Aniversario oportunista. “Buena suerte, Mr. Gorsky” (1)
Es puridad es como tendría que haber redactado la primera parte del título, en el gramatical número plural, pues hasta cuatro referentes temporales le pongo negro sobre blanco en estas agosteñas líneas sabatinas. Me explico. Tal día como mañana 23 de agosto, pero del verano pasado, entonces cayó en viernes, tuve el honor y el placer a partes iguales de impartir en el Salón multiuso del Castillo de Luna, la charla-coloquio que llevaba el inquietante y breve título de ‘¿Estuvo el hombre en la Luna?’ y el más explícito y largo subtítulo de ‘Ciencia, mitos y pseudociencia del primer alunizaje humano’.
Una actividad enmarcada dentro del ciclo cultural que cada año programa la roteña Asociación Foro Plural ‘Torre de la Merced’, y que en esa ocasión tuvo la deferencia de contar con un servidor de usted, siendo más que amablemente presentado por Prudente Arjona, directivo de la asociación y compañero en labores periodísticas de este diario digital ‘Rota al día’. Es el primero de los oportunismos temporales. Una temática elegida, ya se lo imagina, por la coincidencia temporal (he aquí el segundo) con la celebración del quincuagésimo (50.º) aniversario de la llegada del hombre a la Luna y es que, estará conmigo, hay sucedidos que terminan instalándose, primero, en la memoria inconsciente del individuo y después, en el inconsciente del colectivo humano. Visto así, un nexo por tanto casi inexorable.
Le cuento esto porque, formando parte de esa pretendida intervención divulgadora conté, como supuesta anécdota astronáutica, la que titula la segunda parte de esta ‘Opinión’ de hoy y que, ni decir tiene, no es tan conocida como aquella otra del comandante y su reconocido comienzo ‘Este es un pequeño paso para…’. Una frase más que sabida de todos -hasta cierto punto usual entre astronautas y centro de control, y oída por millones de personas al estar grabada- que, no obstante, cuenta con una sustanciosa intrahistoria, no tan sabida ni por tantos, lo que la hace merecedora de ser contada en mejor ocasión. Algo que estoy dispuesto a hacer si está interesado y me lo hace saber. Pero volviendo a la de marras del titular, sepa que viene a estos predios por la petición que en su momento me hizo un amable seguidor roteño que acudió a la charla, con la intención de poderla leer con tranquilidad en casa. Natural. Por desgracia un inexcusable olvido por mi parte ha demorado este acto hasta hoy, un año desde entonces, y un injustificable retraso por el que casi ni me atrevo a presentarle mis disculpas y mucho menos a pedírsela, lo que no es óbice para que lo aproveche como el tercero de mis oportunismos. O sea. “Good luck, Mr. Gorsky”, la leyenda astronáutica.
Y de ella, de la historia y su cita “buenasuertera”, ya le adelanto que no es tan conocida como la del primer hollamiento lunar, pretende pasar por historia real sin serlo, no tiene nada de usual en un contexto astronáutico y no está grabada ni documentada en ningún lado. Al parecer y, supuestamente, tuvo lugar al término del primer paseo lunar, momentos antes de introducirse en la nave y también la pronunció Armstrong. Ya de la que va, y antes de entrar en ella, aprovecho para el último de los oportunismos. Si las cuentas no me fallan, esta es ya mi ducentésima (200.ª) ‘Opinión’, una lista que arrancó con la que llevaba el prosaico título de ‘¿Por qué los ciclistas se depilan las piernas?’, cuatro años desde entonces en lo que concierne al continente y como quien dice, de la Tierra a la Luna en el contenido. O sea que. Y tras explicar la primera parte del titular (ya sabe que soy marxista, tendencia Groucho y me va aquello de “La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte”), vamos con la segunda, la supuesta frase del astronauta estadounidense: “Good luck, Mr. Gorsky”.
Unas palabras raras, la verdad, para ser emitidas en esos momentos y que pronto suscitaron diferentes preguntas: ¿Realmente lo dijo? ¿Quién era ese señor Gorsky? ¿Por qué lo dijo? ¿Qué significaban? En principio, y como suele ocurrir en situaciones parecidas, sólo hubo silencio oficial o la callada por respuesta. Nadie en aquellos momentos dijo nada ni, por lo visto, sabía nada del asunto al menos en teoría, pero en la práctica, por los mentideros astronáuticos decirse y saberse de él, se decía y sabía. De hecho las lenguas anabolenas no paraban de hablar y lo hacían todas: unas, otras y estotras. Según unas, en la propia Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) se había llegado a admitir que podría tratarse de un comentario real pero intrascendente, una especie de amable saludo, quizás, a algún cosmonauta soviético. O lo que es peor aún, algunos la interpretaron como un mensaje secreto que el primer hombre que pisaba la Luna le daba a la entonces Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas URSS, en plena Guerra Fría con Estados Unidos. Preocupante, pero podría ser. (Continuará)
CONTACTO: [email protected] FUENTE: Enroque de ciencia












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