¡Conmigo no experimentan! (por Manuel García Mata)
“-No señora. Con usted no van a experimentar porque en este país pusilánime y cobarde se va a permitir que la mancha de mentes descerebradas, que se tragan toda la basura que alguna gentuza interesada en no sé qué les ha hecho creer, decida con su ignorancia por la salud de todo un país”.
Eso es lo que me callé por educación al escuchar tamaña atrocidad. A veces, por evitar problemas, hay quien se traga lo que no debiera.
Esta sociedad, pretendidamente respetuosa con la libertad de sus miembros, haciendo gala de una permisividad suicida, dejará que cada cual decida si se pone o no la vacuna anti-COVID.
Las teorías conspiranoicas y la proverbial desconfianza con el gobierno de turno por parte de amplios sectores del país han confluido para evitar que España pueda protegerse de una manera segura. La solución, sin duda, pasaría por exigir la vacunación de toda la población. Eso sí que nos daría seguridad, pero las autoridades no se atreverán a imponerlo; así que habrá que solicitar que se arbitren otras medidas que sean más convincentes.
Ya que somos un país muy cuidadoso con los caprichos irresponsables de una parte, propongamos nuevas ideas para paliar los déficits en seguridad sanitaria que provocarán las negativas a la vacuna; pues, aparte de la salud del resto, que no parece importar lo suficiente, hagámoslo por la economía que también lleva lo suyo. Los gastos que genera la atención sanitaria por culpa de la pandemia son desorbitados; por esta razón se podría exigir a quienes se hayan negado a vacunarse, una vez llegados al final de la campaña, que se emita un certificado de vacunación para impedir que quienes no lo tengan se les permita el acceso a cualquier actividad donde se reúnan un número determinado de personas, que corran con los gastos totales de su atención médica en el caso de enfermar y que, si por cualquier otra circunstancia se demuestra que han sido causantes del contagio a otras personas, abonen todos los gastos que esto ocasionara.
Y para las lumbreras con nombres famosillos, apóstoles del negacionismo, como el trasnochado Miguel Bosé, la olvidada, por fortuna y por méritos propios, Victoria Abril y el sobrevalorado Enrique Bunbury, que los medios de comunicación se abstengan de darles publicidad gratuita, pues mejor será que no sepamos más de esta gente indeseable.
Estas son algunas. Seguro que se nos ocurren otras ideas en cuanto nos lo pensemos un poquito.
Manuel García Mata

































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