Perseguir un sueño (por José Luis González Alonso)
¿Cuántas veces has leído o escuchado la frase “si tienes un sueño, lucha por él”?
Detrás de estas palabras, que se promulgan como si de un eslogan publicitario se tratara, a veces nos encontramos con la incoherencia de que la sociedad que nos rodea acompaña esa afirmación con mensajes que pueden llevarnos a pensar todo lo contrario. Estamos popularizando un sentimiento de disfrutar el ahora frente al trabajar por un mañana, y cuestionándonos si merece la pena tanto esfuerzo cuando al final todo es cuestión de suerte. Nos inundan sensaciones de que todo depende del lugar donde vivas, de la clase social a la que pertenezcas o de los recursos económicos de tu familia. A los niños se les incita a practicar los deportes de mayor fama y, a los estudiantes, carreras con las mejores salidas profesionales; publicamos fotos de viajes, comidas y fiestas, pero pocas veces estudiando, entrenando o trabajando. Vemos como en alguna ocasión un deportista, cantante o científico alcanza cotas inimaginables y se nos muestra su recompensa por alcanzar esa cima, aunque pocas veces el camino recorrido, por lo que terminamos llegando a la conclusión de que todo es cuestión de suerte y para unos pocos afortunados.
Entonces, ¿merece o no la pena luchar y esforzarse por un sueño? Si le formulas esa pregunta a la ya famosa Inteligencia Artificial te dirá que sí, que perseguir tus sueños te dará un sentido de propósito, satisfacción personal y crecimiento. Aunque el camino pueda ser difícil, la dedicación y el esfuerzo pueden llevarte a logros significativos y a una vida más plena. E incluso si no alcanzas lo que te propones, el proceso mismo puede brindarte oportunidades inesperadas. Y, si parece tan obvio los beneficios de esforzarse por nuestros sueños, ¿por qué en muchas ocasiones esos que llamamos “soñadores” solo encuentran piedras y obstáculos en su camino en lugar de oportunidades y puertas abiertas? ¿Y si en el fondo, en lugar de soñadores nos prefieren consumidores?
Tal vez, uno de los inconvenientes para no pelear más por nuestros sueños es que solo vemos la estrella cuando brilla y la hemos ignorado mientras intentaba relucir a la luz del día. Y es entonces, al verla allí arriba, cuando pensamos que es imposible llegar a la cima.
Era nada más que un niño y ya buscaba “su sueño”. Se rodeaba de juegos, amigos y aficiones que le recordaban eso por lo que quería luchar. Desde un rincón de algún pueblo, fuera de privilegios y clases sociales, se puso a perseguir sin descanso su mayor deseo, construyendo grano a grano ese castillo de arena que muchas veces derrumbaba la marea. Han pasado muchos años y aún sigue en la tarea, grano a grano. Hace unos días, mientras oscurecía, de repente todo se apagaba. Al final de la luz de un foco, como aquella estrella, sobre un escenario aparecía, brillaba, mientras más de siete mil personas le aplaudían y coreaban su nombre. Enhorabuena.
Como escribió Anxo Pérez hace unos años, la pregunta no es “cómo de grandes son tus sueños”, sino “cuánto estás dispuesto a trabajar por alcanzarlos”.
José Luis González Alonso
































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