La única verdad (Parte I)
En esta sección publicamos capítulos del libro "Desde los pinares de Rota" (Relatos y cuentos), escrito por el roteño Prudente Arjona que gentilmente lo ha cedido para compartir con los lectores de Rotaaldia.com. El autor, quiere simplemente que se conozcan las historias populares que describe y en esta sección de Opinión semanalmente se irán publicando.
LA ÚNICA VERDAD
“La única verdad es la muerte, pero pensar en ello, es una vulgaridad”
¡Uf! Qué semanita; Examen tras examen... Pero el próximo lunes tengo mi último parcial con el que espero terminar la carrera. Bueno, eso será si el cabroncete de mi profe, no dice lo contrario. Pues vaya hijo de su madre. Con este individuo no consigo aprobar nada. Pensaría que la tiene tomada conmigo, pero no es así puesto que se porta de la misma manera con el resto de mis compañeros y compañeras.
El otro día me sopló mi amiga Sara, que se había enterado de que su traslado de la Complutense de Madrid a nuestra universidad de Salamanca había sido por un problema de faldas. Al parecer se enrolló con una alumna de último curso y al final, la mujer, profesora también de la misma Facultad se enteró y le puso las maletas en la puerta y de patitas en la calle y también tuvo que salir por patas de Madrid, puesto que la familia de la chica presentó una queja al Rector y éste le aconsejó que debería cambiar de Universidad antes que la cosa fuera a mayores.
Lo cierto es que vino a caer en Salamanca por un enchufe y para colmo lo nombran adjunto a nuestro querido profesor titular, el Catedrático, don Ricardo Mesa, que es una bellísima persona; serio, responsable y sobre todo muy humano. Cosa que no tiene nada que ver con este hombre encarado, frío y distante que parece que disfruta puteando a sus alumnos. Menos mal que ya acabo y a don Servando Casaseca, profesor adjunto de literatura, le pueden ir dando porculo, con todos sus... problemas y excentricidades.
En fin, hoy sábado me dedicaré por entero a preparar el examen del lunes. El domingo me relajaré para estar fresca como una rosa, para enfrentarme al Casaseca de los cojones, a ver si tiene suerte, liga este fin de semana, y llega a clase alegre y con mejor predisposición como para aprobarnos a todos.
Marisa caminaba sin pretensión alguna de comprar nada en el mercadillo de los domingos, más bien aquel paseo la relajaba escuchar a la gente regateando los productos expuestos. El trasiego de personas bajo un día soleado con olor a café recién hecho y de fondo, la música de un improvisado violinista que tocaba y machacaba una melodía indescriptible.
Al llegar a una de las esquinas, había varios vendedores de libros viejos, se acercó a ojear algunos títulos. La mayoría estaban deteriorados y sucios. Parecía que habían salido de un incendio o del derrumbe de una casa. Tras revisar algunos de ellos y sacudirse las manos del polvo que envolvía las obras, dio media vuelta para seguir su camino, pero el lomo de un volumen tamaño bolsillo le hizo pararse y releer aquel título que le llamó la atención, en cuyo lomo que colgaba a manera de pancarta pendida sólo por uno de sus extremos, leyó, “VERITA”, O LA ÚNICA VERDAD. El título la atrajo. Extrajo el escuálido librito de entre los demás y sus dedos estrujaron las dos cubiertas, dándole la impresión a Marisa que estaba falto de páginas. La chica pensó que sería un volumen, que por haber sido pegada y no cosidas sus páginas, muchas de las hojas se habrían despegados y perdido. Luego comprobó que no era así, y se marchó para su piso con unas ganas tremendas de investigar sobre el mismo.
Al contrario de lo que pensaba Marisa, el libro había sido cosido y las páginas que faltaban fueron voluntariamente arrancadas bruscamente, dado que se veía perfectamente que aquellas fueron, bien, desgajadas aleatoriamente, bien habían sido seleccionadas porque tal vez la información que guardaba dichas hojas, no interesaba que las leyera nadie.
Pagó el par de euros que el vendedor -con cara de haber hecho un buen negocio- le pidió a Marisa, y ésta puso rumbo a su piso con ganas de desentrañar los misterios que encerraban aquel misterioso libro, como cuando te dan un regalo que no conoces y estás deseoso de romper su envoltura. Subió los escalones hasta el segundo piso, y tras tomar una cola y un paquete de patas, se dispuso a escudriñar las tripas de aquel desvencijado y enclenque tomo. Lo primero que advirtió fue que efectivamente le faltaban muchas páginas, pero que estas habían sido seccionadas en casi todos los capítulos del tomo, aunque en verdad en el centro y al final, la ausencia de hojas era mucho mayor.
