Contra el perroflautismo
Feliz Navidad, Mustafá
por Balsa Cirrito
Creo que la cosa nació de un documento interno de la Unión Europea que fue, sin embargo, descartado y no llegó al público general. Pero el caso que hubo quien acogió la idea con un cariño digno de mejor causa. Me refiero a esa tendencia – muy minoritaria, desde luego – de desear felices fiestas en vez de feliz Navidad por temor a ofender a algunas personas.
Y no hablo por hablar, porque me ha pasado a mí. Entro en un comercio, compro, pago, y al despedirme me desliza el dependiente: “Felices fiestas”. Instintivamente respondo: “Eh, sí, feliz Navidad”. Y entonces el dependiente, con mucha amabilidad y simpatía, eso sí, dice: “hay que decir felices fiestas, hombre, para no ofender”. Por un momento tuve la tentación de devolver lo que había comprado.
Porque, ¿no ofender? ¿A quién? ¿De verdad se puede pensar que alguien se siente molesto por desearle feliz Navidad? No me voy a adentrar en las muchas sandeces, estupideces, memeces y gilipolleces, de todo muchas veces, que implica la postura enrollada de no desear feliz Navidad, porque son muy evidentes, empezando por la más obvia que es la de que si no estamos celebrando la Navidad, ¿qué gónadas celebramos?
A lo que me refiero es al racismo implícito, a la superioridad y prepotencia cultural que conlleva la postura buenista. Parece que nos dicen, bueno, estos musulmanes son muy poco refinados y muy intolerantes, así que no vamos a provocarlos. Por Dios, incluso el hermano gemelo de Bin Laden sería capaz de comprender que en los países cristianos se celebren las festividades cristianas.
Pero voy más allá, y creo que ya lo he insinuado. ¿A quién no se quiere ofender? ¿A los judíos de Europa? ¿A los budistas? ¿A los sintoístas? ¿A los animistas subsaharianos? No, muy evidentemente, la opción de felices fiestas teme ofender a los musulmanes, con lo cual, de todas todas, se los señala como fanáticos intolerantes y peligrosos. De hecho, en los dos o tres artículos que he leído sobre el particular, se entendía que la opción antinavideña se tomaba para no soliviantar a los mahometanos. No sé, pero si yo fuera muslime me irritaría sobremanera, me indignaría un montón que me trataran como a un niño pequeño incapaz de comprender la tabla del 1. Oh, eres, musulmán, dicen los buenos, te vamos a tratar como a un delincuente en potencia. ¡Puaf! En realidad, es muy común, y las propuestas inclusivas y antirracistas suelen ser profundamente racistas y supremacistas.
La celebración de la Navidad, a estas alturas, no es solo una cuestión religiosa, ni mucho menos, sino un rasgo cultural de los países europeos que hemos exportado a otros continentes y que nos define como sociedad. Asusta pensar en una Europa sin Navidad (sobre todo a efectos económicos), y se puede ser tan ateo como Salomon Reinach y poner el arbolito o el Belén y regalar juguetes a los niños el 6 de enero. A ver si con la obsesión de respetar a otras culturas solo una no vamos a respetarla. La nuestra. Así que feliz Navidad a Mohamed, a Isaac, a Mpombo, a Chen-Tsu y a quien se ponga por delante.
































Rota | Jueves, 26 de Diciembre de 2024 a las 19:59:33 horas
También soy mayor y en mi casa siempre se ha dicho FELIZ NAVIDAD y PRÓSPERO AÑO NUEVO, y al que no le guste esta es nuestra cultura.
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