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Redacción
Sábado, 22 de Mayo de 2021

"Ciencia más allá del Coronavirus"

Los ocho apellidos, mejor que no sean todos vascos

por Oriana Balsa

[Img #146399]Hasta donde creo saber de los lectores que frecuentan esta sección, espero que ninguno sea devoto de la Teoría del Creacionismo. Frente a ella, la famosa Teoría de la Evolución de Charles Darwin nos dice que la vida en el planeta, tal y como la conocemos hoy, es el resultado de un proceso de cambios. Estos cambios en el ADN (el material genético y libro de instrucciones que va a indicar cómo somos cada uno de nosotros), han ido surgiendo a lo largo de miles de millones de años: desde que poblaban la Tierra organismos unicelulares, hasta llegar a otros mucho más desarrollados. Piensen que probablemente Brad Pitt comparte antecesores prehistóricos con ustedes. Puede ser que los cambios hasta crear semejante obra de arte, como es la cara del actor,  fueran mejores que los que se produjeron hasta llegar al resto de seres humanos y mundanos, pero podemos decir orgullosos que nuestro tataratataraabuelo bacteriano, casi seguro, era el mismo.

           

Y han de saber una cosa. Si hay algo que va en contra de la evolución es la endogamia, o, hablando claro, el no mezclarse. Piensen si no en las Familias Reales. Todos hemos oído hablar de que las casas reales comparten genes en exceso, por aquello de que les gusta casarse entre primos (a excepción de nuestro actual Rey, que se ha desmarcado de esta tradición), lo que ha llevado a tener algún que otro monarca menos inteligente de lo que probablemente hubiera gustado a sus súbditos.  

           

Aquí la clave es la variabilidad genética ¿Y cómo funciona esto? Piénsenlo bien. ¿A quién es más probable que se parezcan los roteños: a su primo segundo, o a un alavés con sus ocho apellidos vascos bien arraigados? Aunque quizá su familiar lejano sea moreno y usted luzca melena rubia, “por dentro”, si miramos en el genoma, vamos a ver que comparten muchos genes. Entonces, hagan sus apuestas. Si usted es portador de alguna enfermedad, ¿no creen que será mucho más probable que también lo sea este familiar, y no Patxi, nuestro vecino de las Vascongadas? Si tienen hijos, por tanto es lógico pensar que el roteño de pura cepa tendrá muchas más papeletas para padecerla, que el hijo vasco-andalusí. Y es así, como la enfermedad se transmite a la descendencia. Sin embargo, si hubieran escogido al pretendiente euskaldún, el niño les hubiera salido sin arte ninguno, pero, probablemente, sano, y, con suerte, sin ser portador de la enfermedad.

          

Este hecho se observa en diversas poblaciones reacias a mezclarse con otras. Por ejemplo, los judíos ortodoxos, los famosos Amish o los padres de Jesulín de Ubrique (quien no puede ser fruto del azar, sino el resultado de un entrelazado genético). También es un problema en las islas, países menos desarrollados o sociedades menos avanzadas.

      

Como ven, a pesar de ese empecinamiento tan arraigado en separar y distinguir razas y seres humanos, si quieren un hijo inteligente, guapo y sano, quizá no deberían buscar en algún bar de La Costilla, sino moverse a algún país lejano a encontrar su media naranja. Aunque siendo prácticos, siempre pueden tirar de algún guiri de la base, que igual es más cómodo que viajar para ligar en Wisconsin.

 

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