"Ciencia más allá del Coronavirus"
El mundo tiene un color especial
por Oriana Balsa
¿De qué color es el miércoles? ¿Y por qué amarillo? ¿Y no es acaso el número 1 rojo? Ya me gustaría, pero no. No les he leído el pensamiento. Esto, como todo en esta sección, (y en la vida), es ciencia.
Pudiera ser que algunos de ustedes se hayan quedado con la cara de otro, leyendo un primer párrafo en el que intento hacer de adivina. Esto mismo me ocurrió hace unos años cuando debatía con mis compañeras de piso sobre cómo veíamos el año. Una de nosotras decía que para ella, el año tenía forma de serpiente, mientras que para mí, era claramente una elipse. Las otras dos compañeras nos miraban atónitas, en un principio creyendo que se trataba de alguna costumbre roteña (después de lo de las pizzas con mayonesa, poco les podría sorprender). Sin embargo, aquello era un ejemplo más de lo que aún no sabíamos que se llamaba sinestesia.
Semanas más tarde, en una práctica de laboratorio, la clase sin quererlo, se dividió en dos, cuando un grupo discutía sobre qué color tenía el mes de enero y a qué olía el color rosa, mientras que el otro, una vez más, atendía con la boca abierta expectantes a saber de qué color era la letra “a” (roja, evidentemente).
La sinestesia es un fenómeno que se descubrió por primera vez hace ya más de dos siglos, y que aunque se da más comúnmente entre personas que consumen drogas como LSD, o personas autistas, se calcula que aproximadamente un 4% de la población la tiene. Esta es la capacidad de percibir distintos estímulos sensoriales con un sentido “distinto al que le correspondería”. Es decir, pueden ver olores u oler colores.
Se desconocen los genes asociados, pero se piensa que tiene cierto carácter genético en el cromosoma X (lo que generalmente va asociado a que una mayor población masculina la posea).
Según Ramachandran y Hubbard, la sinestesia podría ser el fruto de una serie de conexiones en exceso que se diera en nuestro cerebro fruto de una “ineficaz” poda neuronal, que se da meses después de nuestro nacimiento, cuando nuestro cerebro especializa cada área para un determinado sentido. Es por ello que todos los bebés de menos de cuatro meses presentarían una mezcla de conexiones neuronales que les haría “mezclar los sentidos” y con ello, ser sinestésicos.
La sinestesia no se trata de ningún tipo de enfermedad o alteración mental, incluso, pudiera ser todo lo contrario. La gente sinestésica, se sabe, tiene mayor predilección por las artes y otras actividades creativas. También es cierto, como ya he mencionado antes, que se sabe que se da muy frecuentemente en personas que acostumbran a consumir drogas alucinógenas. Aquí no sabría decir qué fue antes: ¿el huevo, o la gallina?



































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