Cuando un amigo se va... (por Severiano Alonso Álvarez)
Hay un refrán latino, sacado de la traducción latina de un pasaje de los evangelios de San Lucas y de San Mateo, que dice: ex abundantia cordis os loquitur, que traducido sería: “de la abundancia del corazón habla la boca”. Evidentemente, esa abundancia puede ser de sentimientos, de emociones positivas o negativas.
A veces ocurre que la abundancia es tanta que no encontramos palabras, que no somos capaces de verbalizar esos sentimientos o emociones y respondemos gritando de rabia, de impotencia, o simplemente nos rompemos en lágrimas, abrazamos a quien nos produce esa “abundancia” y nos mantenemos en silencio.
Esta segunda posibilidad es la que me produjo la muerte de mi amigo Antonio Letrán: estupor, incomprensión, silencio y lo único que pude hacer es abrazar y llorar, intentando contener las lágrimas para no contagiar tristeza, pero hablando con los ojos húmedos y enrojecidos: no había palabras que pudiesen traducir, expresar la abundancia que había en mi corazón.
Con el paso de los días vas llenando el socavón, el vacío tremendo que te deja esa marcha inesperada con las vivencias que recuerdas a su lado, con las conversaciones que frecuentemente teníamos más allá de la pasión por la música que nos unía desde hace años. Antonio era una persona inquieta, inconformista, nada manejable, con criterio propio y con un razonamiento bien fundamentado.
Comentábamos lecturas, músicas, acontecimientos políticos, temas religiosos... Creo que en su etapa última cada vez le interesaban más los temas religiosos. Las preocupaciones sociales y políticas habían pasado a un segundo plano por hastío, por decepción, por lo bajo en que han caído muchos de los que tienen la obligación de gestionarlas por mandato de los ciudadanos.
En su paso por el Hospital hace más de dos años, me contó que había notado la presencia de Dios y que había experimentado una paz y una tranquilidad infinitas. Algo que me sorprendió y que me admiró porque sentí que era algo muy profundo en él, alejado de mi vivencia bastante menos determinante.
Estoy seguro que esa misma presencia la notó en sus momentos finales: nada de sobresaltos, nada de alterar o asustar a los suyos, aceptación, paz, y hasta una sensación de alivio ante el cansancio que notaba en sus últimos días, del que también me hablaba con tranquilidad.
Antonio estaba satisfecho con su vida, con su familia a la que adoraba, con el esfuerzo que le llevó a pasar de trabajar en una Compañía de Transportes a opositar a funcionario judicial, a estudiar la carrera de Derecho y a compaginar todo eso con su inquietud artística: pintura, literatura, música...
Todo un ejemplo, que seguro que, junto a Ana Mari, inculcó también a sus hijos y que nos deja como legado en una sociedad poco dada al esfuerzo, al sacrificio, a tomar decisiones propias, a no dejarse manejar...
Gracias, amigo, No olvidaremos tu ejemplo, el regalo de tu amistad, tu inconformismo, tu claridad ante los problemas, tu valentía en la defensa de las ideas que te parecían fundamentales para una sociedad adulta y democrática.
Severiano Alonso Álvarez
































Nemesio Garcia | Sábado, 29 de Marzo de 2025 a las 19:03:32 horas
Una vela que arde por los dos lados dura menos tiempo pero su luz es más intensa.
Entre tanta mediocridad una vida que si fue muy relevante.
Estará en un sitio mejor. Seguro.
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