La invasión que no ven (por José Antonio Rodríguez García)
Tratar el tema del peligro de una inmigración masiva y descontrolada choca con mi conciencia espiritual del mensaje cristiano del Amor y la Fraternidad con todas las criaturas del Mundo; pero puestos los pies en la tierra no hay más remedio que considerar que una cosa es el abrazo a un hermano de otra raza o religión, o a diez, o a cien, y otra distinta es tener capacidad vital y económica para atender a cientos de miles que pueden invadirnos (y ya lo están haciendo) en movimientos masivos migratorios de una parte a otra del planeta, como ha ocurrido tantas veces a través de los tiempos.
No se necesita ser antropólogo, sociólogo ni erudito para ver lo que está sucediendo en nuestras fronteras, al Sur de Europa, y lo que se nos puede venir encima. Parece increíble que los que tienen (o simplemente ostentan) la responsabilidad de la seguridad y de la lucha por el futuro de nuestra tierra (no pongo Nación ni Patria por si no entienden el término) piensen y actúen como un grupo infantil de “boys-scouts”.
Permítanme, por tanto, que para esa mentalidad tan juvenil les presente algún ejemplo simple:
- Un adolescente occidental (europeo o americano), chico o chica, aprovechando la ausencia de sus padres un fin de semana, decide organizar una fiestecita en su casa (digamos chalet, no ya por capacidad económica sino por espacio). Cita a unos veinte amigos/as más cercanos para tomar unas copas, unas viandas y escuchar música… Si vienen los veinte previstos (en un pisito no me caben la mitad) se puede disfrutar con un cierto orden y respeto; pero si se cuelan sesenta u ochenta compañeros de Instituto con lo del “buen rollito” y la “alianza de civilizaciones” acabarán con todo lo que encuentren en poco tiempo y romperán la paz y armonía (con el ratito romántico, tal vez) que se pretendía en un principio. Esto se agrava con que otro grupo, creyéndose en el derecho de meterse en la fiesta, lo haga violentamente, golpeando incluso al que se coloque de portero. (En este caso, si se llama a las Fuerzas del Orden y nos encontramos con los actuales gobernantes, nos veremos absolutamente perdidos, sin reunión y sin casa). -
Otro ejemplo, ahora para “Papás”:
- Se organiza una sencilla reunión familiar por el cumpleaños del niño/a a la que se invita un número razonable por capacidad de espacio y dinero. Enterado otra amplia comunidad de vecinos de otra cultura se meten en la fiesta porque -según sus costumbres- cuando se celebra algo en su aldea es para toda la tribu sin excepción. Sería imposible atenderlos, pero si milagrosamente se sostuviese, los recién llegados en número muy amplio, impondrían su música y sus danzas, aprovechando la permisividad de los demócratas anfitriones. Así que se tendrán que ir de la fiesta los propios organizadores quedando ésta a merced de los “pacíficos” invasores.
Sí, padre, al prójimo, siempre, un abrazo, que Dios no tiene color, y así procedo con muchos casos puntuales que están entre nosotros, quizás cientos, que buscaron aquí mejor porvenir y se integran, o al menos, respetan nuestra cultura y forma de vida; pero… qué hará usté cuando le lleguen miles y miles pidiéndole ayuda.
Supongamos que cae un maná del cielo (puestos de trabajo por todas partes -en el caso de que quieran trabajar-, casas, alojamientos, colegios, alimentos…), ese número inmenso de reunirá más fácilmente en grupos aparte (formando ghetos) con su idioma, cultura, e incluso su religión, con lo que ello conlleva.
No me vengan ahora con que “los españoles también fuimos (y somos) emigrantes” porque no tiene comparación en el número, descontrol, invasión o ámbito cultural.
Póngase usté, padre. que a renglón seguido se quedan con su casa y con su iglesia, porque lo cristiano es compartir, y al día siguiente quitan crucifijos, imágenes sagradas, impidiendo todo culto que “moleste a sus creencias”. (Por desgracia, esto ya no es un supuesto, sino algo que empieza a suceder y no hace falta ir hasta Holanda o Francia para verlo).
Es como si usté, señor González o Rodríguez o Sánchez (apellidos muy españoles) me invita a su casa. O mejor aún, lo hace su primo marroquí y yo me presento, pero con toda mi familia y mis amigos (ya me arreglará las visas alguna ONG), y tras varios días allí coloco en su casa mis crucifijos, mis posters de fútbol, mi cuadro del Rocío e impongo que la única música (por democracia numérica) va a ser el flamenco, los tanguillos y las sevillanas, incluyendo procesiones, romerías, manzanilla sanluqueña, jamón serrano y charcutería general, sin tener en conside ración sus gustos, cultura y creencias, y… que soy yo el que fue a su casa.
Pasando a la realidad tenemos que afirmar con rotundidad que quien venga a mi casa tiene que aceptar mi forma de disponerla. Puede compartir mi comida (si es de su gusto y costumbre) y aceptar mis adornos, pinturas y creencias, pero NO cambiármelas por las suyas. Yo respetaré sus “diferencias”, pero él debe acatar mis normas de convivencia, donde no se incluyen -entre otras cosas- estupefacientes o golpear y abusar de una mujer. Si no le parecen bien mis normas, lo mejor es que se vaya por donde vino.
Algunos de los nuestros no ven (o no quieren ver) que tenemos una seria amenaza a nuestra actual forma de vida que irá tomando cuerpo por la prolífica natalidad de ellos y nuestro “buenismo” suicida. Esa Cultura pervive parada desde nuestro Medievo y se encuentra a disposición de las ambiciones conquistadoras de los que manejan su religión sin permitirles tampoco ver que, si han dejado atrás los maravillosos países de sus ancestros, fue buscando una vida mejor en Europa (lejos de aquella opresión) y lo que van a conseguir, imponiendo aquí sus leyes y costumbres, es que el territorio conquistado se vuelva tan inhóspito como el que dejaron.
Finalmente, envío un saludo a los grupos de feministas y a los de la Liga de Homosexuales, Lesbianas, Transexuales… por lo calladitos que están dando la impresión de que no ven, tampoco, la amenaza que les supondrá la implantación de otras normativas (machistas y muy intolerantes), que los exterminarán a la primera de cambio, cargándose tantos años de lucha en Occidente por la Igualdad de la mujer y el espíritu de libertad individual.
José Antonio Rodríguez García
































Hermano Lobo | Martes, 08 de Octubre de 2024 a las 20:18:35 horas
Llevas razón, lo expresas con meridiana claridad, pero tengo la impresión de que estás predicando en el desierto.
Y encima te tratarán de xenófobo.
Saludos.
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