Una nueva vida (II) (por Ángela Ortiz Andrade)
Cuando la puerta se abrió entró una mujer con el cuerpo encorvado hacia adelante sacudiendo una larga y densa melena de pelo ondulado color miel. Hablaba sofocada alzando la voz.
-“Vamos, hay que ver la que está cayendo. Abajo tengo un montón de cosas del último pedido y necesito que me ayudes a subirlo todo porque pesa mucho”
Iba a seguir hablando, pero se frenó cuando levantó la cabeza y vio que había una desconocida sentada en la mesa.
-“¿Tenemos visita? “preguntó a Rita sonriendo.
Su amiga las presentó diciendo que su invitada la había sacado de un apuro con el bebé. Paulina se levantó y le alargó la mano saludándola.
-“Hola reina, yo soy Una, muchas gracias por ayudar a mi amiga ¿me ayudas ahora a mí?” Subieron un pesado paquete entre las dos.
-“¿Toñete está bien? “
-“Te he dicho una y mil veces que no llames a mi niño Toñete que al final se le va a quedar”. Anda sírvete que también he preparado cena para ti.”
Una le dio un achuchón exclamando -“¡Qué hambre traigo, por Dios!” y se acercó a la cocina para servirse.
Paulina comía con naturalidad forzada para que no se le notara su asombro ante la recién llegada. Era la mujer más espectacular que nunca había visto: altísima, debía rozar el metro ochenta, corpulenta pero no obesa, como dirían en su pueblo: de carnes “apretás”, despampanante. Aunque era muy guapa, también sabía sacarse partido. Eso sí, era elegante y sofisticada; toda ella era perfecta ¡qué demonios!
Rita le estuvo comentando cada uno de los detalles de esa tarde y por supuesto, lo bien que Paulina atendió al bebé. Una la abrazaba en señal de agradecimiento. Estuvieron toda la cena hablando de comida y de recetas, ahí las anfitrionas tuvieron que prestarle mucha atención a la invitada y a sus consejos y trucos culinarios (qué hay que hacer para que no sienten mal los potajes, cómo quitarle el amargor a la berenjena…). Al final de la cena antes de comenzar a recoger la mesa, Paulina preguntó con curiosidad:
-¿De dónde viene tu nombre “Una”?
La otra se puso de pie, se abrió la chaqueta del traje y recorrió toda la sala como si fuera una modelo en pleno desfile; alzando las rodillas, caminando con mucha seguridad, con una mano lánguida y la otra apoyada en la cadera, contestó:
-“Nena, mírame bien, me llamo Una porque como yo no hay dos, soy irrepetible”. Se acercó a ellas y les hizo un gesto de burla meneando la cabeza. Las tres acabaron riendo a la vez.
Rita volvió a la ventana para ver si había escampado, seguía lloviendo a mares; así que le dijo a Paulina que no la dejaría marcharse, le acomodaría el sofá para que pasara allí la noche, Una asintió reafirmando la invitación.
- “Por mí perfecto, no tengo ningún sitio donde ir”
- “¿Cómo dices?” preguntaron ambas
- “Lo que oís. Me he llevado toda la noche viajando para presentarme hoy a una entrevista de trabajo, me ha salido muy bien y el empleo es mío, pero hasta dentro de unos días no me incorporo, así que no tengo donde quedarme y a mi pueblo no pienso regresar en lo que me queda de vida.”
- “Pero ¿has venido con lo puesto, dónde están tus cosas?”
- “Cogí dos trenes, en el segundo me quedé dormida y cuando desperté mi maleta había desaparecido” mintió Paulina.
- “Pues no se hable más, esta noche te quedas aquí a dormir y ya mañana hablamos, que es muy tarde” dijo Rita.
Mientras acababan de poner las sábanas en el sofá, del cuarto de baño vieron venir a Una con un camisón de seda hasta los pies y una bata a juego con el cuello de plumas, las zapatillas eran de tacón, como no podía ser de otra manera -“qué barbaridad”- pensó la invitada. Traía en una mano un par de zapatos raídos y en el otro unos calcetines, se paró junto al sofá y le dijo a su dueña:
-“Cariño, esto aquí está prohibidísimo y no deberías permitir que esas piernas tan divinas descansen sobre un calzado así de vulgar. Intuyo que Rita calza el mismo número que tú, así que te iremos apañando” Y tiró a la basura ambas cosas con una mueca de asco.
Paulina se acostó en el sofá muy cansada, pero tranquila y relajada; notó que el miedo le había dado una tregua. Las anfitrionas ya se habían retirado a sus respectivas alcobas y ella se quedó estudiando el lugar donde se iba a disponer a dormir. Aunque era una sala pequeña, estaba muy bien decorada, coqueta y femenina; tenía alfombras mullidas, revistas de moda, tocadiscos y un teléfono para ellas solas.” Les tiene que ir muy bien en la vida para tener todas estas cosas” pensó; y en dos parpadeos cayó profundamente dormida. Allí se sentía a salvo.
***************************************
El olor a café despertó de golpe a las compañeras de piso que salieron intrigadas de sus habitaciones, Paulina les había preparado el desayuno, Rita se sobresaltó en mitad de la tostada -“¡Ostras, mi niño!” y corrió hasta la cuna. El niño dormía plácidamente, así que regresó a la cocina.
-“Es la primera vez en estos dos meses que me deja dormir toda la noche del tirón, ¡qué descansada me encuentro!”
La invitada masticaba distraída disimulando una sonrisa.
-“¿Paulinaaaaa?”
- En mitad de la madrugada me levanté y me asomé a verlo, estaba despierto, así que le cambié el pañal y le di un biberón; se volvió a dormir enseguida.
Una retomó con interés la conversación que habían tenido antes de que se fueran a dormir.
-“A ver Pau, explícanos eso de que no tienes donde quedarte”.
-“Pues eso, hace unos meses que enviudé y quedé sin recursos, por una conocida me enteré que hacía falta alguien para trabajar aquí y me vine de inmediato para ser la primera en presentarme, vivo muy lejos, así que estuve toda la noche viajando y en el segundo tren me robaron la maleta. Menos mal que os he conocido, porque si no, habría tenido que pasar la noche en la calle”.
Las que la escuchaban se miraron fijamente y asintieron como si cada una supiera lo que estaba pensando la otra:
-“Tenemos una habitación libre y necesitamos que alguien cuide del niño mientras nosotras trabajamos, te proponemos vivir aquí a cambio de que te hagas cargo de él; no tendrías que pagar nada”.
-“Pero ¿no me habéis oído? ya estoy ocupada durante todo el día”.
-“Es que nosotras no trabajamos de día, precisamente”-Dijeron al unísono.
Paulina aceptó sin dudar ni un momento.






























Hermano Lobo | Lunes, 03 de Octubre de 2022 a las 00:09:34 horas
Genial, sencillamente genial.
No es tan fácil, tras seguir todo el relato, llegar a un final tan humano, feliz y que te levante una sonrisa.
Saludos.
Accede para votar (0) (0) Accede para responder