Luis Alfonso Espinar pregona un Rocío sencillo, humilde y lleno de vivencias personales
Ante una parroquia de Nuestra Señora del Carmen llena como pocas veces se ve en este tipo de citas, Luis Alfonso Espinar Lluelma tuvo el honor de pregonar el Rocío de Rota ante un público que desde el principio se mostró entregado. Había ganas de escuchar al XXXVIII pregonero rociero y eso se dejó notar desde el primer momento por la masiva afluencia de hermanos, familiares, amigos y conocidos que acudieron a arropar a la persona que la nueva junta de gobierno designó el pasado mes de noviembre que fuera la encargada de pregonar el Rocío de Rota. Una romería anual que en el caso de Luis Alfonso Espinar es una parte más de su vida, una vida que no concibe sin estar cerca de la Blanca Paloma a la que le unen no sólo sentimientos de fe y devoción sino que es guía en su día a día. Sin ella, decía ayer desde el atril, no hubiera tenido fuerzas para superar algunos malos momentos, y es junto a ella, donde ha tenido la gracia de vivir otros muy satisfactorios porque la Virgen del Rocío ha formado parte de sus 41 años.
El pregonero viene de familia rociera gracias a sus padres, tíos y abuelos, pero también, junto a su mujer Mónica, ha creado otra con dos hijos tan rocieros como él. Precisamente por ese amor a la virgen, y por ser conocedores de esos arraigados sentimientos, fue por lo que Luis Alfonso Espinar los eligió para que lo presentaran en el que era uno de los días más felices de su vida. De esta forma, el pregonero consiguió tener cerca de forma muy activa en esta cita a su familia ya que mientras él esperaba su turno para dirigirse al respetable y contar sus vivencias, sus hijos lo presentaban desde el altar mayor y su mujer, lo acompañaba musicalmente junto al grupo de amigos rocieros que a modo de regalo y para que sirviera de ánimo y acicate, le dedicó un par de sevillanas escritas especialmente para él.
Luis Alfonso Espinar estuvo arropado por los suyos desde el principio y nadie mejor que sus hijos, como adelantó el presentador del acto, Manuel Laynez de los Santos, podían darle la palabra. Su hija Mónica María y su hijo Luis Antonio destacaron los valores cofrades de su padre que comparte a partes iguales entre la virgen del Rocío y el Nazareno. Su vida ha estado siempre ligada a la hermandad rociera y es de hecho en una peregrinación donde conoce a la que hoy es su esposa. También ante la virgen supo que iba a ser padre y ante ella se ha postrado muchas veces para pedir por los suyos. Su primogénita alabó al pregonero, un rociero de pro del que dijo sentirse orgullosa y al que debe muchas de las experiencias que hoy ya forman parte de su memoria. En un par de ocasiones se emocionó, al igual que su hermano que tras leer el poema escrito por un buen amigo de su padre, no pudo contener las lágrimas. Fundidos en un abrazo con su mujer y sus dos hijos, subía repuesto un pregonero que mostró ímpetu antes de tomar la palabra dirigiéndose a la Blanca Paloma que ayer presidía el altar de la parroquia del Carmen.
Antes de comenzar, su recuerdo fue para los que ya no están, especialmente para su prima Inma fallecida hace una semana, para su abuela y en general, para los hermanos que se marcharon. Capítulo de agradecimientos con el que inició un pregón que optó por comenzar por contar sus sentimientos más sinceros cuando se enteró de su elección. Agradecido por las muestras de ánimo recibidas de su familia y amigos, y empujado por las palabras de su padre que le reconoció que en tres años, esta era la mejor noticia que había escuchado, el pregonero se lanzó a aceptar la propuesta y ofrecer al público un pregón que ya adelantó que iba a ser sencillo y humilde, discreto y lleno de vivencias, las suyas, las que son parte de su vida, y las que ha experimentado en cada peregrinación desde que era un crío hasta sus 41 años.
Con algo de miedo pero apoyado en Ella, comenzó a desgranar un texto en el que no faltaron alusiones a la historia de la hermandad roteña, a sus inicios y a la devoción del pueblo de Rota a la Virgen del Rocío incluso cuando esta dejó de peregrinar en 1808 perdiendo con ello la antigüedad que tenía desde antes de 1758 hasta la reorganización en 1978 cuando comienza a peregrinar de nuevo ya sin interrupción hasta nuestros días.
Salpicado de anécdotas contadas por sus abuelos y tíos, el XXXVIII pregonero del Rocío fue hilvanando una prosa íntima, con experiencias familiares que acabaron sembrando en él su fervor rociero y que en realidad, no son más que parte de la propia historia de una hermandad que ha crecido gracias a roteños que siempre quisieron estar cerca de la Blanca Paloma. Capítulo especial dedicó a su abuela María por rociera, y a su madre, sufridora de algunos problemas de salud que le aquejan y que ayer compartía con un público entregado y a las mujeres de su hermandad. Tampoco olvidó nombrar a su peña "Los cabezones", con quien vivió sus primeros caminos y a través de la que aprendió mucho de lo que hoy sabe. Aquellos rocíos eran más puros y humildes, pero aunque hoy esa forma de vivirlo haya cambiado, con más boato y protocolo, no olvida cuáles son sus raíces y cómo empezó a ser rociero en una peña que más que eso, era una gran familia.
Luis Alfonso Espinar Lluelma advirtió que el suyo sería un pregón sencillo y cercano con el que quiso a través de su propia experiencia contar qué es el Rocío para él, pero no el Rocío de la romería, sino el Rocío que representa a la Virgen cada día del año. Un Rocío que aseguró que está en su mujer, en sus hijos, en sus amigos, en sus vecinos, familiares y en su propia vida. A través de él ha forjado amistad de hermanos y ayer, contando anécdotas, logró sacar a partes iguales sonrisas y lágrimas para algunos de los presentes.
El coro rociero del que formó parte, el camino de cada año, igual pero distinto, la Casa Hermandad, los días en la aldea, las jornadas de rezo, convivencia y baile, el cansancio de la peregrinación y sobre todo eso, la fe en la Virgen, son pilares de la vida de un hombre, "más roteño que una calabaza", como decía su hija, que ayer abrió su corazón para dejar escapar los sentimientos más sinceros como cofrade y rociero.













































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