Una nueva vida (V) (por Ángela Ortiz Andrade)
Rita llegó sola al club, llevaba tres meses sin aparecer por allí a causa del nacimiento de su bebé.
Una y Rita se habían conocido muchos años antes en una sala de fiestas en donde Una era la estrella principal y Rita tenía la tarea de dar la bienvenida y atender a los clientes para que se encontraran cómodos. La sala de fiestas era el envoltorio brillante y llamativo de un burdel en donde en medio de las actuaciones y los espectáculos, se ejercía la prostitución. Desde que se conocieron, entre ambas había una conexión especial, se apoyaron mutuamente en los momentos difíciles y se convirtieron en amigas inseparables en el trabajo y en la vida.
Al final de una de las noches, todas las chicas fueron reunidas: Les informaron que la sala había sido adquirida por una sociedad que se dedicaba a la gestión de esos negocios junto con otros igual de ilegales y muy lucrativos también. Ahora deberían trabajar bajo las órdenes de otras personas que antepondrían los beneficios económicos por encima de todo lo demás; aquella gente ni siquiera se iba a preocupar por el nombre de ninguna de ellas, tan solo por el número de clientes que podrían tener cada día, se les presentaba una situación que a ellas no les gustaba nada de nada.
Esa misma madrugada cuando ambas llegaron a casa, sus cerebros empezaron a trabajar al unísono con la ayuda de varias tazas de café y dos cajetillas de cigarrillos: “Tenemos bastante ahorrado, estamos llegando ya a una etapa en la que no nos apetece tener que acostumbrarnos a acatar nuevas normas, nuestra seguridad se verá comprometida cada jornada. No vamos a regresar, mañana mismo nos ponemos en marcha y desaparecemos”.
Sabían que en un municipio de la costa se había instalado una base naval muy importante, lo que implicaba una gran afluencia de hombres, la mayoría jóvenes militares que iban de paso. Decidieron trasladarse allí y con todo lo que habían ahorrado montar ellas mismas su propio club.
Para ello escogieron un lugar alejado de un municipio en concreto, pero a su vez razonablemente cercano a todos los de la comarca. Su principal objetivo era la discreción para preservar la intimidad de los clientes y también la de sus trabajadoras.
Algunas de sus antiguas compañeras no dudaron en abandonar el antiguo burdel y entrar a trabajar en el establecimiento de las chicas, sabían que con ellas estarían bien, otras desconocidas hicieron lo mismo. Como por la zona no había un lugar parecido, el club comenzó a tener bastante renombre entre aquellos que buscaban un sitio discreto y selecto; muy contrario a la chabacanería y a la vulgaridad. Ese concepto distinguió su negocio sobre todos los demás, cuyos dueños comenzaban a verlas como una amenaza cada vez más sólida para ellos.
El club cada día tenía más éxito. Todas las noches había acompañamiento musical, podía ser de saxo, de piano o de lo que supiera tocar la persona contratada; eso daba un toque elegante al local. Ya no solo se acercaban allí los militares jóvenes, gracias a su discreción también iban a los espacios reservados señores distinguidos y con clase a tomar alguna copa, a hacer negocios y a lo que surgiera.
Rita se bajó del taxi y cuando cruzaba el jardín hacia la entrada, la asaltaron dos hombres; sin mediar palabra le dieron un golpe en la cara que la arrojó al suelo muy aturdida, allí en el suelo le propinaron varias patadas.
-“Este es un mensaje de nuestro jefe. Si no abandonáis el negocio, lo vais a pasar jodidamente mal”- dijo uno de ellos mientras le levantaba la cabeza agarrándole la melena. Se dieron la vuelta y se marcharon en un coche a toda velocidad.
Intentó serenarse respirando despacio; tardó un poco en ponerse en pie. Se recompuso lo mejor que pudo y entró en el club como si no hubiese ocurrido nada. “Estos cabrones se creen que me van a asustar con un puñetazo ¿amenazas a mí? Van a necesitar currárselo más para que me los tome en serio, son unos cobardes. Hemos invertido todo lo que teníamos para conseguir esto y ahora que nos va bien, vienen estos con sus cuentos de matones, imbéciles”.
-“¡Hola bonita! ¿Qué tal se presenta la noche?”- Le dijo a la que estaba detrás de la barra cuando entró.
-¡Pero si es Rita! ¡¡Chicas, tenemos visita, ha venido la jefa!! Todas se acercaron para darle la bienvenida y por supuesto saber las últimas noticias sobre el bebé que todas lo consideraban un poquito suyo, la feliz mamá les enseñó la última foto. La apertura de las puertas del club era inminente, a través de los visillos vieron cómo algún que otro coche se aproximaba, así que el saludo fue breve.
Una llegó más tarde, encontró a su socia con una copa en la mano atendiendo a dos clientes. Cuando la vio llegar, le hizo un gesto para reunirse con ella en el reservado que tenían para sus gestiones.
-“Hoy al llegar me ha ocurrido una cosa”
-“¿Qué, nena?”
Rita le contó pormenorizadamente la experiencia con los matones. Una se aproximó para examinarla de cerca y ver si tenía alguna herida o moratón.
- “Qué hijos de puta, ¿estás bien, reina, te duele algo?”.
-“No, solamente me duele la rabia contenida que tengo”.
-“¿Crees que van en serio?.
-“Qué va. Son unos idiotas que no tienen huevos de ir más allá de lo que han hecho hoy”.
-“¿Y tú cómo lo sabes, por qué estás tan segura de eso? Me quedaré más tranquila si me prometes que vas a tener más cuidado. Debemos ser más prudentes hasta que no sepamos si estos son capaces de cumplir sus amenazas”.
Ambas salieron, se pidieron una copa y se mezclaron con la clientela.
Una no se lo tomó tan bien como su amiga, telefoneó intranquila a casa con la excusa de saber cómo estaba el niño, no quería alarmar a Paulina con lo que había pasado esa noche; pero le recalcó que cerrara bien la puerta con llave y tuviera cuidado porque últimamente estaban entrando a robar por esa zona, inventó.
-“Ya sabes, reina. Tengo muchas cosas americanas por allí que se venden muy bien, también me han venido los encargos de Levi´s y pastillas anticonceptivas que parece mi habitación una farmacia y si me roban, a mí me da un parraque”.
-“Claro mujer, no te preocupes por nada. El niño ya está dormidito y yo estoy ojeando una revista a ver si me viene el sueño, así que tranquila, buenas noches.”
Dejó la revista en la mesa y miró por una de las ventanas, la calle estaba tranquila. Cuando se acercó al portón para asegurarse de que estaba bien cerrado, le pareció escuchar un ruido al otro lado. Pegó la oreja a la puerta por unos segundos y prestó atención, no oyó nada- “esta Una me va a volver paranoica con sus historias”- se dijo y se fue tranquila a la cama.
Ángela Ortiz Andrade






























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.97