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Redacción 1
Viernes, 21 de Octubre de 2022

Una nueva vida (VII) (por Ángela Ortiz Andrade)

La llamada telefónica desde el club sorprendió a Rita, las chicas encontraron su puerta forzada, habían robado todas las botellas de licor más caras y las más baratas las habían hecho estallar lanzándolas contra las paredes y ventanas. Los ataques se sucedían cada vez más a menudo y eso comenzó a desesperarlas. Las chicas habían acordado ir a trabajar en grupo, nunca solas, porque a una de ellas le había ocurrido lo mismo que a Rita la primera noche que la asaltaron, las amenazas se estaban cumpliendo para la  desgracia de todas.

  

Las socias acudieron apresuradamente para comprobar el alcance de los destrozos y ayudar a adecentar el local. Esa noche no podrían abrir sus puertas y esta no había sido la primera vez que se veían obligadas a tomar esta decisión, la situación era muy seria y preocupante.

 

    Una y Rita se reunieron en su reservado para hablar sobre el asunto:

   -“Esto no puede seguir así, tenemos que actuar de alguna manera y rápido”- dijo Rita.

   -“Sí, ya lo sé. Pero yo no pienso cerrar, no vamos a tirar por la borda todos nuestros esfuerzos  y el de nuestras trabajadoras. Tenemos que encontrar una alternativa”.

 

   Se sumaron a las demás para recoger y limpiar todo los destrozos, las tranquilizaron a todas diciéndoles que iban a pensar en una solución para que pudieran trabajar seguras y en paz. 

 

                                              *******************************************

 

   Paulina terminó de recoger cuidadosamente la cocina y se dispuso a quitarse el uniforme de asistenta que Blanca le obligaba a vestir durante su jornada laboral para regresar a casa, le gustaba pasear despacio aprovechando el sol de la tarde, le resultaba delicioso sentirlo sutil y delicado sobre el rostro, ella decía que eso era la mejor de las recompensas a un día de trabajo; por algunas zonas el ambiente venía cargado de aroma a café; el alboroto de los gorriones perturbaban el sosiego de los árboles. Estaba feliz porque vivía tranquila y además podía cuidar de tres niños (dos durante el día y un tercero a lo largo de la tarde-noche) que eran su debilidad; siempre quiso ser madre, pero no le fue posible, su marido le repetía una y otra vez: “eres tan inútil que ni siquiera sirves para traer hijos al mundo”. Pues allí estaba ella, saliendo adelante con la frente alta y  dos hogares en donde la  apreciaban y la querían.  

  

Ensimismada en la lista de ingredientes que necesitaba para el menú que cocinaría al día siguiente, Paulina abrió la puerta de su casa. En ese instante  alguien la empujó con fuerza hacia adentro tirándola de bruces sobre el piso; ella se dio la vuelta y el que la empujó se le subió a horcajadas encima del pecho inmovilizándola, le pegaba gritando “¡zorra! ¿Te creías que no te iba a encontrar? Pues aquí me tienes, qué lástima que no te maté en la última paliza porque era lo que te merecías ¡Estúpida!” Le apretaba el cuello cada vez con más fuerza y Paulina no podía respirar, se le iba la vida en cada suspiro. Tenía la sensación de que los ojos se le inflamaban  y que no cabían en sus órbitas, estaba a punto de perder la consciencia. De repente un hombre desnudo salió a toda prisa de la habitación de Una, se abalanzó contra el atacante y ambos se enzarzaron en una pelea. Paulina miraba conmocionada cómo un desconocido la defendía de su agresor y cómo agarraba un pisapapeles para golpear al otro en la cabeza varias veces. El atacante de Paulina cayó inerte sobre el suelo. Su salvador se acercó a ella para comprobar su estado y ayudarla a incorporarse. Paulina lo observó detenidamente y dijo incrédula:

 

    -“¿Una?

   -“Sí reina, soy yo. ¿Quién es este tío?”, preguntó Una señalando el cadáver.

   -“Mi marido”

 

   Una volvió de su habitación bien recompuesta y con su bata larga de plumas,  ambas se dirigieron a la cocina y Paulina preparó una infusión. Desde esa situación  podían ver el cuerpo que yacía en el salón, confesó que se fue  de su pueblo porque su marido la maltrataba y que la noche de la última paliza escapó aprovechando que estaba borracho y dormía -“Llegué aquí buscando una nueva vida lejos de él”.

