Ascenso y caída en tres actos
Si el Centro de Investigaciones Sociológicas hace ya bastante tiempo que no pregunta sobre la opinión que la Monarquía les merece a los españoles, creo que va a seguir omitiendo dicha cuestión en las próximas encuestas que vayan a llevar a cabo.
Consideraran desde el CIS que no es el momento de correr riesgos sobre el parecer de los españoles (sobre el parecer de España, dirían algunos) respecto a la Jefatura del Estado. Y es que Juan Carlos I, que tenía que ser el ejemplo de la honestidad, al final ha resultado ser un depravado, y no solo en cuestiones amorosas por lo que se destapa.
Ni siquiera los más fervientes monárquicos de este país nuestro pueden defender lo indefendible: el proceder del Emérito. En 2014, cuando abdicó, lo “volvieron a elevar a los altares de la Institución”. Plantearon la abdicación como el medio de salvar a la Corona y, de paso, superar la “metedura de pata” cometida. En aquellos momentos, a pesar de los retoques, quedó como “enemigo” para los jóvenes animalistas de este país (que no son pocos) por su posado de cazador de elefantes; y como un verdadero “machista”, aunque este asunto se ha tratado muy de pasada.
Parecía que aquel enunciado de disculpa (“lo siento mucho. No volverá a ocurrir”) ponía punto y final a aquella página que pintaron de color rosa pastel.
Y “volvió a ocurrir”. En realidad, ya estaba ocurriendo. Desde luego no se sirve a España amasando dinero en paraísos fiscales y ocultando a Hacienda (que somos todos, ¿no?) sus ingresos al margen de los asignados dentro de los Presupuestos Generales del Estado.
Que la Constitución recoja en su artículo 56.3 que “la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad...”, ello no debería ser óbice para que la cantidad que recibe de las arcas del Estado sea conocida por la ciudadanía española con todo lujo de detalles. Transparencia, se llama.
De su abuelo, Alfonso XIII, se dice que pasó su exilio, tras la huida de España por el resultado de las elecciones municipales del 14 de abril de 1.931, en hoteles de lujo de diferentes ciudades europeas que pagaba gracias al dinero depositado previamente en cuentas bancarias suizas. Otro que tampoco declaraba al Fisco “todo lo que ganaba”.
Esto puede convertirse en un “deja vu” de nuestra Historia. Va camino de ello, solo que esta vez, el monarca es emérito.
Si durante años se ha vendido que Juan Carlos I era la imagen de España en el exterior, hoy se puede asegurar que ese modelo ha quedado en entredicho. Ascenso y caída en tres actos, podría titularse la obra. Pero el autor, director y protagonista de la obra es solo él.












Justino "Tomasito" | Viernes, 14 de Agosto de 2020 a las 21:22:39 horas
Pensaba que este ex-concejal famoso por ser el más cansino porta-carpetas bajo brazo por todo el pueblo y también uno de los más breves concejales gobernantes comunistas que hayan pasado por el Consistorio roteño y escribidor de libelos y panfletos en "cartas al director" de este diario local web,ahora nos sorprende (bueno,mejor nos asombra)como articulista de la sección "Opinión".Veo de nuevo que en esta sección sigue erre que erre con su martillo comunista y extremista pilón,machacando una y otra vez nuestro actual orden constitucional ya que su defenestrado rey emérito todavía no ha sido ni investigado.Ya sé que con esa ilusión y otras aún mas aviesas se va a dormir cada noche,pero no se preocue y no se ponga todavía nervioso que para instaurar la III República bananera española,todavía hay que votar unas cuantas veces y con lo mayorcito que es ya usted lo mismo no consigue ver la tierra prometida y le pasa lo que a Moises.En fín,no quiero enrrollarme más y darle por hoy más caña.Salud camarada,ahora no hay trincheras pero hay casas que "okupar"...a por ellas!!!
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