Pactar con el diablo
No cabe duda alguna que las elecciones del 24 de mayo han convulsionado el panorama político de nuestro país. Los resultados producidos han creado tal incertidumbre que ni los más brillantes analistas se atreven a pronosticar que nos depararán los próximos días.
Tampoco habrá que esperar mucho, al menos en lo referente a los comicios municipales, ya que el 13 de junio tiene que traducirse en la investidura de los nuevos equipos de gobierno de los consistorios.
Entrando en harina, sorpresa lo que se dice sorpresa, no ha habido. No sería sensato calificar así a la tendencia general de cómo ha respirado el electorado. Para nadie era imprevisible que los dos partidos hegemónicos sufrieran el descenso que se ha experimentado; más acusado en el PP, a quienes el votante ha culpado de la política desarollada en esta legislatura por el gobierno nacional y por la interminable serie de casos de corrupción en los que los populares se han visto envueltos a todos los niveles, nacional, municipal y en muchas de las autonomías. Tampoco es que el PSOE pueda presumir, si bien no se cansan de alardear de sus resultados; pues han venido sufriendo un progresivo hundimiento elección tras elección y ya iban unas pocas, en estas ya era difícil que el descalabro se mantuviera en la misma progresión. En relación a las elecciones municipales de 2011 han perdido en torno a 670.000 votos.
Sobre los dos partidos emergentes, que comparten el máximo protagonismo con los dos partidos citados, tanto PODEMOS como Ciudadanos han cumplido buena parte de las expectativas que mantenían, sin llegar a romper la supremacía de los dos clásicos.
Llegados aquí, en unas elecciones como estas, en las que los más de 8.000 municipios y varias autonomías renuevan representación, las cifras de partida exigen que entre todos los contendientes, y no me olvido de los partidos nacionalistas y otros de ámbito estatal como IU y UPyD, a pesar del descenso de ambos, en mayor o menor medida, asuman el papel que el pueblo les ha encomendado. El amplio abanico de opciones políticas elegidas tienen mucho que decir.
A nadie se le escapa que si algo ha cambiado radicalmente en el panorama político es que aquello de las mayorías absolutas, salvo raros casos, ha pasado a mejor vida. Todo ello aboca a que los partidos o bien se disponen a olvidarse de todo lo que han pregonado en campaña o no participan en la gobernación de municipios y autonomías. No parece que el PP sea un buen ejemplo, no hay más que fijarse en las barbaridades que han salido de la boca de altos representantes, como Esperanza Aguirre, Ana Palacios, Rafael Hernando, Yolanda Barcina..., y también bajos, como la concejala Nuria Losada, para comprobar que el partido del gobierno quiere huir de esta estrategia. ¡Allá ellos!
Toda esta necesidad de llegar a acuerdos que faciliten el gobierno de unos o de otros exige que la gente se defina y ahí parece que es donde radica el problema.
Planteado desde el punto de vista de quienes participamos en el 15-M y nos identificamos con el espíritu del movimiento ciudadano, aun siendo conscientes de que para que la gran tarea que se empezó entonces sea eficaz y para ello sea aceptable participar en opciones políticas nacidas del mismo, es muy difícil entender que se pueda claudicar de los principios que dieron coherencia a la explosión de la indignación ciudadana, a cambio de alcanzar, a la primera oportunidad, puestos decisorios en la política actual. Si uno de nuestros principales objetivos es desenmascarar a los responsables de esa política que nos ha traído hasta aquí, no podemos ofrecerle un cheque en blanco a ninguno de los grupos del bipartidismo, ni a otros partidos que desde las autonomías han actuado igual que ellos.
Posiblemente la política haga extraños compañeros de viaje y en muchos casos surja la ocasión de corregir una deriva autoritaria, corrupta o incluso delictiva, mediante un acuerdo contra natura (pacto con PP o PSOE) que sirviera para acabar con situaciones extremas de la naturaleza expresada. A nadie se le olvidaría citar como ejemplos de esto a Esperanza, a Teófila, a Rita Barberá y a tantos otros, de este o de otros partidos. Estos casos puede que permitan que gran parte de los votos ciudadanos progresistas, comprendan esa difícil decisión y que fuera comprensible por quienes otorgan la confianza: yo lo podría entender. A nadie le apetece soportar tanto cacique.
Pero personalmente, quizás pecando de utópico, de purista, de radical o de iluso, solo me sentiría satisfecho si los objetivos se consiguieran acordando con quienes no pueden ser tachados de los males señalados en el párrafo anterior, aceptando que los planteamientos puedan ser muy distintos.
Ya dijo el 15-M “Vamos despacio porque vamos lejos”, pues a pesar de que mis años no me permitan marcarme horizontes excesivamente lejanos, si queremos una regeneración real de la vida política en este país, no podemos renunciar a respetar las líneas rojas que nosotros mismos nos marcamos. Ya lo dijo el Almirante Méndez Núñez: “España prefiere honra sin barcos, que barcos sin honra”.
Manuel García Mata
































Martinez el Facha | Lunes, 08 de Junio de 2015 a las 16:42:44 horas
No hagais caso de estos rojos provocadores, que solo cuentan batallitas del abuelo. Así me gusta que defendais la democracia organica que nos legó nuestro generalisimo, quien ya se encargó de dejarlo todo atado y bien atado, para que estos rojos no desmantelaran el chiringuito a las primeras de cambio y la forma de hacerlo lo entendió bien su majestad don Juan Carlos, digno heredero del santo varón don Francisco., que era dejar en manos de gente de confianza del regimen, la redacción de nuestra constitución. ¡Viva España! y ¡Viva Francisco!
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