Quantcast
Redacción
Domingo, 10 de Marzo de 2024

Eso que llamamos tiempo (por José Luis González)

Aquel hombre me contaba que su jornada de trabajo en el campo empezaba de madrugada, antes incluso de amanecer, descansando para comer y terminando con la puesta de sol. Era entonces cuando montaba en su caballo y, tras casi una hora de camino, llegaba al pueblo, ya muy entrada la noche, para ver a su prometida. Media hora más tarde, iniciaba su camino de vuelta hacia su rancho, para dormir y afrontar un nuevo día. ¿Os imagináis, en esta era de la tecnología, a alguien haciendo eso? Seguro que no. Pero, ¿por tener mejores medios o por falta de tiempo?

 

Tal vez pueda parecernos una situación un tanto lejana. Avancemos un poco y quizás el lector pueda recordar a esos niños que iban a la escuela en dos turnos, por la mañana y por la tarde. A su salida, disfrutaban de una buena merienda, hacían sus deberes y muchos jugueteaban por las calles y parques de su barrio o incluso asistían a alguna actividad extra escolar. ¿Sería hoy posible o no tendríamos tiempo?

 

 Es curioso, como en plena revolución tecnológica, en la que con un clic enviamos una foto, un texto o incluso dinero a cualquier lugar del mundo, tenemos la sensación de que nuestros días han perdido número de horas. Fue Hiparco, un astrónomo, geógrafo y matemático griego que vivió en el siglo II antes de Cristo, a quién se le atribuye la división del día en 24 horas de igual duración. Desde entonces, nuestros días mantienen el mismo número de horas. ¿Qué ha pasado con el tiempo que se escurre más rápido que nunca? ¿quién nos lo está robando?

 

Miramos a la puerta de un colegio y vemos niños con sus padres a paso ligero porque acaba de sonar la campana sin haber entrado; personas en la caja de un supermercado resoplando porque la persona que le precede se retrasa en pagar; mensajes de audio que aceleramos para poder terminarlos de escuchar; y necesitamos alimentos precocinados para tener tiempo de almorzar. ¿Por qué estamos siempre tan apresurados? Dice Juanma Quelle en su libro “En menos de cien palabras” (Ed. Amat) que la falta de tiempo es una nueva forma de pobreza, es el nuevo recurso que todos los poderes ansían, un recurso finito como el agua o el petróleo. Da igual al lugar del mundo al que dirija la mirada, la pobreza de tiempo nos está afectando a todos.

 

Hemos hecho de la prisa una forma de vida, necesitando que todo sea inmediato, urgente, que todo vaya más rápido y, sin embargo, cada vez decimos tener menos tiempo. Nos hemos montado en esa rueda de hámster en la que corremos para hacerla girar más rápido sin darnos cuenta que más nos hace correr. Y, junto a nosotros, hacer que corran todos los que están a nuestro alrededor. Quizás sea momento de controlar el ritmo de nuestras vidas, de parar, de mirar a nuestro alrededor y de comprender que no pasa nada por estar un instante sin hacer nada, por hacer menos o por ir más lentos en lo que hacemos. Quizás sea momento de entender que la vida no consiste en hacer más cosas sino hacer aquellas cosas que realmente queremos hacer.

 

Como escribió Stephan Covey, “lo más importante es que lo más importante sea lo más importante”. Todo lo demás puede y debe esperar. Quién sabe, quizás aquel hombre que trasnochaba con su caballo, tenía el mismo tiempo que tenemos nosotros; pero lo empleó solo en hacer aquello que siempre quiso hacer, porque para él era lo más importante.

 

José Luis González

Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia
CAPTCHA

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.31

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.