En ocasiones veo muertos
Rara vez ocurre, pero hay escenas de películas que nos provocan un escalofrío por la espalda y nos ponen los pelos de punta.
Ahí van algunos ejemplos:
En “Algunos hombres buenos”, cuando el coronel Jessep, magistralmente interpretado por Jack Nicholson, es acorralado en un interrogatorio de juicio con jurado militar, le puede su arrogancia y responde: “Por supuesto que ordené un código rojo”.
De fondo una banda sonora sobrecogedora, el sioux pelo al viento, se rompe la caja gritando: “El que baila con lobos, es que no ves que siempre serás mi amigo”. ¡Guau, qué buena!
En “Salvar al soldado Ryan”; el general Sherman mira tres cartas de pésame recién mecanografiadas: tres soldados caídos en combate, los tres hermanos Ryan, y le dicen que el cuarto y último hermano superviviente está en algún lugar de Normandía y dice “Saquen a ese muchacho de allí”.
Pero de todas, mi preferida es la protagonizada por el niño de "El sexto sentido", con cara de no haber dormido en un mes y miedo hasta en los bolsillos, le susurra a un atormentado Bruce Willis: “En ocasiones veo muertos”
Si no han visto cualquiera de estas películas, está plenamente justificado que dejen este artículo para más tarde o para nunca.
Esta introducción cinematográfica me lleva a la actualidad.
Hay mucha gente que ha criticado duramente a Fernando Simón, epidemiólogo encargado de darnos todas las malas noticias habidas y por haber. Es cierto que se ha dejado influenciar por la propaganda nauseabunda del Gobierno. Por decir algunas verdades como puños: la manifestación del 8-M hubiese sido mejor no hacerla igual que es mejor no escalar el Annapurna con mal tiempo. A los sanitarios los han dejado vendidos sin material y por eso, se han contagiado a miles; y la cifra de fallecidos la han maquillado, pero no un poquito sino con una pala de maquillaje.
Por eso, Fernando Simón, en ciertas fases, me ha dado la impresión de que había mordido más de lo que podía masticar. Pero me cae bien. Porque ha sido valiente.
A Simón lo han puesto en la barcaza de desembarco en dirección a la playa de Omaha, el día D a la hora H.
Escuchando las MG42 alemanas y a su capitán que arenga: “Aquí se viene a morir”.
Despeinado, con más ojeras que el cochero del conde Drácula y una camisa de saldo, enfermo, ha ido cada día a combatir un virus muy complicado y letal. Ha cometido muchos errores, es verdad. Pero yo creo que iba de buena fe y que ha tenido muchas aportaciones positivas. Y ello a pesar de los patanes que le rodean que no valen ni para dar sombra.
El revolcón que ha supuesto el Covid19 ha sido una hecatombe y lo que queda por venir. Cuando la polvareda se asiente, aquí no va a quedar ni el que contestaba el teléfono.
Sin embargo, y en mi modesta opinión, Fernando Simón sí lo ha peleado y merecería mantener su puesto.
Aunque en ocasiones no vea muertos.












El antifaz rojo | Viernes, 03 de Julio de 2020 a las 10:51:29 horas
A estas alturas de la semana, el único muerto que ha comentado su artículo es el facha.
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