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Carlos Roque Sánchez
Sábado, 12 de Septiembre de 2020

"El joven inventor’", de Oscar Wilde

[Img #136932]Una manita son las veces ya, sin contar ésta, en las que le he traído a estos predios una ‘Opinión’ sobre el escritor, poeta, ensayista y dramaturgo dublinés. Una particular corriente de juicio que empezó justo hace un par de años, pues fue el 15 de septiembre de 2018 cuando salió a la luz periodística digital roteña ‘Oscar, siempre Wilde’, incluyendo el cuento de ‘La resurrección de Lázaro’, y al que no tardaron en seguir ‘La actriz’, ‘Presencia de ánimo’, ‘El poeta en el infierno’ y ‘La ilusión del libre albedrío’. Un Oscar Wilde cuentista, una faceta literaria más, de obligada lectura y al que hay que frecuentar si realmente queremos conocer su talento en toda plenitud porque, además de lúcido escritor, el irlandés fue un gran orador como así se mostraba y demostraba cada vez que en las tertulias y charlas con amigos y conocidos tomaba la palabra. Algo que hizo a lo largo de toda su vida, deleitándolos con sus extraordinarias narraciones orales en las que la temática y el estilo eran de lo más variado y curioso. Oscar era amante de los relatos tristes, religiosos, sociales, irónicos, satánicos, hedonistas, y sus antónimos, a partes iguales. O sea.


Sirvan de botones de muestra de lo que le digo: ‘La rosa de la infanta’, ‘El hombre que sólo podía pensar en bronce’, ‘La casa del juicio’ y uno muy curioso, ‘El ojo de vidrio’, un precioso relato sobre un hombre rico, un mendigo y un ojo de cristal con un final de esos que dejan a uno con la boca abierta. Sin olvidarnos de la maravilla que es ‘El espejo de Narciso’, la ironía que se desprende en los relatos titulados ‘El joven derrochador’ y ‘El joven inventor’, siendo por otro lado encantador el cuento ‘La moneda falsa’ que trata sobre la esperanza, ese estado de ánimo para unos y virtud teologal para otros. Un cuento en el que Wilde cuenta cómo un hombre sin recursos económicos encuentra en determinadas circunstancias una moneda de oro que le cambiará la vida, naturalmente hay que leer el relato, y hasta el final, para conocer la forma en que lo hace. Como puede ver la temática es variada y hay casi de todo, como en botica, no en vano el autor era un ingenioso conversador y un profundo diletante, dueño de una vasta cultura y de un alto sentido de la belleza. Genio y talento. Y aunque su obra es una constante celebración de la vida a la luz del arte, él en realidad es un gran representante del decadentismo finisecular. No olvidemos que llegó a decir en cierta ocasión, que la gran tragedia de su vida había consistido en haber puesto su genio en la vida y sólo el talento en sus obras. O sea que.


Para acabar le dejo con ‘El joven inventor’, uno de los cuentos irónicos. ‘Un joven inventó una butaca de teatro que economizaba espacio mediante ingeniosos dispositivos. Un amigo suyo invitó entonces a veinte millonarios a una cena para que lo conocieran y para tratar de interesarlos en el invento. Durante la cena, el joven logró convencer a los millonarios al demostrar que el ahorro de butacas, en un teatro normal, se elevaba a seiscientas. Todos mostraron su entusiasmo y sus ansias de convertirle en millonario. Sin embargo, para su desgracia, el joven continuó calculando el ahorro anual en todos los teatros del mundo, en todas las iglesias del mundo, en todos los parlamentos, y por fin, llegó a estimar los efectos morales y religiosos asociados al invento, hasta que, pasada una hora, obtuvo como resultado una ganancia de muchos miles de millones. La consecuencia fue, por supuesto, que los millonarios recogieron sus bártulos y se escabulleron en silencio, dejando marcado de por vida al arruinado inventor’. No hay ninguna duda de que el escritor contribuyó a reintroducir la tradición oral en la literatura victoriana, a perfeccionar el arte del diálogo en sus escritos críticos y a representar el poder de la oratoria en sus juicios, siendo estos algunos de los pilares en los que se basa su genialidad única. De él, el vibórico Borges llegó a escribir: “Leyendo y releyendo, a lo largo de los años, a Wilde, noto un hecho que sus panegiristas no parecen haber sospechado siquiera: el hecho comprobable y elemental de que Wilde, casi siempre, tiene razón”, y si lo decía el bonarerense, quien es uno. O sea que sí.

 

CONTACTO: [email protected]
FUENTE: Enroque de ciencia

 

 

 

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