Chunguitos, la mala música y Proust
‘Me quedo contigo’. ¿Qué opina de esta sencilla melodía con aire aflamencado? ¿La cataloga de mala música y la menosprecia o la deja en simple música popular con un cierto valor cultural? Así despedía la última entrega del pasado mes de junio, referente a la archi oída canción ‘Me quedo contigo’ o ‘Si me das a elegir’ -es como mucha gente la conoce al ser ésta la primera frase de cada una de sus estrofas-, perteneciente al éxito musical de principio de los 80 del grupo Los Chunguitos. En mi opinión una bellísima melodía cargada de cierta sabiduría flamenca, que fue y sigue siendo apreciada por buena parte del público en general, incluidos roqueros y poperos por citar algunos en particular. Una rara inspiración de sus autores, Ramos Prada y Enrique Salazar, y un arreglo magistral de Alfredo Doménech que, sin alejarse del habitual estilo aflamencado que se entroniza con las palmas introductorias y unas exquisitas y emotivas guitarras eléctricas, nos conduce hacia el estribillo a ritmo de un pop tan cautivador como comercial, para desembocar en un imprevisible solo de saxo que derrama a raudales ‘feeling’ y sensualidad a partes iguales.
Me parece una maravilla de expresión musical capaz, no solo de llevar la rumba al mismo lumpen de los extrarradios de Madrid, sino de pasearla sin complejos por poblados de chabolas donde rondaba la muerte de la drogodependencia, el dolor carcelario y el amor descarnado, y en cuyas calles convivían por igual payos y gitanos. Bien visto no es más que una forma de escape de la clandestinidad a la que, a lo largo de los 70 y 80, estuvo sometido el flamenco y que, mejor pensado, se inició con ‘Las Grecas’. O eso creo. No pocos exégetas entienden que, así como Camarón, Paco de Lucía o Enrique Morente hicieron del flamenco algo universal (en sentido geográfico), fueron precisamente los Chunguitos, sus hermanas las Azúcar Moreno, los Chichos o Ketama quienes convirtieron en comercial la ‘canción aflamencada’, sirva de ejemplo (ahora en sentido temporal) ‘Si me das a elegir’. Porque de lo que apenas dudo es sobre la larga y variada vida que aún le queda a esta inspirada canción, de la mano y garganta de otros músicos que impedirán que con ella dentro se cierre el baúl de los recuerdos. Al fin y al cabo, dicen, que sólo muere lo que se olvida o se deja de cantar, pues eso. Ya, bien, pero dicho esto, ¿es mala música o no?
‘Elogio de la mala música’. Mucho mejor que lo que yo pueda opinar al respecto, algo por otra parte prescindible del todo y desde todo punto de vista, le traigo a modo de respuesta uno de los ensayos más famosos del francés Marcel Proust, recogido en su primera publicación ‘Los placeres y los días’ (1896). Una recopilación de relatos donde es fundamental la presencia de lo artístico (pintura y música, sobre todo) y más que evidente que su título es un remedo de ‘Los trabajos y los días’, del griego Hesíodo. Bien, pero se preguntará usted, lector y quizás melómano, qué clase de acordes toca el antañón texto francés en este musical ‘Si me das a elegir’ y en estos tiempos de coronavirus que corren. Mejor lo lee, arranca así: “Detestad la mala música, pero no la despreciéis. Se interpreta y se canta mucho más y con más pasión que la buena, de tal forma que se ha ido llenando a poco a poco con los sueños y las lágrimas de los hombres. Que por este motivo os sea venerable. Su lugar, nulo en la historia del Arte, es inmenso en la historia sentimental de las sociedades. El respeto, no digo el amor, a la mala música, es no sólo una forma de lo que pudiéramos llamar la caridad del buen gusto o su escepticismo, es también la conciencia de la importancia del papel social de la música. Cuántas melodías que no valen nada para un artista figuran entre los confidentes elegidos por la muchedumbre de jóvenes romancescos y de las enamoradas”.
Bueno, bueno, bueno pues ya ve la razón de mi inicial silencio. Nada menos que todo un impresionista simbolista como el francés, sosteniendo que la música puede resumir los sueños y las lágrimas de una sociedad, recordarnos lo que somos y fuimos, y celebrar que nunca se acabará el amor, aunque, lamentablemente, tampoco la injusticia. Casi ná, que diría el castizo. Un Proust que, más de un siglo atrás nos redime y exculpa del gusto imperante por lo que, para muchos, es una involución de la calidad musical, un sometimiento de las letras (lloriqueo incesante, grotesco machismo, caricaturesco sufrimiento) y un ridículo empleo de fórmulas elementales (repetición ‘ad nauseam’ de una frase, palabra o sílaba insulsa). Y si lo dice él, quien soy yo para llevarle la contraria. Sin lugar a dudas es del todo injusto considerar ‘Me quedo contigo’ como mala música cuando, al margen de la letra, que tiene lo suyo recuerde ‘Pa ti, pa tu primo’, la melodía por sí sola es capaz de despertar pasiones. Si acaso música popular, como nos dice el autor de ‘En busca del tiempo perdido’, quien por cierto también nos enseñó cómo la percepción del olor no puede evocar un recuerdo de, por ejemplo, la infancia. Sí, me refiero a la magdalena de Proust, un magnífico nexo que no pienso soltar.
CONTACTO: [email protected]
FUENTE: Enroque de ciencia












Juan Bravo | Sábado, 11 de Julio de 2020 a las 17:32:15 horas
Magnífico artículo y magnífica canción!!.
Los años 70 supuso una revolución para el flamenco y para la copla, algún purista aún se está lamentando. Hubo varias vertientes y cada una supo buscar su sitio con un público que no renegaba de una u otra. Por un lado tenemos la revolución de los jóvenes calé nacidos en los suburbios de Madrid fundamentalmente, donde el caballo empezaba a hacer estragos. Las Grecas en 1972 abren la puerta a una infinidad de grupos, entre ellos los Chunguitos y los Chichos. Por otro lado en Sevilla y más concretamente en Triana y en el club Dom Gonzalo de Los Remedios, Los Smash, y su garrotín, abren el cofre del tesoro del rock andaluz con grupos históricos como Triana, Caí, o Alameda ( que buenos recuerdos), que adelantado para la época fue Ricardo Panchón.
Y la tercera vertiente es la rumba catalana, aunque nace en los años 50 con los gitanitos del barrio del Raval, es en los 70, con Peret a la cabeza, cuando tuvo su momento de gloria.
La gente joven de aquellos años abrieron puertas y ventanas de una España en blanco y negro y le dieron color y mucho meneo al flamenco. Grande todos!!
Accede para votar (0) (0) Accede para responder