El inconfesable pecado de la desidia
Partamos de la base de que, quienes nos tomamos eso de la gobernación como cosa seria y de prestigio, reconocemos las dificultades que acompañan a un cargo de responsabilidad. Pero en el desempeño de estos no toda la persona electa, que merece la confianza otorgada por las papeletas, se le ha de calificar con valoraciones parecidas, como si de un aprobado general se tratase. Se sabe que esta nota igualitaria e igualatoria satisface a los mediocres, o al menos a los desinteresados, en tanto que desmotiva a quienes se enfrentan a las obligaciones con el ánimo de que su esfuerzo sea reconocido. Empecemos por ahí.
En el gobierno municipal que nos rige y organiza en cuanto al común del pueblo, se es consciente de que hay de todo como “en la viña del señor”. También es sabido que son notorios los impedimentos que la actual corporación afronta, derivados de la escasez económica con la que gestionar, con la rutina acomodaticia generada por años de otro estilo de gobernar y por las secuelas de la sentencia judicial de todo el pueblo conocida.
Llegados a este punto es indudable que en la gobernanza de nuestro pueblo hay luces y sombras. Entre las primeras, la concejal-delegada de Servicios Sociales brilla con la suya propia en un campo tan complicado con una gestión muy acertada; también hemos de citar la buena disposición de la concejal-delegada de Cultura (Educación e Igualdad), a pesar de los escasos medios con los que cuenta en un campo tan necesitado y tan ávido de inversiones, en contradición con el “pastizal” que se tira en festejos. Dicho esto, no sería de buen gusto ir citando uno por uno a todos los concejal-delegados rebuscando en sus miserias, si es que las tuviesen; mejor será hablar del pecado y no del pecador como nos dice el proverbio.
Si hay algo que caracteriza a gran parte del equipo, empezando por el señor alcalde, es un cierto “rajoysmo”, término muy apropiado por su precisión a la hora de identificar y por la vanidad del pueblo al haber encontrado otro vocablo nuevo para definir la desidia, la inoperancia e, incluso, la autocomplacencia. ¿Se irá a poner de moda el término? ¿Se hará viral? Lo dudo, pero el significado está de lo más en vigor.
Esa numerosa sección del equipo que brilla en cuanta inauguración y/o celebración se programe, pierde los oropeles cuando de gestionar con eficacia se trata. No hay más que ver los hechos que tanta palabra puede ensombrecer la realidad pura y dura:
La suciedad se enseñorea del caso urbano, las calles y plazas están indecentes, son innumerables las papeleras que rebosan de residuos; los troncos de árbol cortados esperan con desesperanza una solución; los frutos o las semilllas (lo que sean) de las palmeras, que se acumulan en determinadas zonas, dejan sus manchas casi perpetuas en el pavimento, cuando se podían haber podado en su momento y evitar el estropicio; las ratas y las cucarachas campean por distintas zonas de la villa con impunidad para el desaliento vecinal; los periquitos de riego que esparcen con generosidad el agua, a veces más en las aceras que en los jardines, durante horas hasta que los terrenos anegados producen arroyuelos que desembocan plácidamente en la mar y siguen fluyendo; los escasos bancos con los que contamos, malviven deteriorados por el mal uso y el abandono; las deposiciones caninas afean calles, plazas y paseos; y en las pasarelas se complementan con ramas que inundan el trayecto, donde cada vez son menos las tablas que quedan sanas y fijas al suelo o a la estructura; y para más escarnio, hay quien usa las bellísimas esculturas de Lokati en la Plaza de la Costilla para vender menudencias, ¡Cuánta ignorancia y cuánta estulticia!…
No cabe duda, la ciudadanía, autóctona o foránea, no está a la altura de lo que Rota merece; pero cuando esto ocurre, ha de haber quienes, por su obligación asumida en los comicicios municipales, busquen la fórmula para dar adecuada respuesta. ¡Esa es la cuestión! Estas personas, concejal-delegados, tenientes de alcalde y sr. alcalde, en lugar de liderar las acciones pertinentes se dejan adocenar por el “rajoysmo” reinante, que no es exclusivo de una sola orientación ideológica. De no ser así ¿por qué todos los veranos nuestro entorno sigue sufriendo las agresiones de mariscadores amateur que por diversión esquilman el litoral sin nadie que mueva un dedo, ni para llamar al SEPRONA? ¿Por qué muchos de los perros, durante todo el año, se mueven libremente sin correa, ni bozal en su caso, contra toda regla, estatal, autonómica o municipal? ¿Por qué el carril-bici acumula despropositos en su trazado y en su utilización, y nadie hace el mínimo intento porque se cumpla la normativa? ¿Por qué se permite que cada vez sean más las bicicletas que circulen por las Maderas, muchas a velocidades de “volata”de fin de etapa del Giro? ¿Por qué hay ciclomotores e, incluso, alguna motocicleta, de matrícula blanca, circulando cientos de metros por las aceras de los paseos? ¿Por qué se siguen permitiendo las botellonas y sus montones de basura desperdigada, prohibidas hace tiempo por instancias superiores? ...
Respuesta: Muy sencilla. DESIDIA, que no estaría mal que se le fuera incluyendo en la nueva lista de pecados capitales donde la CORRUPCIÓN debe estar a la cabeza.
Manuel García Mata






























mar | Domingo, 07 de Agosto de 2016 a las 23:24:58 horas
ojú, que simple es el caricato.
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