Sangre negra
Los países árabes gozan de un gran potencial económico debido a la riqueza petrolera disponible. El descubrimiento del petróleo, tanto en estos países como en las diversas zonas de Hispanoamérica, no fue recibido como una bendición para todo el mundo ya que son pocos los que se han beneficiado de sus ganancias.
Gran parte de la riqueza se ha marchado a países o bancos occidentales, continuando gran parte de la población sumida en la más abrupta miseria y pobreza. Tenemos un ejemplo de ello en las favelas brasileñas, el poblado caraqueño de Petare o las chabolas a las afueras de Arabia Saudi.
El analfabetismo pedagógico y cultural hace creer a esta población, que los corruptos son sólo sus dirigentes afianzados desde hace décadas en palacios lujosos con cuentas corrientes astronómicas. Algunos aún, defienden a sus reyes o lideres religiosos y no tienen intención alguna de acusarle para que abandonen su poder y que les devuelvan el dinero del que les desvalijaron.
Mientras, desde el lejano occidente miran con recelo todos los acontecimientos, que ponen en peligro la existencia del mundo desarrollado y el centinela hebraico reúne sus peones para preparar el posible contraataque.
Desde el otro lado, se calla u otorga los sucesos que les queda demasiado lejos, pero a la vez muy cercanos. Volveremos a ver esas noches iluminadas por misiles lanzados desde la lejanía. Los motores de los aviones volverán a rugir desde la Base roteña que ha participado en multitud de intervenciones en las últimas dos décadas y los buques militares repostarán, para continuar su viaje al medio oriente. Contemplaremos las víctimas extinguidas por las calles polvorientas, la hambruna y miseria. Ése será el precio que se pagará para qué occidente continúe su avance. Que lo divino nos ampare.
María José Arévalo Gutiérrez
































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