Fútbol es fútbol
La Historia transcurre de forma inexorable empeñándose en demostrarnos de forma pertinaz que hasta de los peores sucesos y de los más trágicos momentos siempre podemos extraer conclusiones interesantes. Vale como ejemplo retrotraernos al régimen anterior; esta época tuvo la habilidad de provocar que las desvirtuadas inquietudes populares derivaran en febriles emociones que permitieran facilitar al poder una cómoda alteración en la percepción de la realidad. Como fruto de ello, la premisa marxista de que “la religión es el opio del pueblo” adquirió una sublimación del concepto consiguiendo dar un salto cualitativo, mediante el cual todo aquello susceptible de emocionar colectivamente debería ser objeto de utilización como anestésico para edulcorar las veleidades críticas contra el régimen: el fútbol, en especial el Real Madrid; los toros, con El Cordobés como máximo exponente; Ángel Nieto, Santana, Paco Fernández Ochoa y otros, son testimonios de aquello.
Fusionar el citado principio marxista con el “Panem et circenses” de la propaganda imperial de la Roma clásica supuso un útil descubrimiento que los gobernantes del nuevo régimen han sabido mantener con cierto equilibrio, cosa que no les ha supuesto ningún rubor a pesar del origen del invento.
Pero como las costumbres hacen leyes, y no por culpa de su utilización interesada, no debemos renunciar a lo que nos gusta. En este país, la promocionada fiebre de fútbol ha calado muy hondo viéndose reforzada por los éxitos de los últimos años de los equipos punteros de nuestra liga y, sobre todo, de nuestra selección nacional. Tal es la poca consistencia que nos ofrece la satisfacción personal de nuestras ilusiones, que nos conformamos con la entelequia de sentirnos partícipes del fútbol como método de catarsis colectiva. La falta de costumbre nos hizo creer que si después de tantos años de insatisfacciones futboleras éramos capaces de alcanzar los máximos retos, esto debería mantenerse en el tiempo. Así que, cuando se dan resultados como el de nuestro primer partido del mundial, el inestable entramado emocional se derrumba con la aparición de la frustración colectiva.
No sabemos qué ocurrirá partir de ahora; quien más quien menos albergamos la esperanza de que este vergonzante tropiezo se subsane de la mejor manera posible y sigamos en la competición, siempre vendría bien como bálsamo para las heridas que esta época cruel está dejando en nuestras humanidades. Tampoco hemos de creer ciégamente y soslayar este aviso, desgraciadamente un juego tan bello y tan espectacular como caracteriza a la selección española, de parecida factura al que elabora el F.C. Barcelona, empieza a negarnos los frutos esperados. Como todo evoluciona, y los rivales también tienen el derecho y la obligación de buscar alternativas que lo contrarreste, Holanda no ha hecho más que ofrecer un antídoto contra este brillante fútbol español; al igual que en otras competiciones de clubs, otros equipos antes fueron capaces de descapitalizar el impecable sistema del equipo culé y, aunque no sea santo de mi devoción, Jose Mourinho ha surgido como el principal sacerdote de esta religión.
Podríamos analizar que aquellas defensas inexpugnables, tanto de una como del otro, se han convertido en auténticos coladeros; que aquellos centros del campo que, aparte de ser exquisitamente creativos y dotados de un fútbol de bellísima factura, que aún conservan, recuperaban todos los balones perdidos con una rapidez envidiable, se han convertido en lentos y premiosos y que no recuperan un balón ni aunque se lo regalen; y que aquellos puntas, verdaderos magos de la precisión y de la oportunidad, se han dejado superar por defensas ordenadas y rápidas que apenas les dejan pensar.
Es triste ver como algo que tanto nos hace disfrutar, que tanto nos consuela, se derrumba por incapacidad. No debe ser fácil remendar el roto que nos han hecho, pero empeñarse en seguir viviendo en el pasado no va a servir como solución.
Ahora conociendo la línea del autor del escrito se podría esperar que esto enlazara con la importancia de un cambio radical en nuestro modelo de sociedad... bueno, pues hoy no toca.
Encomendar nuestras inocentes ilusiones en que mejore nuestra selección para que nos mantenga esta pequeña parcela de felicidad que nos proporciona. Y de no ser así, aceptar con deportividad el fracaso y las inevitables chuflas que martirizarán a los más sufridos o consolarán a los menos trágicos.
Como dijo uno de los personajes de este mundo balompédico, Vujadin Boskov:“Fútbol es fútbol”
Manuel García Mata

































Curioso, Salud | Sábado, 21 de Junio de 2014 a las 11:18:26 horas
Hay quienes entienden que la libertad de expresión es la libertad para insultar y faltar el respeto a los demás. Tener una opinión contraria es lógico y entra dentro de la normalidad democrática. El insulto y la falta de respeto solo indica como entiende algunos hacer uso de la libertad. Gracias Manuel por ser tan valiente para expresar tus opiniones y aunque a veces no pueda estar de acuerdo con ellas siempre estaré a tu lado ante los que quieran hacerte callar. Un abrazo. Salud.
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