Encendió su portátil y lo primero que hizo fue buscar le palabra con la que titulaba el libro; “VERITA” -conseguido- era la consigna o lema de la Orden Dominica, fundada por Domingo de Guzmán en 1216. Su definición; “La Verdad”.
Aunque el título me resultaba chocante, puesto que parecía querer decir, que el libro contenía, no solo la verdad, sino, la única... Pero, yo me preguntaba, ¿cuál es la única verdad de las verdades? El misterio aumentaba, pues, la ausencia de páginas le impedía una correlación entre salto y salto, así que Marisa decidió comenzar la lectura anotando en un blog las incógnitas que se le iba presentando.
La chica se tomó todo el interés en descubrir el secreto -que no pudo- puesto que la ausencia del texto completo se lo impedía, comenzó con unos bostezos en serie. Marisa sintió un pellizco en el estómago. Entonces se dio cuenta de que no había ingerido alimento alguno, a parte de la cola y las patatas fritas. No obstante, ya había descubierto parte del contenido del libro, por lo que aparcó el maltrecho ejemplar sobre la mesa y estirándose a lo largo del sofá, hizo una meditación sobre todo lo avanzado durante la tronzada lectura y con el convencimiento de que una vez realizada la reflexión, debía dejar aparcado su trabajo de investigadora y dedicarse por entero a plantearse el examen del día siguiente, que en realidad ya estaba metida dentro de ése próximo día, pues ya había pasado quince minutos de la madrugada del lunes.
Como me temía, don Ricardo Mesa, el profesor titular continuaba enfermo, por lo que mi antipático adjunto llevaba las riendas de mi último parcial, que, aunque para mí lo bordé, para don Servando, le buscó algunos pespuntes sueltos, suficiente para echarme para atrás mi pulcro examen. Luego comprobé que nadie aprobó y que yo, como único consuelo -de tonta- había conseguido cuatro con nueve. O sea, que por una décima de punto no me había aprobado, el muy bastardo profesor. La verdad es que tenía malas ideas el amargado enseñante.
Volví a casa malhumorada y me eché sobre la cama, mientras gruesas lágrimas empapaban la colcha, hasta que me quedé dormida. Me despertó el teléfono. Era mi Amiga Sara, que, al escuchar el tono de mi voz, adivinó que me habían suspendido.
—No te preocupes mujer, hay cosas peores -intentó animarme Sara- al final quedé con ella para comernos unos sándwiches, que, mientras masticaba, descargaba toda mi cólera y mi bilis contra el maldito profesor.
—Te voy a dar una buena noticia -aseveró Sara- me ha asegurado Teresa, la secretaria, que mañana se reincorpora don Ricardo, así que le pides que te revise el examen y encuentre la décima de nota que te falta.—No, no lo creo, porque don Ricardo, aunque tiene suficiente potestad como profesor titular y Catedrático que es en modificar las notas o lo que le venga en ganas. Él no le quitará la autoridad al infeliz ese.
—Pero si se lo pide, aprovechando que le caes muy bien y que por justicia te corresponde, estoy segura que podría hablar de profesor a profesor y reconsiderar la puntuación, teniendo en cuenta que es tu último parcial…
—Sabes que te digo, que lo voy a intentar, pues quiero centrarme en la tesis fin de carrera y no tenerme que llevar todo el verano preparando una asignatura que me la conozco al dedillo —Por cierto, ahora que lo dices, ¿Cuál es el tema que has escogido para tu tesina?, pues recuerdo que desde hace dos cursos ibas anotando asuntos diversos que hasta hoy aún no me has revelado. Sabes que puedes contar con mi colaboración, si es que lo necesitas…
—Pues claro que sí, que contaré contigo, pero eso será cuando sepa por fin hacia donde dirigiré el proyecto.
—Creo que hay pocas personas que una vez hayan finalizado la carrera, ignore de qué va a tratar su tesis.
—Es verdad, pero bien sabes que soy muy exigente y no quiero hacer algo para salir del paso, sino que por el contrario me gustaría encontrar un tema, que incluso me sirviera como argumento o como base de una investigación más exhaustiva.
—Pues no tardes mucho, porque hasta que te aprueben el trabajo, no te dan el título y sin título no encuentras trabajo. Además, sabes que ya se te han agotado las becas y tus papás no están muy sobrados de dinero como para mantenerte mientras que tú te dedicas a pensar en un tema para tu proyecto.
—Sí, es cierto, espero que en unos días repase la lista que anda por ahí y me decida por alguna de las que ya tengo anotadas o se me pueda ocurra hasta entonces.
