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Redacción 6
Miércoles, 26 de Noviembre de 2025

Elogio del terraplanismo

El culo del demonio

Por Balsa Cirrito

[Img #273483]Tengo una especial aversión a los grafiti, que es una especie de mal que asola a las ciudades españolas, más asoladas cuanto más al sur (lo mismo que en Europa, más cuanto más abajo). El grafiti viene a ser una especie de oda a la suciedad y a la cochambre. Un fingimiento de arte, cuando casi siempre es solo vandalismo.

           

Cualquier indocumentado con un spray se puede cargar los esfuerzos de muchas personas y de muchos ayuntamientos imponiendo su “concepto” de la estética. Porque, en definitiva, el grafiti no es sino terrorismo estético, totalitarismo plástico, imposición del a-mi-me-gusta-me-la-pelan- los-demás.

           

La última vez que fui a Granada, hace cinco o seis años, quedé aterrorizado del aspecto que presentaba uno de sus parajes más encantadores, la ribera del Darro: toneladas de pintura grafitera habían sido perpetradas sobre sus paredes. En Sevilla, todos, absolutamente todos los comercios de la calle Sierpes tienen que soportar que sus cierres sean decorados por gilipollas con un spray de pintura. En cualquier lugar de España, preferentemente Andalucía y Extremadura (las regiones más ricas) (es ironía), la abundancia de grafiti anuncia que nos encontramos en una zona chunga.

           

Sin embargo, hay quien entiende que los grafiti son arte. Probablemente quienes tal cosa defienden piensan que existe algo llamado “arte del pueblo” (que no es lo mismo en absoluto que el “arte popular”), y suponen que pintar una fachada es la máxima expresión del mismo. No es así. El grafiti por esencia es cutre. Es quiero y no puedo. Cuando están mal hechos, que es casi siempre, son directamente delictivos, y las pocas veces que se hallan bien realizados, son tristes.

           

Hace unos meses un grupo político del ayuntamiento presentó una propuesta para que se habilitaran zonas para la creación de grafiti y pinturas murales en nuestra ciudad, propuesta que creo que fue aprobada. En fin, si se llevaran esas pinturas murales a alguna zona escondidita, pongamos por ejemplo El Bercial o la isla Perejil, nada tendría que protestar; lo malo es que la referida propuesta pretende que se realice en las zonas más transitadas de nuestra villa. ¡Puuuf! No se me ocurre ninguna mejor manera de cutrificar la ciudad, de plantear para Rota una panorámica propia de las Tres Mil Viviendas de Sevilla.

           

Por supuesto, arte es cualquier cosa a la que llamemos arte, y todas las artes tienen derecho a la vida, pero algunas vidas, me temo, más vale tenerlas ocultas. La ciudad más pastelera que he visto en mi vida es Gante, en Bélgica (Gent en flamenco). Es una ciudad que termina tocando las narices de puro bonita. Toda ella es un decorado de Disney, y como tal, termina resultando cursi, muy cursi. Sin embargo, en Gante existe un callejón, el callejón de los grafiti, que realmente asombra. Es una callejuela escondida, de noventa o cien metros de largo y enormemente estrecha, apenas dos metros de ancho (Pau Gasol me imagino que puede tocar las paredes de ambos lados a la vez). Pero el ayuntamiento de Gante, con muy buen ojo, la ha reservado para los artistas de las paredes y murales. Dentro de la cursilería que ya digo que preside la estética almibarada de la ciudad, el callejón impresiona, puede que más que el pasteleo del resto de la población, porque es un contraste chulo. Viene a decirnos: “nosotros somos muy finos, pero si nos da por ponernos ordinarios también podemos”.

           

Pero no estamos en el caso. Vamos a reconocer que el sur de España, sobre todo la provincia de Cádiz, no es muy dado a la limpieza pública. Nuestras calles, en general, son sucias, en algunos casos, muy sucias (y, ¡ojo!, que quizás Rota sea de las más limpias de la provincia), por lo que animar a la cutrefacción que siempre conllevan los grafitis me parece un dislate. Incluso dos dislates. Puede que tres. Pero, eso sí, el día que lleguemos al grado de cursilería urbana de Gante y a esa limpieza de las calles de las ciudades belgas, me mostraré muy partidario de los grafiti. Entretanto, aplacemos esos ánimos muralistas, caray. Porque los grafiti, desengáñense, son feos. Muy feos. Como el culo del demonio.

                    

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  • Pescador

    Pescador | Domingo, 30 de Noviembre de 2025 a las 09:24:35 horas

    Adelante grafiti si el ayuntamiento te da permiso adelante y al que no le guste que se aguante

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  • viento de levante

    viento de levante | Sábado, 29 de Noviembre de 2025 a las 17:40:21 horas

    Por supuesto que no me he leído esta columna ni ninguna que publique el mindundi este. Lo que me llama la atención es el esfuerzo de Rotaaldía de actualizar el enlace a su diarrea mental poniéndolo de los primeros en su blog aunque hayan pasado muchos días desde la publicación original. Probablemente tiene menos clics de los deseados y hace falta incentivar a los lectores para que lean las idioteces que se le ocurren a un idiota. Nada, ánimo y a seguir. Todo sea por difundir la gilipolleces.

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  • Jaime

    Jaime | Jueves, 27 de Noviembre de 2025 a las 16:43:26 horas

    Hay grafitis que son verdaderas obras de arte y admiro el mérito que tienen, a algunos no les gustará como quien escribe el artículo y a otro si como quienes han comentado (para gustos colores), como ya dije hay grafitis que son verdaderas obras de arte, pero el problema viene cuando pintas en una pared que no es tuya sin permiso del dueño de esa pared. Si la pared de mi casa la pinto de blanco es porque me gusta así, y nadie por muy artista que sea tiene derecho a pintarla sin mi consentimiento, y eso no tiene discusión.

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  • jajaja

    jajaja | Jueves, 27 de Noviembre de 2025 a las 15:00:48 horas

    A "El demonio", pasatelo

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  • Pescador

    Pescador | Jueves, 27 de Noviembre de 2025 a las 10:54:52 horas

    Te has quedado atrás muy atras talvez añora un pasado que ya no vendrá

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  • El demonio

    El demonio | Miércoles, 26 de Noviembre de 2025 a las 15:37:42 horas

    Entiendo la frustración del autor por el deterioro y la "cutrez", pero lo que él ve como un "mal" o "el culo del demonio," yo lo veo como un pulso vital de la ciudad. Es la gente diciendo algo, aunque sea solo su nombre, en un entorno cada vez más privatizado y regulado.
    ​La diferencia es esta: el autor quiere una ciudad limpia, ordenada y silenciosa como un decorado. Yo quiero una ciudad viva, ruidosa y con cicatrices que muestren que hay gente usándola y cambiándola.
    ​El arte que no incomoda, no es arte de verdad. Y si para el autor es feo, pues bien. Al menos lo ha visto y ha tenido que pensar en ello. Y eso, ya es un logro. Se le nota al autor que ya es mayorcito.

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