No darás falso testimonio ni mentirás
Dice el escritor Claudio Magris que “la mentira es tan real como la verdad, actúa sobre el mundo, lo transforma, está ante nosotros, la podemos ver y tocar”.
Algunos de los acontecimientos más destacados en las últimas semanas me han llevado a recordar el aforismo que el autor italiano utiliza en su novela “Conjeturas sobre un sable”.
Miguel A. Rodríguez, director de gabinete de la presidenta de la Comunidad de Madrid, encajaría perfectamente en esa idea. En su declaración ante el Tribunal Supremo por la causa abierta hacia el Fiscal General del Estado por la supuesta filtración referida a las acusaciones de fraude fiscal del novio de Isabel Ayuso, este personaje dijo: (y cito textualmente) “eso no es información, es que tengo el pelo blanco”. Lo que traducido viene a defender “el figura” es que la experiencia que le otorga la edad le puede conducir a la verdad. Aunque sea a través de una mentira, de un bulo, de su bulo. “Quiero decir que llevo muchos años en este ámbito y puedo intuir, colegir, adivinar que está pasando en el mundo político, sobre todo con un órgano tan respetable como el ministerio fiscal, que está jerarquizado y colegiado. De ahí nace esta afirmación. No tengo una información concreta”. Resulta chocante que Miguel A. Rodríguez se erija en el adalid de la verdad porque echando un vistazo a su currículum político, el mismo no es precisamente sinónimo de pulcritud cívica.
Su compañero de partido, el ex presidente Mariano Rajoy dijo en una entrevista, al poco tiempo de aquello, que “para mentir es mejor quedarse callado”. ¿En qué o en quién estaría pensando Rajoy al hacer ese comentario?
El juicio contra el Fiscal General del Estado quedó visto para sentencia al parecer sin pruebas ni indicios. Finalmente ha sido condenado por parte del Tribunal Supremo. No hay que olvidar que la Justicia tiene por guía a la Verdad. Pero la Justicia también se equivoca alguna que otra vez.
Otro de las noticias más llamativas ha sido la publicación de las memorias de Juan Carlos I. Si alguna característica es común a todas las autobiografías es la subjetividad de las mismas. Nadie habla mal de sí mismo ni hace público sus pecados inconfesables. Eso sí, analizando los contenidos se puede descubrir que cuándo se quiere desterrar alguna imagen negativa con expresiones positivas lo único que consigue es el efecto contrario. El refranero tiene una frase para este tipo de “verdades”: “dime de qué presumes y te diré de qué careces”.
Habrá quién crea a pies juntillas las palabras recogidas en la obra “Reconciliación”. Hay que decir que la autora del mismo, la escritora francesa Laurence Debray, ha narrado lo que el Emérito le ha contado. Habrá quién no crea la mayoría de los relatos.
La mentira, a veces, puede llegar a ser una verdad prostituida.
De hecho, en Política se usa con mucha frecuencia. La mentira, digo. Falsus in uno, falsus in omnibus”, que dirían los clásicos. No me cansaré de recordarlo: ni había armas de destrucción masiva en Irak, ni los atentados del día 11 de marzo de 2004 en Madrid los llevó a cabo la banda terrorista ETA. En esta ocasión, la verdad se impuso a la mentira. Menos mal. Al menos nos ahorramos el tener que tratar el tema como un acontecimiento de memoria histórica cuándo pase alguna que otra década.
Y es que blanquear la mentira es negar la verdad. Suele pasar con el transcurrir de los días.












Perkin | Sábado, 29 de Noviembre de 2025 a las 16:45:29 horas
Eso a quien se lo dices Alós del PP o del PSOE
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