¿Pulso del campo? (por José Luis González Alonso)
Aún no ha amanecido y el primer mensaje que me llega tras sus correspondientes “buenos días” es la imagen de un tractor con las banderas de Andalucía y España partiendo hacia una manifestación. El remitente es un agricultor que, madrugando incluso más que el resto de sus días, cambia su jornada de trabajo en el campo para acompañar a otros compañeros del gremio en una reivindicación que se expande por todo el país y parte de Europa. Arrancan los primeros informativos de la mañana y, en muchos de los titulares que rotulan esta noticia, puede leerse “El pulso del campo”. Y es aquí donde nace ese interrogante que da título a este artículo, ¿de verdad pensamos que el campo ha decidido echar un pulso? ¿no será que los que vienen soportando el pulso de una sociedad que ha mirado hacia otro lado son esos agricultores que ahora solo buscan no perderlo todo?
Necesitaríamos cientos de páginas y de informes para desarrollar qué ha ocurrido durante las pasadas décadas para llegar a este punto en el que nuestro sector primario, denominado así por ser la base de nuestra economía, se lanza a la calle al grito de “basta ya”. Pero una de las principales cuestiones y motivos de haber llegado hasta aquí es que no hemos sabido dar respuesta a la principal pregunta que desde todos los organismos y estamentos, empresas y familias, deberíamos estar formulándonos: ¿conocemos al campo? No parecería lógico que, sin tener un amplio conocimiento sobre unas actividades tan importantes para una población como son la agricultura y la pesca, hubiésemos cometido la osadía de opinar, escribir o incluso legislar. Porque de haber sido así, de haber creado opiniones, informes, procedimientos y leyes sin un conocimiento pleno de esa actividad o sin haber contado con la colaboración de los agentes del sector, estaríamos en la raíz del problema y tendríamos que deshacer mucho de lo ya escrito para andar de nuevo el camino, esta vez por el sendero correcto.
A nuestra sociedad le falta “cultura de campo”. Desde el niño que comienza sus clases en un colegio, pasando por las familias, empresas, instituciones y gobernantes, sea cual fuere su color político, deberían tener un mínimo conocimiento de cómo se produce eso con lo que cada día nos alimentamos. Y tal vez así, conociendo la actividad y su funcionamiento, entre todos, evitaríamos que se debilite la base de una sociedad y los cimientos de una economía. El ser humano tiene la capacidad de adaptarse a cualquier tipo de cambio, ya sean climatológicos, industriales o tecnológicos, pero a lo que nunca va a conseguir adaptarse es a vivir sin alimentos. Y si la actividad que provee esos alimentos se agota y los profesionales del sector bajan sus brazos, el suministro se resentirá y las consecuencias pueden ser impredecibles.
Se publicaba hace unos meses el libro titulado “La venganza del campo” (D. Manuel Pimentel, Ed. Almuzara) en el que el autor formula la pregunta de por qué el sector primario es pisoteado y perseguido por la misma sociedad a la que da de comer, y en sus reflexiones, que viene realizando desde hace años, resalta la urgente necesidad de establecer una estrategia alimentaria antes de que sea demasiado tarde.
Es momento de apoyar y respaldar a todos esos agricultores que hoy salen a la calle, especialmente a esos que representan las explotaciones minoritarias y que son los grandes productores de alimentos de nuestro país. Esperemos que estas reivindicaciones solo sean un aviso que nos hagan reaccionar a nivel de sociedad y no sigamos mirando para otro lado pensando que el campo solo quiere echarnos un pulso, porque entonces esa venganza del campo en forma de escasez la tendremos a la vuelta de la esquina.
José Luis González Alonso
































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