La juventud en el movimiento 15-M
Hacía falta que se hubiese desencadenado un movimiento tan ilusionante como Democracia Real ¡Ya!, para que todos los esquemas que se estaban formando sobre la juventud saltaran rotos por los aires.
Durante muchos años la indolencia y el conformismo han ido transformando una sociedad comprometida y responsable en un ente egoísta y despreocupado por todo aquello que no rindiera culto al propio ego o a su interés material. Ha sido una época en la que esperábamos que todo nos cayera del cielo, como el mitológico maná de los israelitas, concretamente de los gobiernos que según proximidad ideológica fueran desgranando avances sociales y económicos, para los más concienciados, o incluso, favores personales de toda índole, para quienes tenían otras miras.
Como consecuencia de ello juzgábamos a la juventud con una serie de tópicos que, con el devenir de los últimos acontecimientos, se han demostrado injustos.
Parece difícil evitar que deseemos que la sociedad sea como a nosotros nos gustaría; pero por ello no ha de ser así. La juventud, sin apenas esperanzas, veía el horizonte sin perspectivas de futuro: una sociedad que no ofrece a los jóvenes trabajo, que no les valora su preparación, que les desprecia su manera de divertirse, que les critica su falta de compromiso y su postura acomodaticia y carente de respuesta. Ante todo ello no resulta fácil reaccionar y mucho más cuando creíamos que ni ellos mismos esperaban nada de sí, menos aún el resto de la sociedad.
En cambio, volviendo al principio, cuando sus ansias por acabar con todo este lastre, provoca que la juventud muestre su reacción, la reacción se traduce en un verdadero renacer de la esperanza, en un baño de ilusión, tanto para ellos, como para todos los que hemos recuperado la confianza en que esta sociedad, que creíamos inamovible, cerrada y castrante, se convierta en crítica, renovadora, moderna, justa y comprometida.
Todavía ignoramos cuánto durará y qué consecuencias traerá el despertar de la juventud, pero por el mero hecho de ser capaces de romper todos los tópicos que se habían instalado en nuestras conciencias sobre ellos, se ha de valorar de más que positivo.
Una repentina ola, un tsunami de reivindicación social que no se limita a necesidades próximas, sino que cuestiona todo el rígido establishment, que pone el acento en los problemas más graves y busca soluciones justas para los problemas más acuciantes: el paro, la corrupción, la dictadura de los mercados, el sometimiento de los poderes públicos al capital, la grandísima dificultad de conseguir una vivienda, la injusticia de perder una casa y seguir pagando la deuda, la carencia de participación ciudadana en la vida pública, la discriminación, la manipulación de los medios de comunicación, ...y tantos etcéteras.
Todo esto demuestra que la juventud ha despertado y que con ello nos hace soñar. Puede que todavía sean pocos los miles que se contabilizan, pero estamos convencidos y necesitados de que esto solo sea el principio. En cuanto a las cifras, habría que ver cómo se explica para quienes conocemos estos lugares, como 35.000 Indignados abarrotan la Puerta del Sol y tienen que estar en las calles próximas, si eran más de 600.000 los que todavía dejaban claros en la Plaza de Oriente en los viejos tiempos, o los más de un millón de la Plaza de Colón. ¡Qué difícil es contar con objetividad! Me parece que la geometría y la geografía , no cuadran con la estadistica. No me extraña que en el Informe PISA nos suspendan las matemáticas.
Manuel García Mata

































Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.27