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Carlos Roque Sánchez
Sábado, 01 de Junio de 2024

Las turmas de “Tabarro”. Tauromaquia y Ciencia

[Img #224744]La corrida. Esta Opinión de hoy tiene su origen en la tercera corrida de toros de la pasada Feria de Abril de Sevilla y más en concreto en el excelente quinto, “Tabarro”, de 535 kg y desorejado por el matador David de Miranda; un burel que en opinión de algunos mereció ser indultado o, en la de casi toda la plaza, dar una vuelta al ruedo si bien no es menos cierto que se rajó al final de la lidia. De ahí que sin entrar en polémicas meritorias, no soy la persona más adecuada, como mucho un diletante de la cosa ésta, sí hay un aspecto relacionado con ella que me atrevo a comentarle, solo desde el punto de vista divulgativo taurómaco y científico. Obviando la importancia que para el ganadero como profesional tienen ambos reconocimientos: sin duda la vuelta al ruedo del toro durante el arrastre -pañuelo azul del presidente dadas las buenas condiciones de bravura y nobleza del astado para la lidia- es un buen premio a su labor como criador en el campo. Y por supuesto el indulto -pañuelo naranja presidencial que en léxico taurino significa el reconocimiento al animal en grado superlativo, pues se le perdona la vida y no se culmina el tercer tercio- por el que el matador amaga entrar a matar desarmado, salen los bueyes y el toro es devuelto a chiqueros.

 

Indulto e inseminación natural. Es lo que se ha merecido por su raza, casta, temperamento, bravura, trapío y juego en la arena, mantenidos además a lo largo de los tres tercios con el capote, el caballo, las banderillas y la muleta. En vez de darle muerte, el astado pasa a los corrales para ser sometido a las curas iniciales y, en cuanto es factible, ser devuelto al campo donde tras recuperarse del todo inicia una nueva vida como semental, dedicándose a la reproducción cubriendo vacas seleccionadas. Una función que deriva de la legislación española en materia taurina, según la cual el indulto debe favorecer ‘...el destino de la res como semental y de preservar en su máxima pureza la raza y casta’. Por lo que, para un ganadero, un indulto además del reconocimiento de su buen hacer profesional supone también un premio pues así podrá continuar con él, en vida, la mejora de la ganadería. De ahí que a estos profesionales, tras la lidia de un cornúpeta que ha estado a punto de conseguir el indulto pero por las circunstancias que sean no lo ha conseguido, se les escape, o al menos lo piensen, un “me hubiera encantado llevarme el toro a casa”. Y tanto.

 

Turmas. Sin embargo, no todo está perdido pues la legislación permite que se corten los testículos del animal en el patio del desolladero, y se los lleve el ganadero a fin de extraer de ellos pajuelas con las que inseminar artificialmente a las vacas. Una especie de nueva vida después de la muerte, que es lo que ocurrió en la plaza del Arenal sevillano el pasado 9 de abril cuando el criador jerezano Santiago Domecq pidió las turmas de “Tabarro” y, también, las del boyante sexto. Así es como se obtiene simiente de los mejores animales para poderla utilizar tanto a título particular, como para venderla a otros ganaderos, incluso del otro lado del charco allende los mares. Una forma artificial de que la genética de las buenas reses perdure en los encastes, de ahí que, aunque inicialmente piensen “me hubiera encantado llevarme el toro a casa” mientras lo arrastran, terminen con un “me conformaré con los testículos”. Un proceso que consta de varias fases.

 

Fases. La primera es la extracción de los mismos, se lleva a cabo en la plaza inmediatamente que el astado haya llegado al desolladero y exige tanto la petición del ganadero como las autorizaciones del delegado gubernativo y los veterinarios de servicio de la plaza. Unos testículos, cortados siempre con su piel, en cuyo interior se encuentran las turmas, glándulas reproductivas, que se guardan en una bolsa a fin de preservarlos de cualquier tipo de contaminación que se introduce en un contenedor de nitrógeno líquido, N2 (l); a una temperatura de - 270 ºC permanecen ahí tratados con sustancias químicas para su conservación, hasta que pasan a una clínica veterinaria. En esta segunda fase se disecciona el epidídimo de donde se extrae la reserva de espermatozoides, un semen muy concentrado, y tras analizar su calidad se diluye, estabiliza y deposita en pajuelas, microtubos de plástico con tapón de diferentes volúmenes (0,25 a 0,59 ml) que se congelan para su uso posterior por el ganadero.

 

Pajuelas e inseminación artificial. De un toro se pueden extraer entre 60 y 120 pajuelas cuyo precio depende de varios factores, pero que ya se imagina es alto y eso que no siempre el éxito está asegurado ni los resultados son tan buenos como los de una inseminación por monta natural. Lo que no impide que algunos ganaderos pretendan con ellas fijar en su vacada los principales caracteres del cornúpeta no indultado; se trata de una técnica relativamente novedosa y parece ser que fue el criador gaditano Álvaro Domecq y Díez uno de los primeros en utilizar esta fórmula reproductiva. Es la fase final y tiene lugar ya en el campo cuando el ganadero lo estima oportuno, ¡Ah!, la extracción y tratamiento post mortem de los testículos y el semen de “Tabarro” corrió a cargo del veterinario Manuel Ruiz 'Manili', sí, hijo del matador conocido como el ‘Tigre de Cantillana’. Ya ve.

 

CONTACTO: [email protected]

FUENTE: Enroque de ciencia

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