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Redacción 7
Miércoles, 01 de Junio de 2022

Diario del año del coronavirus

Historia de un pito

por Balsa Cirrito

[Img #169498]Hay quien cree que las hordas de ciudadanos indignados por todo son cosa moderna o de internet. En realidad, no es así. Indignados profesionales los ha habido siempre; la diferencia es que ahora, con la peste de redes sociales, se los ve mejor. Hace treinta años, por ejemplo, los indignados se situaban sobre todo en dos asuntos. Por un lado, los que criticaban la programación televisiva (mirado con nuestros ojos, lógico, porque la oferta era infinitamente menor que ahora), y, por otro, cristianos suspicaces que buscaban ofensas por doquier.
   

Ahora estamos en otra cosa. Los cristianos se han resignado y, a decir verdad, lo difícil es encontrar informaciones que no les den tralla, y televisiones hay tantas que, si nos ponemos a criticar, nos van a faltar lenguas en la boca.

 

Los indignados de ahora son celosos defensores de una nebulosa moral progresista que no siempre es progresista. Normalmente estos zelotes se parapetan tras causas nobles. El feminismo, el racismo, la defensa de los homosexuales, la ecología… Es triste constatar que la mayor parte de las estupideces que hemos oído en los últimos años no provengan de ultrafachas reaccionarios de bigotillo y gafas negras, sino de bienpensantes atalibanados defensores de causas justas. Para mi espanto, estos zelotes han logrado introducir en el lenguaje corriente un concepto que produce pánico, el de género.
    

Muy probablemente, dentro de cien años, fliparán con cafeína light aquellos que estudien esta palabra de nuestros días. El concepto de género es tan absurdo que a veces, cuando discuto el asunto con alguien, casi no sé qué decir. En su versión más estricta, el generismo nos viene a decir que una persona no es lo que es, sino lo que se siente. Toma ya. Repasen el concepto porque es de narices. Si yo me siento un caballo (como el protagonista de la famosa obra de teatro de Shafter, Equus) es que soy un caballo.
    

Sobre todo, hay algo que me resulta complicado de entender. ¿Qué significa “sentirse” hombre, mujer o minotauro? Soy – salvo mejor opinión – hombre. Es más, me atrevo a decir que he sido hombre durante toda mi vida, y si en algún momento no lo fui y no me di cuenta, disculpen ustedes. Sin embargo, nunca “me he sentido” hombre. De hecho, no sé que es sentirse hombre. ¿Que te guste el fútbol? ¿Que se te olviden los cumpleaños? ¿Que no sepa poner el programa de una lavadora? ¿Habré sido toda mi vida algo diferente y no me he dado cuenta todavía? Francamente, resultaría muy incómodo.
    

Constantemente leemos en la prensa que alguien se cambia de sexo porque “se siente mujer”. ¿Cómo se siente alguien mujer? ¿Quiere tener la regla? ¿Desea quedarse embarazado/a? ¿Le gustaría olvidar cómo se maneja un mapa de carretera? Voy a decir algo que lo mismo choca, pero el concepto de transexualidad no solo no es progresista, sino terriblemente reaccionario, trasnochado, troglodítico y homofóbico, o sea, todo lo contrario de lo que se proclama. La transexualidad proviene de un tiempo en el que el hecho de que otro hombre mantuviera relaciones sexuales con otro hombre resultaba un anatema. En cierto sentido, el hecho de que un hombre se operara para transformarse en mujer, convertía esas relaciones en algo más aceptable dentro de lo inaceptable.
    

Hoy ese juego no me vale. Nos podemos liar si nos apetece con una muñeca hinchable con las formas de la Venus de Milo y no pasa nada. Intentaré no ser ofensivo, pero una persona que quiera cambiarse de sexo no debe ir al cirujano, debe ir al psiquiatra. ¿Cómo, si no, habremos de explicar que exista alguien que se ampute una parte de su cuerpo por gusto? ¡Y vaya parte! Porque, además, en el momento presente, por muchas operaciones que se realicen, el paciente seguirá siendo un hombre. Ni podrá parir ni tener la regla ni dar el pecho a unos mamoncetes. ¿Qué es ser mujer entonces? ¿Andar por la calle hipermaquillada, con escote para asomarse al balcón y minifalda hasta la rabadilla? ¿Eso es ser mujer? ¿Alguien, y lo pregunto sin ironía, me lo puede explicar?
  