Las amigas se despidieron y Marisa se llevó consigo dos iniciativas, como tareas para el día siguiente; una, hablar con don Ricardo sobre su último examen y la segunda, pensar seriamente sobre su tesis, que a lo mejor don Ricardo le sugería alguna idea interesante. Se tiró a todo lo largo en el sofá y comenzó a cavilar mirando los reflejos que la lámpara del saloncillo garabateaba el techo con sus figuras lumínicas.
Marisa no conseguía centrarse, así que, como quiera que no lograba formarse una idea donde jalonar su proyecto fin de carrera, decidió prepararse una infusión de camamila, al objeto de leer un poco hasta que le entrase sueño.
Comenzó a desvestirse, se lavó los dientes y tomando la taza con la infusión se encaminó al dormitorio. Puso una almohada sobre el cabezal y alargó el brazo para tomar la novela que estaba leyendo, pero al posar su mano sobre la portada, se dio cuenta de que la textura no era la que conocía, volvió la cabeza intrigada y al momento se dio cuenta de que se trataba del libro que había comprado el día anterior en el mercadillo de la Plaza. Una sonrisa se le perfiló en sus labios, pues con el problema del examen había olvidado por completo el asunto del misterioso libro. Así como, a las conclusiones que había llegado. Recapituló mentalmente los datos reunidos llegando a la conclusión siguiente: Primero, el libro en cuestión es un facsímil escrito por una o un tal, Trinidad Asenjo Mejías, y digo uno o una, porque el nombre de Trinidad puede ser usado tanto para hombre, como para mujer. Por otra parte, esta persona recoge una historia que sucedió en época del medievo, cuyo protagonista fue un Padre Dominico que al parecer dijo tener en su poder la prueba de la verdad única y absoluta y que por considerarse su revelación como una herejía, este sacerdote fue juzgado y condenado por la Santa Inquisición, pero como quiera que en el Comité condenatorio se encontraba representado también, miembros de la Orden Dominica, añadiéndosele la condición de religioso, se le castigó con encierro perpetuo en una celda de la propia Comunidad Dominica, nombrando a un anciano Padre, la custodia del condenado. Parece ser, que el Fraile encarcelado escribió sus conocimientos, revelaciones y verdades -según su criterio- para lo cual, su fiel guardián le facilitó un papel especial muy fino, procedente de la escribanía del Convento, donde el reo reflejó sus confesiones. Pero que, a su vez el carcelero, escribió un diario, recogiendo todo aquello que entendía de interés en la vida de aquel santo custodiado -como así lo sentía él.
Como todas, esta historia están llena de misterios y aparece otro postulante en escena, él, o la tal Trinidad, en el siglo diecinueve -según la fecha de impresión del libro, así lo reseña- el cual se hace con la información de ambos PP Dominicos y escribe el libro que posa en mi mesilla de noche. Pero hay algo más, se trata de un trozo de cartón a manera de marcador de páginas, donde se encuentra anotados una serie de números y letras, que a primera vista no dicen nada, pero que podría ser la clave de todo este embrollo, al que para liar más la cosa, hay que añadirle una frase con letras pequeñas que corona signos y las letras, y que se puede leer: “encuéntrame”. Seguramente, quién dejó esa pista hizo desaparecer voluntariamente las hojas que faltan del libro.
Marisa se llevó consigo para acompañarle en el sueño, aparte de todas esas incógnitas, el contenido misterioso de esa gran verdad, pues quedaba en el aire, al igual que todo el cúmulo de interrogantes, saber de donde consiguió esa verdad, quién se la administró, qué o quién le garantizaba que su verdad era la única, real y auténtica, etc. etc.
A pesar de llevarse toda la noche dando vueltas en la cama, Marisa se levantó muy temprano con el fin de llegar a la Universidad antes de que el profesorado comenzara las clases, pues conocía muy bien a don Ricardo Mesa, que era el primero en aparecer por la Facultad cada día, y aunque se encontraba convaleciente, seguro que eso no justificaría seguir apareciendo antes que nadie a la Facultad. Y así fue, nada más aparecer en el Campus, desde lejos comprobó que, efectivamente, la luz de su oficina estaba encendida.
La chica golpeó suavemente con los nudillos, respondiéndole una voz
enérgica, ¡adelante!, Marisa se adentró en el despacho y en ese momento se quedó pasmada, ya que no era don Ricardo Mesa a quién se encontró, sino al profesor adjunto, don Servando Casaseca, que se quedó igualmente sorprendido.
—¿Qué desea Vd. -la joven no sabía si decirle la verdad, o seguirle el juego replicándole que había ido a verle a él para que hiciera el favor de repasar su examen, por si encontraba la décima de nota que le faltaba para acabar su carrera, -al fin reaccionó, optando por la segunda propuesta.
