Tiempos de Cambio
Vivimos unos momentos apasionantes en cuanto a actualidad política que, como en un concurso de fichas de dominó, uno va desembocando en otro haciendo olvidar el anterior. Si las elecciones europeas sirvieron de campaña para desvelar el poco interés político que demuestran en ellas los partidos mayoritarios, del que están más que arrepentidos, los resultados de las mismas dieron a luz el mayor suceso político en muchos años con la eclosión del fenómeno PODEMOS.
Durante una semana los distintos análisis del éxito del nuevo grupo coparon la actualidad informativa de nuestro país y al tiempo se convirtieron en el principal tema de conversación entre la gente normal, tal fue el impacto producido y la ilusión generada. Lógicamente, como consecuencia del miedo que empezó a anidar en las anquilosadas estructuras de los viejos partidos, se multiplicaron furibundos ataques a la reciente formación desde las filas de los principales afectados y de los voceros de turno a su servicio en los medios de comunicación oficial.
Bastó una semana para que la noticia de la abdicación del rey diera la vuelta al tablero y este nuevo suceso desplazara al resto, incluyendo la dimisión de Rubalcaba y la lucha abierta que se desencadenó desde entonces en el PSOE, para convertirse en el evento con qué llenar informativos y tertulias.
Pasada otra semana no es de esperar que tan recurrente tema se diluya prematuramente, salvo que otro de mayor relevancia lo desplace. Viendo la especial importancia que se le ha dado a este, más nos valdría desear que no se produzca otro tan destacado que ocupe el lugar, que ya tendría que ser gordo.
Tampoco van a faltar noticias, pues el cambio en la jefatura del estado ha generado distintas ramificaciones que podrán cubrir numerosas horas de programación de nuestro tiempo. Quizá la deriva más significada haya sido en que gran parte de la ciudadanía ha creído conveniente invocar el derecho a decidir en un tema tan importante, planteado en la posibilidad de celebrar un referéndum con monarquía o república como opciones a elegir. Ni que decir tiene que los partidos mayoritarios, PP y PSOE, acompañados de UPyD, Foro Asturianista y UPN, han cerrado filas en torno a la Corona y han dejado claro que no permitirán al pueblo ejercer su derecho a expresar su parecer en un tema tan trascendental. También, al dictado de no se sabe quién, los medios de comunicación, capitaneados por el diario El País, han preparado una campaña de lavado de imagen de la monarquía de tal calibre que en poco tiempo ha surtido los efectos deseados: la reciente valoración de 3,72 con que los españoles calificábamos a la corona se ha convertido en un 6,9 la nota para el rey que se despide y un 7,3 para el que viene; lo que viene a demostrar el éxito de la campaña de sensibilización que entre la gente han promovido estos medios defensores de la “novedosa” ortodoxia monárquica, según la encuesta del citado medio, antes tan serio y riguroso. También informaba la misma fuente que un 62% de los encuestados que “en algún momento” querían decidir el modelo de estado, pero esto tendrá poca difusión y menor repercusión. En el fondo todas las encuestas “se cocinan” del modo que más interesa a quienes las pagan.
Pero no termina aquí la cosa, medio en serio en medio en broma se ha preguntado que a quién se prefiere como Jefe del Estado, al rey Felipe VI o al Presidente de la República Aznar, idea de El Intermedio de la Sexta TV. Así en frío, es comprensible de que, si fueran José María Aznar o Felipe González los candidatos a Presidente de una hipotética III República, la gente se quedara con Felipe VI, aunque fuera rey. Simpático el argumento, pero falso; con ejemplos como los citados no nos serviría ni el refrán de “Más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer”. Aquí lo que se cuestiona es la vigencia o no de si somos un sistema verdaderamente democrático la soberanía reside en el pueblo y que “el pueblo tiene razón aunque se equivoque”. Lo demás será lo que tengamos que aceptar. Pero no hay argumento de peso alguno que lo sustente.
Al hilo de todo esto la siguiente deriva del tema, que es de mayor calado incluso, se refiere a la calidad de nuestra democracia. La mejora de la misma, son muchas las voces que coinciden, pasa por darle mayor contenido a la democracia participativa, que es una reivindicación prioritaria de quienes pretendemos que esta sociedad nuestra alcance mayores niveles de justicia. Ya no nos conformamos con votar cada cuatro años y mientras ver las tropelías que cometen, los programas que no se respetan, los derechos que se pierden, los favores que se cobran y se pagan,...
Por eso no se ve otra salida que una profundización en la democracia que aporte soluciones y que ponga a las instituciones en su sitio. Estas son las demandas y queremos respuestas. No vengan luego a vendernos el miedo de los populismos, calificativo con el que abusan para encasillar a quienes no se prestan a continuar sus esquemas, mezclándonos en un tótum revolútum con el que demonizar todo tipo de oposición a sus caprichos.
Que no olviden que la gente desconfía y de ellos depende que crezca la bola de nieve.
Manuel García Mata

































Elephantus | Domingo, 15 de Junio de 2014 a las 09:30:47 horas
Por supuesto que no se le podrá acusar de nada, porque tendra la patente de corso de ser inviolable gracias a la constitución, lo mismo que su padre, que si se ha preocupado que en la ley de sucesión redacten una clausula para seguir siendo inviolable, por algo será, porque tendrá mucho que esconder. Si no existiera esta clausula constitucional, ya comprobariamos cuanto honrado es el futuro rey y cuanto se asemejaria a sus ancestros, donde hubo de todo, desde vendepatrias a mangantes, pasando por genocidas.
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