Así son las primeras horas de una familia ucraniana en Rota
Noelia ha acogido a una madre y sus dos hijos. "Es una forma devolver la ayuda que yo también tuve en su día"
Noelia es una malagueña que hace ochos meses se trasladó a vivir a Rota con su hija. Es madre soltera, sabe bien lo complicado que es cambiar de vida, vivir en el extranjero sin conocer el idioma, superar situaciones difíciles y lo importante que es que en ese camino, una mano amiga, desconocida, y que ayude.
Básicamente, por su experiencia vital, se ha animado a ser familia de acogida de refugiados ucranianos que en la noche de ayer miércoles, llegaron a Rota. En concreto, su nueva familia se amplía con una mujer de 32 años y sus hijos de 8 y 6 años.
La empatía por la terrible situación que atraviesan las personas que han tenido que huir de su país por culpa de la guerra provocada por la invasión de Rusia a Ucrania, la ha llevado a dar este paso tan importante.
Ayer fue hasta Sevilla a recoger a esta familia, que ya forma parte de la suya en tan pocas horas. Venían cansados pero muy agradecidos por esta solidaridad mostrada por personas desconocidas.
No se unieron al grupo que llegó hasta el Centro Social de El Molino porque su llegada fue algo más tardía así que de Sevilla llegaron directamente a Rota, a su nuevo hogar. Noelia ha contado a Rotaaldia.com que estas primeras horas están siendo de toma de contacto. Anoche les dio tiempo de poco por la hora que era: conocer la vivienda y dormir en una cama para descansar tras una experiencia tan traumática como la que cargan a sus espaldas de la que todavía están en shock.
Noelia indica que el niño de 6 años es más extrovertido y parece que viene algo más ajeno a lo que ha ocurrido en su país, pero la niña de 8 años está mucho más afectada por el dolor vivido y de primeras, no quiso entrar en la casa, quería ir a la suya. Viene en shock y de hecho, cuando entró y vio las mochilas compradas para poder ir al colegio en cuanto se normalice su situación, el pequeño estaba revolucionado, sin embargo, la pequeña lloraba manifestando querer ir al suyo, a su vida de siempre.
Su madre, comenta Noelia a Rotaaldia.com, pide constantemente disculpas por estar al teléfono de forma continúa manteniendo el contacto con otros ucranianos, y muestra un permanente agradecimiento reconociendo no tener palabras suficientes para agradecer la ayuda que está recibiendo de alguien desconocido.
Catorce días tardaron esta madre y sus dos hijos en poder salir de Járkov (Ucrania), su ciudad, desde que estallara la guerra y en ese transcurso de tiempo, aunque Noelia no pregunta porque entiende que necesitan tiempo, sabe que han vivido el horror. Por eso, esta llegada a Rota tiene que ir poco a poco. La empatía y la paciencia se presentan como grandes aliadas para un proceso largo de integración.
Esta mañana, tras el desayuno y haber descansado las horas suficientes, las dos madres se han puesto a hacer una lista de las necesidades más urgentes porque aunque es verdad que esta familia viene con algo de equipaje, no es mucho. Traen mucha ropa sucia, así que poner lavadoras ha sido también parte de la tarea matinal. Noelia agradece a sus vecinos la ayuda que también están prestando reconociendo la suerte de estar rodeada de gente solidaria. Ella, junto a su hija de 8 años, son la familia de acogida, pero sabe que va a contar con más ayuda porque sus vecinos "están revolucionados" y con muchas ganas de aportar también desde otra perspectiva igual de importante que la acogida.
Mientras ellas intentan organizarse para ser un núcleo familiar de cinco personas donde antes eran dos, los niños, que son niños, juegan e intentan familiarizarse así que algunas risas también se han oído en esa tragedia que viven.
