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Redacción
Domingo, 16 de Octubre de 2022

Una nueva vida (VI) (por Ángela Ortiz Andrade)

El grupo de chicas de la Logia por fin estaba en el hotel. Ocho mujeres con muchas ganas de escapar de la rutina y de pasarlo bien, habían escogido una de las habitaciones como “centro de operaciones” en donde se terminarían de preparar antes de salir a darlo todo. Algunas estaban en el baño por aquello de que allí la iluminación era idónea para el asunto del maquillaje, depilación de vellos indiscretos, manicura y demás; otras se repartían por el dormitorio mientras se acababan de vestir. Las copas y los ceniceros se apostaban en puntos estratégicos alejados de accidentes incómodos, como quemaduras o derramamientos; sería catastrófico que uno de los modelitos que cada una de ellas había escogido cuidadosamente para esas dos noches de farra se estropeara.

 

Blanca estaba preparada desde hacía tiempo y fumaba sentada en el borde de una de las camas con el cigarrillo en una mano y el cenicero en la otra; sonreía con las conversaciones de sus amigas.

 

     Caye: -“Joder, chica, ¿en qué año te compraste el vestido, en el de tu comunión? No hay quien te suba la cremallera ¡mete la barriga, mujer!”

     Laura: -“Es que últimamente estoy reteniendo líquidos”

      Caye:-“¿Reteniendo líquidos? Tú eres la responsable de la desertificación de Almería, jodida ¡mete esa tripa te digo!”

      Leli:-“Chicas ¿me pongo la faja debajo del traje? Es muy estrecho y quiero disimular volumen”

      Carmina:-“Hija mía, como te la pongas olvídate de una noche loca, porque se te  va a quedar dormido el maromo mientras espera a que te quites eso”

      Leli:-“Tienes razón, es verdad. A la mierda la faja, yo esta noche me lío sí o sí. Mi marido me tiene a dos velas y hoy me voy a dar una alegría”

      Carmina:-“¿Qué te tiene a dos velas con lo mona que eres?, no lo entiendo”

      Leli:-“Pues eso  chica. Al principio me sentía con la autoestima por los suelos,  como si fuera  basura y lloraba mucho. Luego me di cuenta de que el problema no era yo, sino él. Me fijaba en  las otras más feas y sin encanto que iban tan contentas con hombres estupendos al  lado y me decía a mí misma -¿que a esta tía  la tengan bien servida y mi marido a mí me condene a  la inanición?- pues a la porra; ahora llevo una dieta muy variada y  rica en nutrientes”

        Carmina:-“Jajajajaj, pues hala chica, hártate y no mires las calorías. Eso sí, cuidadito con quedarte embarazada, porque tu marido te echa a los leones”

   Leli:-“Pero chica, ¿aún no sabes que hay unas pastillas para eso? Las americanas las toman y yo las compro de contrabando y así hago lo que me da la gana sin miedos”

   Carmina:-“Muy interesante, cuando lleguemos a casa, hablamos y me cuentas. Ya tengo tres hijos y no quiero ni uno más, para mí es suficiente”

 

   Blanca no paraba de reír, estaba perfecta como de costumbre y sus amigas la veían como una mujer con mucho estilo y muy, muy chic, así que todas pretendían adquirir de alguna manera esas cualidades; cuidaban cada vez más su apariencia y reclamaban su consejo cuando iban a comprar ropa y complementos, aunque no querían que se les notara, la envidiaban en silencio.

 

   Una vez preparadas, salieron a cenar algo ligero y se dirigieron al lugar de moda de Sevilla con el firme  propósito de “quemar la noche”.

