"La ilusión del libre albedrío" de Oscar Wilde
La obra. La narración de hoy es una extraordinaria mezcla de ciencia, creencia e ironía. Y, ¿a quién se le ocurre unir uno de los dos pilares de la física clásica, el electromagnetismo, con una doctrina filosófica como la que subyace tras el concepto de la libre elección, se preguntará usted? Pues naturalmente sólo a un genio, en este caso el irlandés Oscar Wilde (1854-1900) y su arte de conversar. Les dejo con él.
‘Érase una vez un imán que vivía cerca de unas limaduras de acero. Un día, algunas de las limaduras más pequeñas sintieron una repentina necesidad de visitar al imán. Sin embargo, ya que las limaduras adultas eran realmente muy estrictas, las pequeñas no tenían permiso para salir por su cuenta. Así que trataron de convencer a las limaduras adultas para que las acompañasen a visitar al imán.
Al escuchar su plan, los adultos se emocionaron tanto que llamaron a todos los amigos y parientes que vivían en el barrio vecino, y, reunidos por fin, comenzaron a discutir sobre cuándo exactamente deberían ir. Las limaduras más pequeñas, que para entonces estaban ya muy impacientes, protestaron:
- ¿Por qué no vamos hoy?
Pero algunos de los más indolentes y viejos opinaban que era mejor esperar hasta la mañana siguiente.
Sin darse cuenta, mientras conversaban sin parar, se habían puesto cada vez más cerca del imán. Mientras seguían con la discusión sobre el momento de emprender su largo y arduo viaje, se aproximaban más y más. El imán, que llevaba un rato observándolas, yacía en su sitio sin moverse, fingiendo que no se daba cuenta de que estaban allí.
Y cuanto más discutían la cuestión, más crecía en las limaduras el deseo de visitar al imán, hasta que las más pequeñas, que para entonces consideraban que su espera había sido suficiente, declararon que se iban. Para su asombro, la más vieja de las limaduras estuvo de acuerdo, e incluso se le oyó decir que era su deber visitar al imán de inmediato. Así que finalmente prevalecieron las limaduras más pequeñas, y todas exclamaron en voz alta:
- ¡No hay por qué esperar! ¡Iremos hoy! ¡Iremos ahora!¡Iremos de inmediato!
Así, formando un solo cuerpo, todas las limaduras cruzaron el aire volando y en menos de un segundo se adhirieron fuertemente a cada lado del imán.
Una sonrisa iluminó entonces el rostro del imán, que comenzó a reírse por lo bajo, para sí mismo. Y es que incluso ahora que se hallaban pegadas a su cuerpo con tanta fuerza que les era imposible moverse, las limaduras le dejaban entender por su conversación que seguían considerando aquella visita un producto de su libre albedrío’.
¿Cómo lo ven? Lo de la ciencia y la creencia parece evidente, pero, ¿hay ironía o no?
El autor. No olvide que hablamos de uno de los grandes mitos de la literatura europea, conoció el éxito desde sus comienzos gracias al ingenio punzante y epigramático que derrochó en sus obras, y casi siempre lo utilizó para fustigar a sus contemporáneos. Un hombre al que le perdía, entre otras, esa luminosa reputación de persona de gran ingenio que le precedía, en realidad y con el tiempo una sombra negra y alargada, demasiado alargada y negra, incluso para él. Un tipo que detestaba a la prensa, capaz de aseverar que el periodismo justifica su propia existencia, en virtud de la darwiniana teoría de la evolución biológica a través del mecanismo de la selección natural (‘El origen de las especies’, 1859). Un método que nos dice que sólo sobreviven los organismos que mejor se adaptan a su entorno, y no los más fuertes, un error compartido por muchos mal informados. En el caso del periodismo él asociaba la supervivencia a los mediocres, a los más vulgares, una mayoría por la que sentía especial rechazo. Buena prueba de lo que le digo es cómo solía despedir a los entrevistadores, con la retadora provocación: “Espero que me tergiverse, joven”. Y es que, en el fondo, Wilde consideraba que siempre merecía la pena formular una pregunta, aunque no siempre valiera la pena contestarla. En una ocasión respondió a la clásica y consabida pregunta de cuál era su lectura favorita, diciendo que nunca viajaba sin su diario, ya que siempre había que tener algo sensacional que leer en el tren. Y en otra le espetó a un periodista: “Estoy seguro de que tiene usted un gran futuro en la literatura… por lo mal entrevistador que parece ser. Estoy convencido de que debería escribir poesía. Ciertamente, me gusta mucho el color de su corbata. Adiós”. Cosas del talento.
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FUENTE: Enroque de ciencia












Hermano Lobo | Sábado, 18 de Julio de 2020 a las 14:28:59 horas
Siempre interesante.
En esta ocasión, gracias, gracias por haberme hecho desempolvar muchos recuerdos. Tengo, y he releído, las obras completas de Oscar Wilde. Es el autor que más sonrisas, incluso alguna carcajada, me ha levantado por su ingenio. Es el cinismo, aderezado de humor, en estado puro.
En más de una ocasión, he seguido su consejo de que "la mejor forma de combatir una tentación es..."
Saludos.
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