La felicidad de nuestros jóvenes (por José Luis González Alonso)
Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Felicidad, el pasado 20 de marzo, tras una encuesta realizada en más de 140 países y bajo la organización de entidades como Oxford y la ONU, se publicaba el “Informe Mundial de la Felicidad 2024”. En dicho informe, además del ranking mundial de países en términos de felicidad, (en el que España ha descendido del puesto 24º al 36º), se publicaban los resultados de la encuesta tras analizar la felicidad en las diferentes etapas de la vida, presentándonos un titular tan preocupante como que nuestros jóvenes son cada vez menos felices.
Según se recoge en el informe, la felicidad en el grupo de personas comprendida entre los 15 y 24 años, ha bajado de forma significativa tanto en América del Norte como en Europa Occidental, hasta tal punto que podemos decir que los jóvenes de hoy son menos felices que sus mayores. ¿Es normal que los adolescentes sean menos felices que sus propios padres?
Si entramos en la comparación de resultados entre las distintas generaciones, las personas nacidas antes de 1965, conocidos como Baby Boomers, son más felices que la generación Z. Es como si al descender por los escalones de las distintas generaciones, Boomers, generación X (1965-1980), Millennials (1981-1996) y generación Z (1997-2012), se fuera reduciendo la sensación de felicidad, o como si esa misión que siempre han buscado los padres de hacer felices a sus hijos se estuviera viendo frustrada. ¿Qué estamos haciendo mal?
Probablemente, uno de los principales motivos es que los padres queremos mirar por los ojos de nuestros hijos, pero no oír lo que dicen sus palabras. Las conclusiones que surgen en conversaciones entre adultos siempre son similares: que lo tienen todo, que no valoran nada, que son egoístas y que buscan la ley del mínimo esfuerzo. Pero, ¿quiénes estamos marcando eso que denominamos “tener todo” y “esfuerzo”, nosotros o ellos?
Resulta que esos jóvenes a los que consideramos enganchados a la tecnología, son los mismos niños que sentábamos delante de una pantalla para tener un rato de tranquilidad, y a los que hoy les pedimos con una mano que dejen su dispositivo móvil mientras con la otra sujetamos el nuestro. Son esos que llevan en su bolsillo una inmensa enciclopedia y les pedimos que estudien con las mismas técnicas que aquellos que se pasaban horas buscando información en una biblioteca. Son esos alumnos a los que les exigimos respetar a sus profesores mientras los criticamos en su presencia, y son esos jóvenes que observan a unos adultos que presumen de crear unas leyes que luego ellos mismos incumplen.
La Real Academia de la Lengua Española define felicidad como “estado de grata satisfacción espiritual y física”. Por tanto, si queremos aumentar la felicidad de nuestros jóvenes, debemos preguntarnos qué buscan en la vida para sentirse satisfechos. Por enumerar algunas de sus preocupaciones, nuestros jóvenes reclaman una renovación integral en el sistema educativo que se adapte a los recursos actuales y los oriente a los desafíos del futuro. En segundo lugar, no comparten nuestro modelo laboral. Han visto como sus padres trabajan doce horas para descansar un día a la semana y once meses al año para disfrutar de unos días de vacaciones; ellos quieren compaginar trabajo y productividad con descanso y tiempo libre. También les preocupa e inquieta el ahorro junto a una previsión financiera de futuro, y solo observan un país cada vez más endeudado donde las familias compran hoy todo eso que pagarán mañana. Y, por último, quieren disfrutar de la familia, de los amigos y de la naturaleza.
Durante un encuentro juvenil en el verano de 2022, el Papa Francisco dijo que el futuro pertenece a los jóvenes porque poseen dos cualidades: “alas y raíces”. Alas para volar, soñar y crear; y raíces para absorber de los mayores la sabiduría que ellos pueden ofrecerles. Seamos pues esa savia que nuestros jóvenes necesitan para que conviertan su vida en un hermoso jardín de alegría; será entonces, y solo entonces, cuando sus generaciones mayores encuentren eso que creían tener, la verdadera felicidad
José Luis González Alonso
































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