Medallas y cultura popular (por Eugenio Ponce)
Menudo chorreo le ha caído al equipo de gobierno del Ayuntamiento de Cádiz por votar a favor de la imposición de la medalla de la ciudad a su patrona la virgen del Rosario. Esto viene dado por la apuesta del equipo de gobierno por implantar sistemas de participación ciudadana que, legítimamente han usado las fuerzas de la oposición para plantear una guerrita cultural que el alcalde sabía perdida. El día de la remunicipalizacion del servicio de playas, se pretendía situar al alcalde como un peligroso anticlerical que no aceptaba sus propias reglas del juego. Aunque el Ayuntamiento de Cádiz ha llevado a cabo una encomiable implementación de una política laica progresiva, haciendo desaparecer de poco a poco al ayuntamiento de los actos religiosos.
Como era de esperar esta decisión ha provocado la ira de la izquierda pura y verdadera que habla de traición, incoherencia y superchería. Cosa que no me sorprendió pero que me llena de desazón, esta izquierda que no conoce realmente el sentido del laicismo radical, que lo confunde con el anticlericalismo y que no conprende las bases de la religiosidad popular andaluza, ni de la importancia de reconocer a la fe popular su sitio justo a la hora de construir identidad colectiva, solidaria y hegemónica.
Cuando me inicié en el laicismo radical me sorprendió que uno de los pilares básicos era el respeto máximo a las creencias religiosas y sus expresiones populares y dogmáticas. Sin respeto no se puede establecer una esfera de espacio público sin expresiones religiosas. Además esa esfera pública debe coexistir con la esfera privada en la que la libertad religiosa es civil un derecho a proteger. Otro pilar fundamental del laicismo es que el Estado no debe beneficiar a ninguna fé. Y mucho menos a unas por encima de otras.
Que la sociedad española debe avanzar hacia el laicismo creo que es un imperativo social, que la Iglesia católica debe ir renunciando a influenciar politica, social y económicamente es un hecho. Pero esto no significa que nadie deba prohibir, censurar o minusvalorar ninguna expresión religiosa. Y mucho menos las más populares y alejadas de la jerarquía eclesiástica que conforman buena parte del folclore andaluz. Sería muy interesante resignificar esta cultura popular como patrimonio del pueblo. Al igual que habría que poner en valor al flamenco en toda su extensión, al igual que los carnavales y romerías que trufan toda nuestra tierra.
Eugenio Ponce






























Don Camilo | Jueves, 15 de Junio de 2017 a las 19:01:07 horas
Pedir perdón no devolverá la vida a los millones de indigenas exterminados, ni a los arabes, ni judios, ni paganos que asesinó la Iglesia catolica por su ambición mundana. Ni repará el daño que la esclavitud, la pederastia, la corrupción o el latrocinio perpetrados por siglos, han causado a millones de personas y a sus descendientes. Ni devolverá a sus padres todos los niños robados, ni las propiedades rapiñadas a sus autenticos dueños. Hay Papas que no pidieron perdón por colaborar con el nazismo o el fascismo, ni por ocultar la pederastia, ni por apoyar y defender a dictadores, ni por financiar movimientos politicos, ni demonizar los anticonceptivos lo que agravó la situacion de regiones como Africa, etc. Y eso que algunos de esos Papas fueron canonizados como santos. De santos así debe estar lleno el hades.
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