 

    Tan chic y moderna como era ella, nunca había estado  en aquella boîte, así que entró mirando hacia todas partes maravillada; era un lugar fantástico en donde se mezclaba la buena música, las últimas tendencias y el famoseo. Nada  más acceder al local, cuatro de las chicas gritaron  y corrieron hacia la pista de baile al ritmo de la canción de moda que sonaba en ese instante. Las otras fueron a pedir una copa y una de ellas se paró en mitad del recorrido a saludar efusivamente a un supuesto buen amigo que le salió al paso.

 

     -“¿Quién es el que se ha topado con Laura? ¡Qué casualidad!”- Dijo Blanca.

     -“De casualidad nada de nada. Estos ya habían quedado con antelación, Laura lo avisa cada vez que venimos de juerga, pero para no hacer el encuentro tan descarado, pues hacen este paripé”.

 

     Blanca le dio un sorbo a la copa, abrió su clutch para coger un cigarro y cuando iba a buscar el encendedor, alguien le ofrecía fuego desde el suyo. Acercó el pitillo a la lumbre y levantó la mirada; el dueño del  mechero era un hombre muy atractivo. Le sonrió dándole las gracias.

 

   -“Faltaría más, me llamo Jorge ¿y tú?

   -“Yo soy Blanca, encantada” Contestó expulsando una bocanada de humo.

 

  A lo largo de la noche las chicas iban y venían desde la pista de baile a reponer líquidos al trocito de barra que habían conquistado e iban custodiando por turnos. Leli y Laura habían salido de allí acompañadas. Otras dos lo daban todo en la pista; aunque no llevaran el ritmo, de allí no las movía nadie; el resto permanecía junto a la barra y de cuando en cuando se iban a echar un baile. Hacía muchísimo que de Blanca no se sabía nada, la última vez que la vieron se dirigía de la mano de un hombre muy guapo hacia un reservado, justo detrás de ellos iba un camarero con una botella de Dom Perignon y un par de copas.

 

   Dos días después, antes de facturar en el hotel, el teléfono de una de las habitaciones de las chicas sonó, era Blanca. -“Marchaos tranquilas para el balneario. Yo os iré allí al encuentro, estoy bien; ya os contaré los detalles, pero he conocido a alguien que me tiene loquita”- dijo y colgó.

 

   Estaba disfrutando de una especie de “luna de miel” junto a Jorge. Desde que se encontraron en la boîte, no se habían separado. Cada lugar, cada situación era una gratísima sorpresa, porque todo, absolutamente todo, estaba envuelto en lo que más le gustaba a ella: el lujo desmedido. Jorge la trataba como si hubiera encontrado a la mujer de su vida y no sabía cómo agasajarla para hacerla feliz, cosa que a ella la excitaba de una manera lasciva; así que no hubo lugar en donde no tuvieron sexo. Acababa de presentarse el hombre de sus sueños, nada más ni nada menos que un financiero de éxito que la encandiló, no porque fuera muy guapo (que lo era), ni porque fuese muy cariñoso (que también), eso era lo de menos; a Blanca lo que la enamoró hasta las trancas de él era que tenía mucho, muchísimo más dinero que su marido y podría nadar en la opulencia extrema. Ya se imaginaba bajando de un avión en París, envuelta en pieles para asistir a la Semana de la Moda, o en la Rue de la Paix entrando en  la  joyería Cartier.

 

     “El mejor de los trajes puede arruinarse por una mala elección de la corbata, un buen complemento es la pieza clave para el éxito del aspecto de una persona”. Exactamente eso fue lo que pensó Jorge cuando vio a Blanca, ella era su complemento perfecto. Es que cualquier chica no tiene la clase necesaria para ir a mi lado, necesito a la mujer ideal que me dé  el caché que me merezco y Blanca era a todas luces la mejor de las opciones.  En definitiva, eran tal para cual.

 

   Su relación desde entonces estuvo cuajada de llamadas, encuentros furtivos y planes de futuro: Blanca iba a abandonarlo todo por Jorge, incluido sus hijos. Solamente tenían que encontrar el momento idóneo.   

 

Ángela Ortiz Andrade

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