El Pazo de Meirás
Haber nacido en el seno de una familia perteneciente al bando de los vencedores de nuestra guerra civil es una suerte. El hecho ha deparado para estos sujetos toda una serie de fortuna, estudios y títulos.
Los “don” y las “doñas”, de golpes de pecho y misas diarias, prevalecieron sobre los desamparados y los miserables durante más de una generación. Habían estado a cubierto bajo “el palio” de los fascistas, lo que les proporcionaba seguridad y bienestar. Todo el Poder y la Ley estaban en sus manos. Hasta Dios (perdón, quise decir la Iglesia) estaba de su parte.
La derrota de sus aliados en la Segunda Guerra Mundial (Hitler y Mussolini) sólo supuso para ellos (para los vencedores de la guerra fratricida) un ligero cambio en sus costumbres. Evitar el saludo fascista para que el resto de los países nos mirasen con simpática curiosidad no suponía un sacrificio demasiado grande. Cambiar el tono azul de las camisas tampoco era tan grave, pensarían los lumbreras de la dictadura. Cambiar de camisa es una estrategia empleada con demasiada frecuencia a lo largo de nuestra Historia más reciente, aunque hay que recordar que los “chaqueteros” han existido siempre.
Muere el dictador. Durante los meses siguientes, solo unos pocos siguen asidos a los emblemas dictatoriales Los más optan por modernizar políticamente este país nuestro. La sociedad se “llena” de demócratas. Los procedentes del extranjero, de la clandestinidad y de las cárceles, se entremezclan con ex fascistas y sus correspondientes descendientes que han optado por montarse en el nuevo tren, auto aplicándose estos una especie de eugenesia ideológica. Se aceptó. Fue la Transición Democrática. Un grupúsculo, sin embargo, se resiste aún a dejar los distintivos fachas.
Pero, ¡ay!, la deuda democrática no se zanja en ese momento. Los fascistas españoles, increíblemente, crean una fundación en nombre del dictador. Los poderes públicos, el Estado, subvencionan con dinero de todos los españoles dicha institución. Digo deuda democrática porque en Alemania e Italia es inconcebible una fundación para loar a Hitler y Mussolini, respectivamente. Parece que, por fin, se ha planteado su prohibición en base a la Ley de Memoria Democrática.
Años más tarde, se corrige el déficit democrático de mantener los restos del dictador en la basílica que él mismo ordenó construir a base, en su mayoría, de mano de obra de los vencidos en régimen de semi esclavitud, y estos son trasladados. Acompaña el evento un reducido grupo de falangistas. Y eso que el dictador se la jugó a estos en un determinado momento de su mandato.
También se ha corregido que el Pazo de Meirás, el latrocinio que fuera residencia de verano del dictador y que pasó en heredad a sus descendientes, haya pasado a formar parte de las propiedades del Estado desde hace unas semanas.
En este país nuestro romper amarras con uno de los periodos más negros de nuestra Historia resulta complicado. A ello ha contribuido que la derecha ideológica ha estado unida al cordón umbilical del franquismo durante demasiado tiempo. Algunos no pueden olvidar de dónde vienen. Será por eso.












Luis | Jueves, 17 de Septiembre de 2020 a las 12:33:59 horas
Incrédulo, ese es el problema de los politicos, por eso la mayoría de las personas ya no creemos en ellos. Todos se portan igual. Todo se resume en un quítate tú para ponerme yo. Si ciritcas algo porque está mal no lo repitas tú porque estará igual de mal. Por eso los politicos tienen credibilidad 0 salvo para aquellos fanáticos de un extremo u otro como por ejemplo el señor Franco.
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