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Carlos Roque Sánchez 2
Sábado, 13 de Noviembre de 2021

San Martín y su 'veranillo'

[Img #155288]Entre santo y tiempo meteorológico. Nada más leer este titular sabatino, estoy convencido que se le ha venido a la mente el conocido refrán, ‘El veranillo de San Martín dura tres días y fin’, con el que la cultura popular hace referencia conjunta del conocido episodio meteorológico y del santo cuya festividad celebramos el pasado jueves 11. El primero, un fenómeno según el cual, durante unos pocos días, no más de una semana -de este undécimo mes de noviembre, que no noveno como nos indica su etimología-, se produce un ligero ascenso de las temperaturas, un “veranillo” que decimos. Y el segundo, un hombre, San Martín de Tours (316-397), uno de los santos más populares del cristianismo que, por cierto, tuvo unos comienzos bien alejados de la religión. El caso es que, cada vez que oigo el refrán, me asaltan un par de dudas. Una es mera curiosidad meteorológica, lo del veranillo de San Martín, ¿es leyenda o realidad? La otra es desazón religiosa, ¿qué tiene que ver el santo con una estación astronómica? ¿Su vínculo no es con el cerdo, con un animal?, con perdón. Dicho lo cual, vayamos por orden y empecemos.

 

A propósito del “veranillo”. En general, con este término coloquial se hace referencia a una fenomenología atmosférica de carácter anual, que suele ocurrir desde finales del verano hasta bien cumplido el otoño. En su transcurso, la temperatura ambiente asciende por encima de los valores medios anteriores, para luego continuar con la tendencia de bajada propia de las postrimerías del estío y el discurrir de la estación otoñal. Así que existen varios veranillos. En particular, hace unas semanas, vino a esta ‘Opinión’ uno de ellos, el “veranillo del membrillo” (‘Del final del veraneo, el verano y el veroño’), también llamado “veranillo de San Miguel” y “veranillo de los arcángeles” por razones obvias, San Miguel se celebra el día 29 de septiembre y es también la festividad de los arcángeles San Gabriel y San Rafael. Bueno, pues ahora le toca a San Martín, cuya festividad fue el pasado 11 de noviembre, y en estas estamos tengamos veranillo o no durante esos tres días. Lo tengamos o no, digo, porque ha de saber que el refranero no se equivoca nunca, vamos que se las sabe todas.

 

Argucia refranita. Bueno, en realidad no es que sepa tanto, sino que juega con ventaja y siempre tiene a manos otros proverbios, por si hiciera falta utilizarlos y así tener siempre razón. Vea si no, esta terna ‘ad hoc’ que empieza con “El veranillo por San Martín ha de venir”, seguido de “De San Martín a Santa Isabel veranillo es”, para acabar con “Veranillo del membrillo, por San Andrés concluido”. Si por el azar que gobierna la naturaleza, ¡ay, de aquellas alas de mariposa de Lorenz!, en estos días no disfrutáramos de estas condiciones de bonanza atmosférica, no habría ningún problema con el refranero. Bastaría con acogernos a Santa Isabel que viene una semana después (17), olvidándonos del santo porcino. Y si tampoco la santa acertara, pues qué problema hay. Sin solución de continuidad pasaríamos al santo siguiente, que lo hace dos semanas más tarde (30) y todos tan tranquilos, que el refranero se pule todo el mes. Así que no es que acierte siempre, es que no se puede equivocar ¡Es tan flaca la memoria del hombre, para según qué cosas!

 

A propósito de San Martín. Y de la acepción meteorológica pasamos al santoral. Nacido en la actual Hungría, quien terminó siendo San Martín de Tours (316-397), uno de los santos más populares del cristianismo, tuvo unos comienzos bien alejados de la religión. Aunque no entraremos en su vida y obra, digamos que con quince años ingresó en la guardia imperial romana y fue, durante este periodo bélico cuando, supuestamente, ocurre el sucedido que da lugar a la leyenda.

 

Parece ser que a finales del año 337 y al pasar por la puerta de la ciudad de Amiens, se fijó en un mendigo que tiritaba de frío dada su escasa vestimenta. Apiadándose de él, cortó su capa en dos y le dio una de las mitades quedándose con la otra pues, su honradez le impedía desprenderse de ella totalmente, ya que era propiedad del ejército romano. Un gesto honrado y caritativo que tuvo una doble compensación por parte del Señor.

 

Primero, al enviar a la Tierra una meteorología suave y templada durante unos días, para así mitigar los rigores del incipiente invierno y que no pasara tanto frío con la media capa. Quiero pensar que Dios también pensó en el frio del mendigo y, por extensión, en el de todos los menesterosos necesitados de abrigo aunque, hasta donde sé, la leyenda solo habla del santo. Y segundo, apareciéndosele una noche, vestido con la media capa que le había dado al mendigo y sonriéndole. Todo un hecho revelador que Martín supo interpretar. En cuanto pudo dejó el ejército, se bautizó y se unió a los discípulos de San Hilario en Poitiers, comenzando así su vida y obra como religioso. Y hasta aquí por hoy, por cierto, ¿qué tiene que decir la ciencia al respecto del “veranillo”?

 

CONTACTO: [email protected]

FUENTE: Enroque de ciencia

 

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  • Carlos Roque Sánchez

    Carlos Roque Sánchez | Domingo, 14 de Noviembre de 2021 a las 15:37:58 horas

    Gracias.

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  • Hermano Lobo

    Hermano Lobo | Sábado, 13 de Noviembre de 2021 a las 19:55:24 horas

    Interesante e ilustrativa disquisición acerca de los distintos veranillos.
    Divertida e instructiva la anécdota-milagro, relatada al final del artículo.

    Saludos.

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