazis pichaflojas odiadores de todo. De hecho, estamos tan de acuerdo en condenar el racismo que casi se ha convertido en un problema. ¿Un problema? Sí, porque. ¿hay racistas hoy día? Seamos honestos, racistas racistas, de los de pata negra (no estoy dando pistas de nada), de los que había antes, de esos, de esos no queda casi ninguno. Me refiero a gente como los nazis, que querían convertir a los judíos en pastillas de jabón o en abono para los campos de remolacha o al rey Leopoldo II de Bélgica, que condenaba a los congoleños todos a trabajos forzados y les cortaba la mano a los que se portaban mal. De esos ya no quedan.

           

Esto, sin embargo, crea un problema. Porque si bien racistas hay pocos, antirracistas hay un montón, y en algún lado tienen que buscar su alimento, porque si no se mueren de hambre. Lo cual da lugar a que los buscadores de racismos desarrollen un notable ingenio. Quiero decir que buscando elementos discriminatorios se les va un poco la olla. Veamos algunos ejemplos.

           

En Girona este año hubo polémica porque la cohorte que acompañaba al rey Baltasar era de gente blanca con la cara pintada de negro. Esto, decían los indignados, es una burla a los negros. ¿Burla? ¿Por qué? Es más, decir que se trata de un acto de racismo no es sino un elemento de colonización cultural anglosajona, ya que proviene de los blackfaced de EEUU. En Estados Unidos, en el teatro, había blancos que se pintaban la cara de negro para representar a gente de esa raza a la que muy a menudo ridiculizaban. Vale. Muy bien. Que se jodan los americanos racistas. Pero en España, en España, ¿en España qué me estás contando? Aquí la práctica de pintarse la cara nunca ha sido racista; de hecho, la más frecuente con mucha diferencia era la de tiznarse el rostro para representar al rey Baltasar y a sus acólitos. Y por mucha imaginación que le echemos, la representación del rey Baltasar nunca ha sido realizada para ridiculizarlo, al contrario, con toda seguridad se trata del rey favorito de los niños. Hace cincuenta, cien años, en nuestro país casi no había negros y la solución más obvia era pintarse la cara con betún. Pero racismo… No, hombre, no.

           

Voy más lejos, la segunda objeción a esa práctica es la de que se trata de un elemento de “apropiación cultural”. Lo de apropiación cultural me resulta especialmente desconcertante, porque cabe recordar que los Reyes Magos es una festividad española y portuguesa, con trasplante a Iberoamérica. Si un congolés o keniata se pusiera la corona y desfilara por nuestras calles, eso sí que sería una apropiación cultural de los gordos cojones (y no insinúo nada con la expresión “gordos cojones”).

           

Otro ejemplo. Recientemente miss Finlandia ha sido desposeída de su título por posar con los ojos rasgados, ya saben, tirándose de los mismos por la parte de fuera. Me parto. ¿Es que los chinos no tienen los ojos achinados (o ajaponesados o acoreanizados)? Porque yo los miro y los tienen. Ni siquiera he de buscar fotos de chinos por internet para recordar que sus ojos suelen ser oblicuos y rasgados. Cierro los ojos y pienso en ellos. ¿Los chinos?, me digo. Los chinos ojos de chino, me respondo. Vale, me pueden decir, pero es que a ellos les molesta esta representación de gente tirándose de las comisuras de la vista. ¿De verdad les molesta? ¿Están seguros? De hecho, hasta hace muy poco no solo no les molestaba sino que lo recibían con orgullo, con orgullo hasta que desde el Occidente anglosajón se les dijo que aquello era una burla. “¿Una burla?”, preguntaban los asiáticos despistados; “una burla racista”, respondían muy serios los anglosajones. “Pero a nosotros no nos lo parece…”, intentaban argumentar los chinos. “¿Os atrevéis a contradecirnos a nosotros, anglos, que hemos decidido lo que es racismo y lo que no es en cientos, en miles de películas y de series de televisión?”. Gritan entonces cabreados los wasps. Y el mundo oriental termina creyéndoselo y diciendo que vale.

           

Pero no hay que remontarse demasiado para ver que esto no era así. En los Juegos Olímpicos de Pekín, año 2008, la Selección Española de Baloncesto publicó una foto antes de partir para Asia con todos los jugadores estirándose los ojos como un guiño simpático a los chinos. Sin embargo, la estrella del equipo de España era Pau Gasol, entonces en la cúspide de su carrera, figura indiscutible en Los Lakers. Y la prensa americana puso a parir a Gasol, llamándole por supuesto asqueroso racista. Lo cachondo del caso es que en China, cuando supieron de la polémica, se quedaron un poco sorprendidos, con los ojos a cuadros (además de achinados), y dijeron  que a ellos no les molestaba, que les parecía algo agradable. Esto era en 2008. En la actualidad, los han convencido de que decir que los chinos tienen ojos de chinos es racismo, y han sido los propios chinos los que han obligado a cargarse a Miss Finlandia (que ya que estamos, es guapa, pero lleva más bótox encima que Mickey Rourke).

           

Todo esto tiene que ver con la abundancia de antirracistas, que cuando no encuentran racismo, no les queda otra que inventárselo. Y voy a decir una cosa en serio. Rara, muy rara vez, se ven en España auténticos hechos de racismo. Estoy por decir que casi nunca. En cambio, lo que sí se ve a porrillo son actos de aporafobia, de desprecio a los pobres. Una persona puede tener la piel más negra que el alma de Yoko Ono que en nuestro país no va a encontrar ni el mínimo rastro de racismo si además de negra es rica. No hay nada que iguale tanto la percepción racial como la pasta. A mucha pasta, todos nos parecen blancos. Las pateras llenas de moros las vemos como repelentes, pero los yates llenos de qataríes con diamantes nos resultan encantadores, y eso que los qataríes son bastante más tostaditos que los moros.

           

Y termino que me estoy alargando. Todos los días escucho acusar a gente de prácticas racistas por cuestiones que no son específicamente racistas sino xenófobas. Me refiero a que criticar a las mujeres musulmanas por lleva burka o hijab o lo que sea, no es racismo, sino xenofobia. Y la xenofobia es un campo más complejo, lleno de minas que no estoy dispuesto a cruzar hoy, no vaya a salir volando.

           

Y, por supuesto, ya está bien que desde la anglosajonia nos digan qué es correcto y qué no. En España el racismo ha tenido como diana históricamente dos pueblos: los gitanos y los judíos, ambos sistemáticamente puteados. De los judíos no se habla, porque ya no quedan. Y de los gitanos casi que tampoco. Porque los guiris nos dicen que el racismo fetén, el chachi, es el que va contra negros y asiáticos. Y si ellos lo dicen que saben más que nadie del asunto, no podemos contradecirlos, ¿no?

 

PD. (Sin nada que ver con lo anterior) Veo la cabalgata de Reyes y… ¡Dios mío! Parece mentira que los Reyes Magos sigan tirando caramelos. ¡Caramelos! Pero, ¿saben ustedes la cantidad de sustancias y aditivos y conservantes que llevan? Y, sobre todo, ¡están llenos de azúcar! ¡Con lo malo que es el azúcar! Para el año próximo propongo que los Reyes Magos lancen a los niños Kiwis, aguacates, arándanos, bayas del bosque y naranjas mandarinas. Por supuesto, de cultivo ecológico y sin fertilizantes. Y, desde luego, envueltas las frutas en envases orgánicos no contaminantes y/o reciclables. Verán qué contentos se van a poner los niños. Van a dar saltos de alegría. Ya lo verán.

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