Contra el Perroflautismo
El idioma de los progretis (o cómo no decir nada pareciendo que se dice algo)
por Balsa Cirrito
A finales del siglo XIX Menéndez Pelayo se cachondeaba con mucha gracia de los krausistas por su empeño en hablar y escribir con un lenguaje rebuscado, difícil de entender para los no iniciados. Los krausistas utilizaban casi una lengua alternativa, un casi idioma solo apto para ellos y que utilizaban como medio de reconocerse los unos a los otros y como medio de separarse de la multitud, de aquellos que no estaban en posesión de la verdad.
Bien. Menciono esto porque actualmente tenemos nuestros propios krausistas, y aunque yo no tenga las barbas de Menéndez Pelayo, intentaré propinarle algunas caricias a nuestros modernos pervertidores del idioma. Y no teman, no me voy a referir al desternillante lenguaje inclusivo, que de eso no hace falta ni burlarse, sino que voy a echar una ojeada más general al fascinante mundo del lenguaje progresista-podemita-sumariano-maspaisisita. Lo que podríamos llamar idioma progreti. ¿Me siguen?
La primera norma de este idioma es la de no hablar normal. Quiero decir, que, cuando se expresan, los progretis no deben parecer que utilizan una lengua de andar por casa. Recuerdo hace años haberle dedicado un artículo al Kichi de Cádiz por uno de sus primeros comunicados activistas siendo alcalde. Hablaba de una familia desahuciada a la que había que buscar “alternativa habitacional”, Fíjense, no decía “buscarle otra casa”, porque eso lo hace hasta uno del PP, sino “alternativa habitacional”, que es una frase que nunca nadie ha utilizado antes de fumarse su primer canuto y que parece más difícil de lograr, porque una casa la encuentra cualquiera, pero una “alternativa habitacional” tiene más mérito, dónde va a parar.
Ligada a la norma anterior está la ley del “que no me entiendan demasiado que igual se enteran de lo que digo”. Esto es, hablar y escribir de forma confusa, de manera que lo expresado pueda significar no solo esto, sino también lo de más allá e, incluso, lo de mucho más allá. La principal ventaja es que de esta forma puedo soltar simplezas como castillos y parecer que cito a Tomas Mann. A poco que lo pensemos observaremos que se trata de algo muy útil, puesto que, siendo tal vez unos capullos, nos puede hacer aparecer como seres inteligentes y preparados. La mejor manera de lograr esto es la de no poner puntos cuando se escribe, o sea, largar frases de catorce líneas donde las sentencias se amontonen las unas sobre las otras y el lector no sepa si está en su casa o en un concurso presentado por Inés Hernand.
Aunque para ello es necesario, y con esto alcanzamos una nueva norma, es necesario, digo, utilizar un vocabulario solo usado por los progretis. Está la palabra ciudadanía, que es el santo y seña de la secta. Pero observen cómo hay una serie de términos que no pueden faltar dentro del discurso del buen progreti. El primero es, por supuesto, empoderada. Palabra que hace quince años no se utilizaba pero que ahora viene a ser la clave que abre las puertas del saber. Por supuesto, debe ir acompañada de inclusivo. Cuando algo no se puede considerar inclusivo más vale olvidarlo, ¿entiendessss? Otro término indispensable es sostenible, que puede (y debe) estar seguido de transversalidad y de resiliencia. Si una cosa no es sostenible, inclusiva y no fomenta la resiliencia es que, con perdón, importa una mierda. Pero todo esto son adjetivos y sustantivos, ¿acaso no hay verbos en el idioma progreti? ¿Eh? Sí que los hay, pero solo uno, el verbo implementar. Implementar es un verbo con un significado tan vago que sirve de puta madre para el objetivo progreti de no decir gran cosa y parecer que has inventado la Nutella, aunque si el hablante en cuestión se siente muy inspirado también puede utilizar el verbo vehicular, que es un verbo que significa otro carajo pero que te hace quedar como si fueras Greta Thurnberg.
Hay muchas más leyes lingüísticas progretis, pero no me quiero extender, así que vayamos a la última que las resume todas. El objetivo final de cada uno de los que utilizan el idioma progreti es el de servirse de un código para reconocerse entre ellos, con lo cual pueden ayudarse mutuamente (condición necesaria de todas las sectas) y, a la vez, sentirse superiores, creerse que están en posesión de una verdad que los no progretis no logran alcanzar. Es curioso, pero no muy diferente era el objetivo de la Iglesia en otras épocas al hablar en latín (aunque, por lo menos, hablar latín tiene mérito y necesita estudios profundos), esto es, alejarse de los no iniciados, considerarse los elegidos, los iluminados por el espíritu santo que, seguramente, para los progretis debe de ser un ectoplasma de Noam Chomsky.
Y dicho sea todo esto, faltaría más, desde el respeto y la tolerancia.



































Farrukito | Miércoles, 03 de Abril de 2024 a las 10:22:16 horas
Me descojono, porque Forel ha ido a criticar el artículo utilizando "ad verecumdia", entre otras palabrotas en latín.
Yo soy de ciencias, generalmente, la mayoría tampoco me entiende cuando hablo.
Anyways ¿puedo sumarme al club de progretis si presto para discursos palabras como desoxirribonucléico, desmetilación de histonas o Saccharomyces cerevisiae (PD: no logro poner en cursiva este último nombre).
Cura ut valeas; in proximum (en mis tiempos, los de ciencias también aprendimos algo de latín)
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