"Devolver la ayuda que a mí en su día, también me prestaron"
Noelia tiene vínculos con Rota desde 2017, cuando vino a trabajar por primera vez, y luego ha visitado la localidad cuatro o cinco veces cada año hasta que en junio del año pasado, se instaló definitivamente. Es madre soltera y siente una enorme empatía con quienes lo pasan mal, por eso, fue de las primeras que se unió a la ola de solidaridad creada en torno al pueblo ucraniano. Aunque estuvo al pie del cañón ayudando, sumándose al primer convoy que partió hacia la frontera de Ucrania, en realidad, nunca pensó en acoger, hasta que su amiga María, también involucrada en esta red solidaria, le dijo que tenía una familia para ella y que si quería acogerla. No lo dudó, pensó que además, uno de los niños tenía la misma edad de su hija, 8 años, y que se podrían entender y facilitar ese camino necesario de integración que les queda por delante. Por otro lado, saber lo que es vivir en el extranjero, sola con su hija, con la barrera del idioma y sin conocer a nadie, le hizo empatizar desde el principio y con ello, tener la oportunidad de devolver toda la ayuda que ella ha encontrado en su camino y que le ha valido para tirar hacia adelante.
"Todos en cualquier momento podemos ser vulnerables", manifiesta Noelia convencida del paso que ha dado, pese a las dificultades que se puedan poner en el camino. Una de ellas, la ha vivido en estos días cuando a sus caseros les comentó la idea de acoger y estos reaccionaron con una negativa, por lo que esta malagueña temió de repente verse mudándose de casa y con el compromiso de una familia refugiada sin techo donde meterse. Pero afortunadamente, parece que los propietarios de la vivienda han reflexionado, han reconocido que les entró miedo y que finalmente, permitirán la estancia de los nuevos inquilinos.
La barrera del lenguaje. Una casa llena de pósit con palabras en español
Noelia no quiere preguntar aún demasiado a los nuevos moradores con los que convivirá nada de lo vivido o de su vida anterior porque sabe que necesitan tiempo para asimilar todo lo que les está ocurriendo, pero entiende que si deben integrarse en Rota, lo primero que tienen que hacer es conocer el idioma, así que en la jornada de hoy, otra de las tareas pendientes iba a ser empapelar la casa con pósit señalando cómo se llama cada objeto de la casa y frases básicas en español de modo que tanto los dos pequeños como la madre -que solo sabe muy poco de inglés-, vayan aprendiendo. Para Noelia, la inmersión lingüística de esta familia es fundamental para poder rehacer su vida y en unos meses, también encontrar un trabajo. Natalia era cocinera en su país, y Noelia cree que en una zona como Rota con la temporada alta de frente, quizás tenga oportunidades de empleo pronto.
En búsqueda de padrinos para costear algunas actividades para los niños
Aunque Noelia se hace cargo de los gastos básicos de esta familia, -techo, ropa, comida-, reconoce que su situación económica es limitada, por eso, busca a otras personas que con una pequeña aportación, por ejemplo, pueda responsabilizarse de pagar las actividades extraescolares que los dos niños ucranianos puedan recibir. Su objetivo es que estos dos pequeños de 6 y 8 años, tengan las mismas oportunidades que su hija y le sabe mal no poder costearlas porque supondría un extra importante para ella. La idea es que haya personas que se encarguen de esa cuota cuando en estos días, los dos menores elijan qué poder hacer en su tiempo libre. Será también una forma de que puedan normalizar su vida que se ha visto interrumpida de forma tan abrupta.
Desde el Laboratorio de Arte "LaMurube", su responsable ya se ha ofrecido para impartir algún taller de manualidades de forma gratuita para los niños ucranianos que lleguen a Rota, además, la canguro de la hija de Noelia tiene previsto organizar actividades en algún parque para favorecer la integración de los niños, pero Noelia quiere ir más allá y pide ayuda a otras personas que con menos recursos puedan aportar también su granito de arena para que las familias que han tenido que huir puedan volver a vivir una vida normal.
De momento, las primeras horas son de ir aterrizando poco a poco. Son dos familias que se han encontrado en el camino gracias a la solidaridad. Noelia tiene claro que ayudar es una forma de devolver lo que ella en su día recibió y por eso, está convencida de que la experiencia será positiva. De momento, en su casa, ya no son dos sino cinco que intentarán ir todos a una.
En estos días les queda acudir a la Policía Nacional para registrarse como ciudadanos en la localidad, esperar el aviso para la escolarización de los niños y poco a poco, ir sorteando las pequeñas dificultades con el objetivo claro de abrir una puerta a la esperanza y a una nueva vida a esta familia a la que se le ha arrancado de cuajo su rutina.

































Raúl | Viernes, 25 de Marzo de 2022 a las 18:20:28 horas
Que alegría que haya gente con esta empatía!
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