—Vera Vd. Don Servando, no si sabe que para terminar mi carrera depende sólo de una décima de la nota que usted me puso en el examen y esto implicaría para mí un problema, pues ni tengo dinero de la beca para permanecer tres meses más en Salamanca hasta que convoque usted un nuevo examen, ni mis padres disponen de medios económicos que puedan costearme la estancia, dado que son humildes temporeros.
—Eso no me concierne a mí, Señorita, la Universidad no es una ONG, aquí aprueba quien trabaja y suspende quien no lo hace. Los sentimientos no cuentan -Marisa explosionó:
—Le daría la razón si algunos de sus alumnos aprobaran, pero se ve que casualmente solo aprueba a dos chicas, que por cierto también, son las peores estudiantes de la facultad. Y eso lo sabemos todo el alumnado. Lo que ocurre es que Vd. es una persona sin corazón y un amargado, que paga y descarga su odio con sus alumnos.
—¡Cómo se atreve a faltarme el respeto! ¿Sabe qué le digo?, ¡que mientras esté yo aquí, usted no acabará nunca la carrera!
En ese preciso momento entraba en su despacho don Ricardo Mesa, el profesor titular quien, al escuchar la afirmación de su profesor adjunto se dirigió a él totalmente indignado.
—¿Es cierto eso que acabo de escuchar, o está usted de broma, señor Casaseca?, ¡cómo puede decirle a una alumna, que no la aprobará jamás! Siento mucho tenérselo que decir delante de una alumna y más cuando es ella la afectada. Pero está usted totalmente equivocado, así que deme una razón que justifique su sentencia.
Don Servando, el profesor adjunto, se quedó de piedra, pues no advirtió la entrada en el despacho de don Ricardo Mesa y mucho menos esperaba su tajante comentario. -Ante el silencio de éste, don Ricardo se dirigió a Marina, pidiéndole le explicara cual había sido el motivo para que don Servando le amenazara de aquella manera.
Marisa, un poco descompuesta por la escena que estaba viviendo, le explicó punto por punto a don Ricardo Mesa su situación, a lo que éste le planteó:
—Bien, señorita, váyase a clase y esta tarde venga a verme a las seis, y usted también puede marcharse, señor Casaseca.
—Señor Mesa, espero que no le dé usted la razón a esa niñata que solo busca sacar su carrera por la cara y sin dar un palo al agua. Pues no faltaría nada más que eso…
—Señor Casaseca, debería usted cuidar su lenguaje. Sepa también que lleva en esta Universidad tres meses escasos y por ello no conoce a sus alumnos. Por el contrario, yo sí sé de cada uno de ellos su vida y milagros y sé también de sus dificultades económicas y de igual manera conozco quien trabaja y quién no. Pero precisamente la señorita Marisa Samalea, a sus veinticuatro años, ha sacado dos carreras; Derecho y Filosofía y Letras, puesto que la décima de nota que le falta, si usted no se la va a dar, se la daré yo y no sólo porque tenga facultad para ello, sino porque por justicia se lo merece. –y tras una breve pausa continuó:
—Usted dice que no da un palo en el agua, pues yo le contesto, que ha sacado matrícula de honor en todas sus asignaturas y cinco laudos y que gracias a ello, todo su estudio lo ha conseguido con gran esfuerzo a base de becas. Además le diré otra cosa, ha sacado estas dos carreras hacia delante, porque su objetivo es el de ser periodista de investigación y por ello quiere estar bien formada; Primero, como abogada, luego educándose en Filología Hispánica y para que usted confíe en lo que le estoy diciendo, puede preguntar en la Facultad de periodismo y se enterará de que ya se ha matriculado de cara al próximo curso. ¡Ah!, otra cosa, esa niñata, como la ha nombrado despectivamente, habla perfectamente inglés, francés, y espera hablar alemán cuando termine periodismo.
—Pues, a pesar de todo el jabón que le ha dado usted a esa… chica -no sé si es de su familia o es que tiene algún lío con ella- yo no le voy a conceder la gracia de la décima que le falta; Ni ahora ni nunca.
—Me está usted ofendiendo. ¡Salga inmediatamente de mi despacho, indecente! Ahora mismo voy a hablar con el Rector para que le incoe un expediente disciplinario, porque no es digno de pertenecer a esta Institución educativa. ¡Debería instalarse en una pocilga para darle clase a los cerdos, como usted. ¡Fuera de mi vista!
Una vez que su adjunto se hubo marchado refunfuñando y dejando tras de sí el eco de un portazo, don Ricardo se fue a ver al Rector para denunciar los incidentes ocurridos entre su profesor adjunto, la alumna Marisa Samalea y él mismo.
(Continuará)












Hermano Lobo | Viernes, 25 de Junio de 2021 a las 13:52:46 horas
Interesante camino de apasionante.
Esperando con fruición la próxima entrega.
Saludos.
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