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Martes, 20 de Mayo de 2014

La importancia de llamarse Europa

El próximo día 25 la ciudadanía tendrá la ocasión de votar de nuevo en amor y compaña por algo que generó una enorme ilusión y que se va quedando en puro desencanto. El fenómeno europeo tiene sus lecturas. La principal, que por su parte tiene suficiente peso, es que las esperanzas albergadas de formar parte de un ente mayor, mucho más poblado y económicamente muy poderoso, no han significado unas mejores condiciones de vida, sino todo lo contrario. Todos conocemos la cantinela de que todo lo malo que nos pasa viene condicionado por las exigencias europeas, pero que si no las cumplimos nos pasará algo muy grave, tan grave que ni nos lo dicen. Si a esto le sumamos la desconfianza que se han ganado a pulso los partidos que han protagonizado hasta ahora la gobernación de los distintos organismos de este país, se explica con bastante lógica que la abstención sea una opción mayoritaria en esta convocatoria.

 

Pues bien, esto tan importante se llama Europa, pero lo que no dicen y en cambio demuestran, es que no les importa un pimiento. Para empezar no se escucha a ninguno de los candidatos, sobre todo de los partidos de siempre, ninguna propuesta que tenga que ver con Europa y en cambio se siguen dedicando al clásico “Y tú más” del que estamos hartos y con el que aburren al votante más interesado.

 

Está claro que estas elecciones sólo sirven como una encuesta que dice con algo más de fiabilidad, lo que podrían votar los españoles en las siguientes elecciones municipales y generales, que esas sí les gustan más.

 

Por ejemplo, el PP tiene tanto interés por estas elecciones que ponen como cabeza de cartel a un político de perfil bajo, o de segunda fila si así lo prefieren, dando la impresión de que como premio a su gestión ministerial, Rajoy ha decidido quitárselo de en medio mandándolo a Europa. Otro síntoma evidente del desinterés popular fue lo que tardaron en dar a conocer el nombre del candidato; se conoce que se temían lo que vendría después: Miguel Arias Cañete, para empezar con fuerza, pasó de las fricciones entre Rajoy, el actual líder del PP, y Aznar, el anterior, e invitó a este último a su presentación. O sea para agradecerle al presidente su nombramiento luce al marido de la alcaldesa de Madrid; ¡la gracia que le habrá hecho a Rajoy! Otro de sus sonados logros es el haber perdido por goleada el debate ante la candidata del PSOE, Elena Valenciano, hecho que no sucedía desde hace tanto que ni se recuerda. Pero como el ex-ministro es como es, para defender su humillada vanidad tras el varapalo recibido en el debate, se deja caer con una declaraciones tan machistas, tan chulescas y tan chuscas, que sus compañeros de partido no saben donde esconderse para evitar dar una interpretación a semejante metida de pata.

 

¿Me van a decir que Rajoy no se imaginaba al menos algo de lo que podría pasar? Es normal que no quisieran que se celebrara el debate visto lo visto. La suerte que tendrá Cañete es que, como aquí lo que se vota carece de interés para estos, no dejará de ser más que un ensayo de otras como se dijo en el párrafo anterior, y viendo que la alternativa cada vez tiene menos aceptación, a pesar de lo mal que lo están haciendo ellos, es posible que ganen las elecciones a pesar del candidato.

 

Hasta aquí lo que se ha visto, o al menos lo que los medios de comunicación han ido permitiendo para que el BP (bipartidsmo, que nadie piense que me refiero a la petrolera) siga campando a sus anchas en este país.

 

Pues bien, si el resto de los partidos ofrecieran garantías y nos ilusionasen podría la ciudadanía esforzarse en hacerse eco de sus voces y colaborar para que sus propuestas les llegaran, traduciendo esto en apoyo electoral.

 

Analizando las distintas opciones, está claro lo que significa el PP, como las otras opciones conservadoras, bien sean nacionalistas o estatales de nuevo cuño, como el caso de UPyD y Ciutadans (Ciudadanos se llaman fuera de Cataluña). También es bastante conocido lo que ofrece el PSOE, y no puedo evitar que me resulte doloroso poner a este partido al nivel del resto de partidos de este párrafo. Porque históricamente son más de cien años, con sus aciertos y sus errores, capitalizando las ilusiones de gran parte de la clase trabajadora y de las fuerzas progresistas de este país y porque después de haber pasado muchos años con ellos tengo la absoluta certeza de que la mayoría de sus militantes son gente comprometida que entiende que la sociedad tiene que cambiar para favorecer a la gente de abajo. A estos, siempre me queda la esperanza de volver a encontrarlos en el camino.

 

En cuanto a los alternativas más próximas a los intereses de la gente de abajo, de la ciudadanía sufridora, sería bueno que la vieja izquierda se plantease un giro radical y que olvidase las veleidades de alcanzar pequeñas parcelas de poder al lado de compañeros de viaje, que no dan más que disgustos. Los nuevos partidos, con mayor o menor claridad, están viendo que las nuevas formas de entender la política y la sociedad pasan por posturas más abiertas y con mayor vocación de colaboración entre las fuerzas de progreso, que hace tiempo se está exigiendo. Es una alegría que grupos como PODEMOS, con una candidata de Rota en segundo lugar, y Primavera Europea (donde se integra EQUO), aparezcan en las encuestas con posibilidades de obtener representación. Y lo más importante, las esperanzas que se pueden albergar a partir de ahora con estas alternativas ilusionantes para este futuro que estaba casi desierto.

 

 

Manuel García Mata

 

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