 Y que no me hablen de conflictos sociales, porque hoy la brasa va en el lado contrario. Conozco al menos dos casos de jóvenes homosexuales (homosexuales de los de, para entendernos, muchísima pluma) que me han confesado que sufren enormes presiones de su entorno para que se realicen la operación de cambio de sexo. Y  sé al menos  de uno (en realidad a este no lo conozco yo, sino una amiga) de esos que entraron en el quirófano porque todo el mundo le decía “que debía operarse” y que ahora se arrepiente con toda su alma.    
    

Por supuesto, todo esto que digo sería estúpido si realmente las personas que se operan alcanzaran algún tipo de felicidad con ello. Al fin y al cabo, lo que importa es lo que se logra, y las filosofías que las mastique Habermas. Pero el problema aparece porque me temo que no es así. Las tasas de suicidios entre los transexuales son pavorosas. Y, sin ser psicólogo, me atrevo a sospechar las razones: se les hace creer que se van a convertir en algo en lo que no se van a convertir. Es de suponer que muchos, tras la operación, piensen: “esto no es lo que yo me figuraba”.
    

Termino. Sentiría mucho ser mal comprendido. Cada cual, faltaría más, es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera, incluso empanadillas. Pero me gustaría que la opción de la transexualidad no se nos vendiera como una más, como una opción natural y plausible, porque no lo es. Si hablamos constantemente de la autoaceptación de nuestras limitaciones en todos los demás asuntos de la vida, no veo por qué va a ser diferente en este. Al pito se le puede llamar silbato, pero sigue siendo un pito.

 

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  • Villalibre

    Villalibre | Domingo, 05 de Junio de 2022 a las 20:14:24 horas

    Gracias Balsa eso fue un temazo. Ahora entiendo el porque siempre terminan yendo en la direccion contraria.

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  • Balcir

    Balcir | Miércoles, 01 de Junio de 2022 a las 21:45:33 horas

    Hace mucho tiempo que no contesto a un lector, pero no me resisto a decir un par de cosas: las mujeres, en general, entienden peor los mapas de carreteras que los hombres. No se trata de una opinión mía, es una diferencia ampliamente estudiada, un dato bien conocido y fácilmente comprobable. Del mismo modo, los hombres retienen muchos menos datos cuando ven a una persona o un lugar, por poner otro ejemplo de diferencia entre sexos. Pero, y perdón por el zasca, me refería exactamente al título de un libro, y no precisamente un libro raro, sino muy conocido, cuyo título es "Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas".

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  • Total

    Total | Miércoles, 01 de Junio de 2022 a las 17:35:49 horas

    El balsa siempre escribiendo tonterías y cagas
    No se para que te molestas si estas aburrido ponte el chándal y a correr por los pinos

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  • LA REALIDAD

    LA REALIDAD | Miércoles, 01 de Junio de 2022 a las 17:34:43 horas

    Enhorabuena por tus artículos porque estás diciendo las cosas muy claras, sin tapujos y haciendo un análisis muy realista. Aunque a los "progres de salón" no les va a gustar. Alguien tenía que decirlo y ese valiente eres tú. Chapó

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  • RebeldeRota

    RebeldeRota | Miércoles, 01 de Junio de 2022 a las 14:04:18 horas

    Vaya coincido con el Sr Balsa y eso que según el debo ser Ultrafacha ya que simpatizo con Falange Española de las JONS

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  • Normal?

    Normal? | Miércoles, 01 de Junio de 2022 a las 11:44:48 horas

    Maravilloso Balsa!!!!!

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  • José Manuel

    José Manuel | Miércoles, 01 de Junio de 2022 a las 11:37:05 horas

    La verdad es que no sé cómo siguen dejando a este señor publicar en este medio. Según él ninguna mujer sabe leer un mapa de carreteras. No sé qué opina la redactora de este medio al respecto, pero es triste leer cosas así en los tiempos en los que estamos.

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