Contra el Perroflautismo
Hasta la pizza y más allá
por Balsa Cirrito
Hace unos años, el desaparecido Pepe Ramos publicó un interesantísimo recetario de cocina roteña. Desgraciadamente, lo presté a alguien que no me lo devolvió, y luego me dio pereza adquirir otro ejemplar. Pero recuerdo que había muchas recetas nativas, y que la gastronomía local era más extensa que los habituales platos de berza, arranque y urta. Recuerdo que venían varias preparaciones con pollos ingleses, al parecer, tradición local, y una, al menos para mí, extravagante tortilla de pan y ajo, que parecía una pieza de resistencia creada en años en los que la gente trataba sobre todo de llenar la barriga porque no existía la seguridad de volverla a llenar el día siguiente. A menudo, cuando veo fotos antiguas de nuestra ciudad, me fijo en los rostros de las personas, y tengo la sensación de que todos eran de la misma familia. La razón no es que existiera una endogamia compulsiva, sino que como todas las caras eran de gente hambrienta, con los pómulos afilados y los ojos hundidos en la calavera, se daban un aire de consanguineidad. Pero no quiero divagar. Hablaba de las muchas recetas antiguas de Rota. Aunque no sé qué voy a decir, porque todo eso se ha ido a tomar por saco.
Al día de hoy, la gastronomía no es precisamente una virtud fundamental de nuestra ciudad. En Rota casi solo existe un plato, que es la pizza. Y, encima de todo, como medio italiano que soy, yo diría que es una pizza terrible, donde cuesta trabajo diferenciar la masa del cartón que la envuelve. Esa omnipresente pizza (en algún lugar he leído que Rota es la población española con mayor densidad de pizzerías por habitante), omnipresente pizza, digo, se ha cargado todos los bares de tapas, que es lo que nos definía gastronómicamente. Es difícil encontrar en nuestra ciudad algo antaño tan habitual como el menudo andaluz, e imposible toparse con preparaciones otrora tan populares como la sangre encebollada o con tomate, o los huevos a la flamenca. Las únicas preparaciones tradicionales que parecen defenderse son la ensaladilla (a menudo temible), y los caracoles, estos últimos, por fortuna, generalmente afortunados.
Y viene todo esto a cuento de la Ruta de las tapas de cuchara de Rota, una iniciativa que me parece súper chula y que desgraciadamente no ha sido demasiado seguida por los bares roteños, ni por el público. Solo once bares se han adherido, y entre el sábado y domingo pasado, con mucho disfrute, me recorrí más de la mitad. Lo triste era el escaso seguimiento de nuestros paisanos. En un establecimiento donde servían unos más que agradables menudillos de pollo, tapa que se ve poco en nuestros días, me encontré prácticamente solo; en otro, donde ponían un guiso de calabaza, morcilla y judías, casi lo mismo, en el otro de más allá, igual…
Lo que me encoquina es que si la propuesta hubiera sido Ruta de las pizzerías roteñas, con la promesa de estrenar nuevos sabores (es un decir) para las rotipizzas, la ruta habría estado de bote en bote. La rotipizza, que no es italiana, sino una derivación poco afortunada de la pizza americana, parece haber destruido los paladares roteños, y, encima, también parece haber otorgado a muchos roteños cierto afán nacionalista. Cada vez que digo en una reunión lo que pienso de la pizza roteña casi creo que me juego la vida.
Pero, en fin, lo que quería decir. La Ruta de la tapa de cuchara estará funcionando hasta finales de este mes. Apoyémosla, caramba; comamos callos, menudo de chocos y alboronía. Adecentemos nuestro paladar. Los espíritus de miles de mayetos nos lo agradecerán desde el más allá.

































Perro flaco | Jueves, 16 de Noviembre de 2023 a las 10:47:09 horas
Totalmente de acuerdo con su columna.
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