Semana Santa 2024, como la vida misma (por José Luis González Alonso)
Atrás queda una semana marcada por muchos en el calendario; vacaciones, descanso, viajes, tradición, devoción y pasión. Meses de preparativos, de ensayos, limpieza de enseres, túnicas planchadas, cera para fundirse, flores anunciando primavera, horarios, itinerarios, papeletas de sitio, todo organizado, impacientes esperando ese momento... y de repente, llega la lluvia, nada acontece como se esperaba, mientras todos se preguntan ¿por qué?
Nos hemos acostumbrado a una vida de causa y efecto, de acción y reacción, de querer y tener, sin a veces ser conscientes de que siempre hay una fuerza superior que puede marcar el siguiente paso de nuestro camino. Tal vez, algo que puede parecer tan simple como un cambio de planes por cuestiones meteorológicas, pueda convertirse hoy en un recordatorio de cómo debemos afrontar la vida misma.
Pasamos los días con un almanaque en las manos reservando y organizando todo aquello que queremos hacer, viviendo a veces demasiado deprisa para querer llegar a ese momento de tranquilidad, dejando para después pequeños instantes para buscar un momento de mayor satisfacción, planificando, posponiendo… y en esa pasión por querer llegar a ese mañana, olvidamos ese pasaje bíblico de San Mateo que decía “velad pues, porque no sabéis ni el día ni la hora”. Un cambio en el estado del tiempo, una llamada de última hora, una repentina enfermedad o simplemente una visita inesperada; pensémoslo, nunca sabemos qué estaremos haciendo en unos minutos u horas. ¿Significa esto que debemos vivir como si no existiera un mañana? Para nada, en absoluto, sería una irresponsabilidad vivir sin esperanza, pero debemos hacerlo siendo siempre conscientes de que nunca podremos controlar aquello que pasará mañana. Pasarse la vida con la vista puesta en el destino en lugar de hacerlo en el camino sería tan iluso como imaginar que algún día conquistaremos el Sol.
Dice el escritor Robin Sharma en unos de sus libros, que una de las cosas más trágicas de la naturaleza humana es que tendemos a posponer la vida. Soñamos con algún mágico jardín de rosas en el horizonte, en vez de disfrutar de las rosas que florecen hoy delante de nuestra ventana. Por ello, atrás debe quedar aquello que no salió como se esperaba y, aunque viviendo cada uno con la fe puesta en su Dios, el Sol o simplemente en la esperanza, disfrutemos desde hoy de la vida a imagen de una nueva Semana Santa; de cada puesta de flor, de cada ensayo, de una vela encendida o de esa lágrima derramada. Y así, cuando llegue el momento de disfrutar de esa ansiada semana, sea lo que fuere que el destino nos reservara, estaremos listos para afrontarlo con la mejor de nuestras sonrisas. Porque solo tenemos un hoy y no sabemos cuántos mañanas.
José Luis González Alonso
































Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.31