A un simple y solitario naranjito (por Loles Martínez Cervantes)
Érase una vez un simple naranjito que vivía, como podía, en una tranquila calle. Estaba solito, en esa calle, pero no le importaba porque las pocas personas que la transitaban podían deleitarse con su presencia, admirar su porte y estructura y, sobre todo, disfrutar cuando, en primavera, estaba cargadito de naranjas y del mejor de los perfumes. Y, eso, le hacía tremendamente feliz. Pero hete aquí que el ser humano -algunos seres humanos-, tenía otros planes. ¡Era temporada de poda! Y ¿eso qué significaba? Pues, sencillamente, que había “barra libre” para que cuchillos, hachas, tijeras y motosierras, en mano, arrasaran con cuantas ramas, hojas y tallos se les ponían a su alcance. El naranjito pensó “Bueno, a mí no me tocarán. Como estoy aquí, en esta calle solitaria y perdida... No creo que se acuerden de mí. No creo ni que sepan que existo”. Porque, aunque él vivía en soledad, tenía conocimiento de lo que le sucedía a sus otros hermanos. Sabía, por los pajarillos que, usualmente se cobijaban entre sus ramas, que esa era una época de terror y pavor entre sus allegados.
“No te imaginas cómo los dejan” -le decían los pajarillos-.“Están pelados, deformes, desfigurados, enfermos... sin vida. Con decirte que nosotros casi ni nos acercamos a ellos. No solo porque no encontramos refugio y acomodo, sino porque nos parece que podemos dañarlos aún más con nuestra presencia”. “Nada, tú tranquilo, seguro que este año también te libras”. Pues no, en esta ocasión, las manos asesinas también pasaron por él. Cortaron aquí y allá, recortaron y volvieron a cortar. Parecía que no se cansaban, que no iban a terminar nunca... Las protestas del pobre arbolillo de nada sirvieron; no escucharon sus quejidos, sus protestas, sus súplicas... No vieron sus lágrimas correr por el tronco desnudo.
Ahora, ahora podía comprender todo lo que los pajarillos le habían estado contando y podía sentir todo el sufrimiento que sus hermanos sentían.
Sin embargo, una nueva sorpresa esperaba a este simple naranjito. Tan solo cuatro, o cinco, o seis días después una nueva agresión -y esta vez más cruel y brutal y absurda- le esperaba. Fue arrancado del sitio. Sus raíces fueron expuestas al mundo. Su vida le había sido saqueada, arrebatada, extirpada...
Los distintos pajarillos que solían visitarlo se encargaron de hacer conocer su historia. Una historia real, acaecida no hace muchos días en la zona del llamado “solar de los maestros” y con motivo de la construcción de un bloque de viviendas. El pobre consuelo de estos pajarillos es que saben que habrá algunas personas -solo algunas-, que echarán de menos, y recordarán, a este simple y solitario naranjito.
Loles Martínez Cervantes

































Rebelderota | Domingo, 21 de Febrero de 2021 a las 18:00:42 horas
No solo en el solar de los maestros , ya vimos lo que hicieron con los naranjos de la calle charco que ninguno ha sobrevivido.
Este es el PSOE que se dice ecologista pero es todo lo contrario, su nefasta labor con la concejalía de medio ambiente lo demuestra .
A ver si dimite alguien en el PSOE por estas cosas.
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