Gabriel Oliva Navas
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NO PAIN, NO GAIN
Está de moda y por tanto hay que rendir pleitesía y obedecer sin rechistar si no quieres nadar contracorriente; algo muy mal visto en este país. Está de moda, decía, los entrenamientos duros, cortos e intensos. Habitualmente, fraccionados en periodos cortos de trabajo y recuperaciones que apenas te dejan espacio para recobrar el resuello. Podríamos llamarlos HIIT (que sus siglas en inglés vienen a decir High-Intensity Interval Training, para el que no se haya molestado a indagar un poco de donde viene), TABATA (que proviene del doctor de Fisiología y Biomecánica Izumi Tabata) o INTERVÁLICOS IINTENSIVOS –más español, pero no queda tan espartano decir: Voy hacer un interválico intensivo (por lógica épica, se usa menos entre las masas ávidas de sudor y arena). El CROSSFIT, también es caldo de cultivo de almas errantes en búsqueda del milagro instantáneo.
Son potentes, rápidos y suelen ser efectivos. Está demostrado que este tipo de entrenamientos aumentan el porcentaje de grasa involucrada como sustrato energético; por lo que a nivel de” quemagrasas” son más rentables que machacarse una hora a ralentí bajo de carrera reventando todas las articulaciones posibles. Además, son muy efectistas, dinámicos, lúdicos y motivantes. Molan. Hasta ahí, bien.
Pero todo, no vale. Estos sistemas de entrenamientos o mejor dicho esta forma de concebir el entrenamiento esconden mensajes impuestos por un marketing más propio de productos de comida basura de usar y tirar que con productos/servicios relacionados con la salud y la actividad física. Es decir, tienen un envoltorio demagogo inherente al método, que los empapan de clichés y frases “guguelianas” que inevitablemente cruzan la línea de seguridad para convertirse en un concepto negligente: SIN SUFRIMIENTO, NO HAY RECOMOPENSA, EL DOLOR ES PASAJERO, LA GLORIA ETERNA y otras… –si queréis todo un elenco, revisar películas como Los 300 o Gladiator, fuente inagotable de frases épicas que se ajustan perfectamente al perfil-.
Como bien decía, este sistema de entrenamiento bien practicado, con unos mínimos de seguridad establecidos en cuanto a ejecución, organización y distribución de los ejercicios propuestos -cada vez más propios del Circo del Sol- conforman una herramienta potente para mejorar el estado físico de cualquiera. Sin embargo, tengo la percepción de que pretendemos poner al límite nuestras capacidades y limitaciones físicas-emocionales en base a la creencia de que si al terminar el entreno no te duele hasta el alma no has entrenado bien. Siendo sincero, no sólo pasa con este sistema, también los deportes de resistencia cíclicos son muy dados a forzar la máquina. No es el concepto en sí, sino la interpretación superflua de sus practicantes.
Entrenar no debe doler.
Evidentemente, un entrenamiento relativamente intenso genera un estrés a nuestro organismo que como respuesta puede generar ciertas molestias -como esas agujetas que suelen aparecer y que aseguraban que eran producidas por la cristalización del ácido láctico: son microrroturas fibrilares- . Pero son molestias que a medida que seguimos con nuestra planificación y programa de entrenos (si están bien organizados) van desapareciendo creando adaptaciones positivas y por tanto mejoras en nuestro rendimiento.
No debes confundirte y pensar que el dolor generado al correr en tus tobillos, rodillas o caderas es normal. Si esto sucede, algo mal estás haciendo -además, si eres consciente y no pones remedio, tiene dos problemas: el de antes y el de gilipollas-. Tampoco es normal extenuarse en los entrenos interválicos intensivos, hasta llegar al desvanecimiento, la fatiga y el vómito. Esas respuestas no son nada sanas, son alertas de tu organismo que indican que estás forzando más de la cuenta. Siendo pragmático y a modo de ejemplo: terminar con un dolor brutal en tu zona lumbar que apenas te deje mover durante dos días por culpa de los numerosos burpees que por cojones tienes que hacer porque así lo manda el señor TABATA de turno. Quizás sería más interesante crear, con anterioridad, una batería de ejercicios conformada por actividades correctoras precisas y con transferencias directas, para poder ejecutar una flexión o un salto seguro sin implicar peligrosamente, por una mala praxis, zonas delicadas de nuestro cuerpo. Se ve mucho de esto.
La actividad física entendida desde su globalidad se aleja, precisamente, del dolor para abrazar a la salud y al bienestar físico-emocional. Utiliza esas frases “motivadoras” para mejorar tus habilidades volitivas de disciplina, constancia y esfuerzo; no para machacar a tu cuerpo con la creencia triste y cutre de cuanto más duela, mejor. El dolor, en cualquier caso, déjaselo al deportista de élite, al que ha elegido ese camino voluntariamente -a veces, no- y está asesorado por profesionales -a veces, tampoco-, capaz de percibirlo como parte innegociable de su profesión e intrínseco a la consecución de sus objetivos. Aunque el deporte a ese nivel, parece poco saludable. Tú no eres un Pro, no tienes tiempo, ni condiciones, ni necesidad de serlo. ¡Cuántos amateurs con vida de pseudoatleta suelto!
El límite físico existe, por mucho que te digan que es tu mente la que manda. Tu mente –tu diálogo interior- te ayudará en cierta medida a no rendirte en condiciones normales donde tu organismo acepta el reto porque está preparado para ello. Pero debes ser consciente de que existen esas limitaciones y más consciente aún, de saber no sobrepasarlas.
DISFRUTA, SIN DOLOR. WITH PAIN, NO GAIN












Salud | Sábado, 04 de Marzo de 2017 a las 16:24:56 horas
En cualquier tipo de deporte hay que saber diferenciar cuando es un "dolor" por estar ejecutando bien el ejercicio y eso te lleva a las famosas agujetas, de cuando es un dolor lesivo que te lleva a la lesión. Es cuestión de saber donde están tus límites, ser listo y no forzar la máquina hasta romperla.
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