Carta abierta a los hosteleros roteños (por Rocío Carballo Herrera)
¿Por qué? ¿Por qué tengo que llegar a mi pueblo y encontrarme con el padre de todos los desastres un sábado por la noche?
Soy roteña, me encanta mi pueblo y sobre todo vivirlo cuando vengo, ya que vivo fuera por motivos laborales pero cada vez lo hacéis más complicado. En primer lugar, la subida de precios que sufrimos cuando llega el verano, en segundo lugar, la falta de profesionalidad dentro y fuera de la barra; creo que no es justo para el cliente esperar más de 30 minutos para que te sirvan una simple tapa que al final llega mal presentada y casi volando directa de cocina porque no dan a abasto y la falta de organización es brutal.
Os cuento la situación: sábado 23 de junio 22.00 horas, nos sentamos en el bar X que tenía unas ganas locas de probar, nos levantamos a las 23.00 horas habiendo tomado un refresco, un tinto de verano con la gaseosa sin gas y una tapa para dos, 9 euros la cuenta. Con una tapa no cenamos. 23.05 horas, nos sentamos con mis padres en el bar Y (ellos llevaban 45 minutos esperando una tapa) donde pedimos 2 tintos que terminamos anulando porque eran las 23.30 horas y no habían llegado y seguíamos sin cenar. Llegamos al bar W, allí conseguimos cenar, pero tardamos 1 hora y 15 minutos (2 montaditos y una tapa fría). Continuamos y compramos un helado, pensamos en tomar una copa, una copa que después me di cuenta sirvieron en un vaso enjuagado bajo el grifo con una mano mientras con la otra el camarero se secaba el sudor sin reparo ninguno (apunto que gracias a este señor dejé de ir a uno de mis sitios favoritos de Rota y ya sé que a este no volveré). El domingo la cosa cambió, fuimos al restaurante R, que nunca nos defrauda, pero sentí pena ya que sólo estuvimos nosotros, una mesa de 4 personas y listo, ¿en este pueblo no se valora la innovación y la calidad?.
Hosteleros de Rota, ¿qué estáis haciendo? Me indigna y me da vergüenza llegar con ganas de vivir mi pueblo y encontrarme con esa imagen deprimente de nuestra hostelería.
Pensaréis que de dónde vengo. Vivo en Roquetas de Mar (Almería), ciudad que, como Rota, triplica o cuadruplica su población en los meses de verano y que durante todo el año da cabida al turismo de invierno procedente de países como Alemania, Inglaterra, Suiza, etc. Y jamás, jamás en los cuatro años que llevo aquí viviendo he tenido una experiencia tan mala como la que vengo viviendo últimamente cada vez que llego a Rota, mi casa.
Os invito, hosteleros roteños, que visitéis esta ciudad en la que vivo y que descubráis su hostelería en la que dos personas son capaces de sacar adelante una terraza con 20 mesas (lo he visto con mis propios ojos, no exagero), bares donde cuidan a sus clientes y hacen que no te canses de volver, calidades extraordinarias, precios asequibles y sobre todo una variedad infinita.
Esto, lo escribo ya de vuelta a la rutina y en frío tras haber pasado tres días en Rota y haber sentido pena y sabiendo que, en un mes, cuando vuelva para mis vacaciones, me encontraré con lo mismo. Alguien se sentirá ofendido con estas palabras, pero es lo que pretendo, que os ofendáis igual que lo estoy yo y que sirva para abriros los ojos.
La invitación está abierta, otra hostelería es posible.
Rocío Carballo Herrera






























Hermano Bobo | Viernes, 06 de Julio de 2018 a las 19:27:53 horas
¿Picar? Si algunos si que han picado como un atún, o un besugo. No soy yo el hermano que ha quedado retratado con sus comentarios como un supremacista de catalogo KKK de primavera-verano.
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