 

   -“Pues este ya no te va a molestar más, hala”, contestó.

   - “¿Qué vamos a hacer ahora?”, preguntó Pau angustiada.

 

   Una pensaba en silencio con la mirada perdida mientras sorbía su tila. Cuando terminó, se puso de pie con decisión. -“Tengo un plan”- dijo.

 

   Metieron el cuerpo en la bañera y lo cubrieron por completo con todo el hielo que consiguieron por los alrededores. Llamaron a un cliente del club y le pidieron  prestada una furgoneta para transportar unos muebles, allí iría el cuerpo envuelto en una alfombra. Esa noche las chicas llevaron el cadáver hasta su local y reunieron a las demás para explicárselo todo y solicitarles colaboración, el engranaje se puso en marcha.

 

   Al día siguiente telefonearon a los matones:

 

    -“Hola idiota, soy Una. Tengo una propuesta para vuestro jefe, así que ponedme con él, queremos acabar con este asunto de inmediato”. El esbirro alargó el teléfono a su jefe.

   -“¿Os dais ya por vencidas o aún no habéis tenido suficiente? Porque podemos seguir”, dijo el jefe.

 

   -“No vamos a cerrar nuestro local, pero te ofrecemos un acuerdo económico: estamos dispuestas a entregarte un porcentaje de nuestros beneficios cada mes, hagámoslo cuanto antes para que no se nos acumulen los pagos”, respondió Una.

   -“Esta noche os mando al club a mis hombres”.

   -“De eso nada, si quieres el dinero tienes que venir tú personalmente, no nos fiamos de tus gorilas y tú tampoco deberías confiar en gentuza como esa".

 

   Una tuvo que separar el auricular del oído mientras su interlocutor emitía una sonora risotada.

 

   -“Está bien, iré a haceros una visita esta noche”.

 

   Las chicas estaban todas en guardia. Vigilaban los coches que se aproximaban hasta que el que esperaban apareció:

   -“Ese es, pero viene con un chófer”- “Tranquilas, nosotras nos ocupamos”.

 

     Esperaron a que el jefe se bajara y entrara en el club. Allí le dieron la bienvenida y le indicaron el camino hacia el despacho de las socias; mientras, dos de ellas se acercaron hasta el coche para convencer al chófer de que se tomara una copa dentro. Lo consiguieron y así otras pudieron introducir el cadáver en el maletero junto con  una buena  cantidad de cocaína para agravar la situación. Se dedicaron luego a llamar a la Guardia Civil de todos los municipios de la zona denunciando que un traficante de drogas  había asesinado a un hombre y que lo transportaba en un coche detallando modelo, color y matrícula.

   

El jefe salió del despacho y le hizo una señal a su chófer para ponerse en marcha. Una vez dentro del vehículo, sacó un sobre que contenía una suma importante de dinero y echándole un vistazo satisfecho, ordenó regresar al pueblo para recoger a su novia antes de alejarse. Blanca lo estaba esperando en un punto determinado, habían acordado que ese sería el día en el que ella lo dejaría todo por él, como tantos meses llevaban planeando. “No tienes que preparar equipaje, mi amor, podrás comprarte todo lo que se te antoje cuando estemos en la ciudad”, le había señalado Jorge para contentarla.

 

      Un dispositivo de la Benemérita los detuvo en un control de carreta. El chófer se puso nervioso y disparó un arma que sacó de la guantera para escapar ante el estupor de Blanca que no entendía nada.  Jorge y su chófer murieron en el tiroteo.

 

      Con motivo del cumpleaños de Blanca, Beltrán le llevó a la cárcel a sus hijos.  Después de casi un año sin verlos, ese fue el mejor regalo que podrían hacerle, pensó. Fue un encuentro que la hizo muy feliz.

 

   Al final de la visita, ella se dio prisa en llegar hasta la ventana de su celda para verlos salir del edificio. Una mujer muy guapa y elegante los esperaba en la entrada, los niños corrieron hacia ella para agarrarse de cada mano y Beltrán la besó efusivamente, estaba embarazada. Se fijó bien en ella y se  sorprendió cuando vio que  era Paulina.               

                                                                                      FIN

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  • MANUEL

    MANUEL | Viernes, 21 de Octubre de 2022 a las 13:10:35 horas

    Gracias, Ángela, por regalarnos tu talento como escritora. Los tengo todos guardados para releerlos.

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