Europa o el Espejo Roto
Dentro de nuestra ingenuidad existimos ilusos que, para concebir en nuestra percepción de la realidad una opción para dar la vuelta a este diabólico entramado que nos constriñe y nos aplasta, encadenamos nuestras esperanzas a un deseable cambio dentro de los estrechos márgenes que el juego democrático nos impone.
Sí, es un juego, pero un juego que como en la mayoría de estos lo de la limpieza, como el valor en el ejército, se le supone. Es un juego para tahúres; es un juego con cartas marcadas y donde las trampas abundan, están generalizadas me atrevería a decir. Con todas estas premisas condicionantes, o a pesar de ellas, mejor expresado, hay quienes depositamos en ello nuestras escasas ilusiones. Algo parecido a quien sueña con hacerse rico con los juegos de azar.
Seguro que se preguntarán que visto lo visto por qué me empeño en albergar ilusiones con esto. Muy sencillo, porque no veo otro modo por más que lo mire.
Quizás otras personas, tan ilusas o más que yo, sueñan con una revolución pacífica tipo Ghandi. Estamos cansados de comprobar que las revoluciones que tienen éxito, desde que acabó la Guerra Fría con la victoria de “los Buenos”, no son otras que las consentidas por el poder económico mundial, y que la que necesitamos aquí en España, en Europa o en el Mundo no son de esas.
¿No se ven acaso suficientes casos para comprender que la situación se encamina según las voluntades de quienes están por encima de nosotros? Pero para qué les voy dar ejemplos que ya conocen.
Sabido todo eso, creo que conocen, quienes tienen la deferencia de leer mis escritos, que en mi opinión, y que por ello estaría dispuesto a lo que fuera necesario, la única posibilidad de que esto atisbe visos de cambios, pasa por vertebrar una amplia alternativa superadora de intereses partidistas y que aglutine a todas las sensibilidades vilipendiadas por la forma de gobernar sumisa a los dictados de los altos poderes que nos viene tocando en desgracia.
Todavía entre nosotros hay quienes siguen discutiendo, que si el viejo concepto de derechas e izquierdas está obsoleto, que si el nuevo de los de arriba y los de abajo es poco realista, o que si son galgos o son podencos como en la fábula de Tomás de Iriarte.
La realidad se hastía en demostrar que, aunque son muchísimas y muy autorizadas las voces que claman porque esa mayoría social (ni voy a calificar de izquierdas, ni de ciudadana, para no abundar en el error), nada se hace para que tome su camino construido en común. ¡Vamos, que en la práctica no van por ahí los tiros!.
Desde el histórico 2011 hasta ahora son muchos los meses transcurridos y han sido muchas las iniciativas que propugnaban precisamente esa idea; pero al final tantos anhelos, tantas esperanzas, han resultado vanos.
En las próximas, y muy cercanas, elecciones europeas se presentan 41 candidaturas, 20 de ellas del espectro que nos interesa; mientras que en las anteriores era 35, con 15 de la onda citada, un 25% más. Si, como yo, había quien mantenía las expectativas unificadoras, el hecho nos remite a que la lectura que se hace del problema sigue permitiendo que prevalezcan los intereses particulares por encima del bien general.
¿Cómo nos van a generar confianza aquellos que se conforman con mejorar su “parcelita”. Después del 25 escucharemos las mismas monsergas de que todos han ganado y que si no han alcanzado mejores resultados es por culpa de la Ley Electoral o de cualquier otra ocurrencia que tenga el/la iluminado/a de turno para vender ufano y pleno de satisfacción la frustración que todos quienes estamos enfrente del poder seguimos padeciendo.
Eso sí, para el ego de ellos les bastaría con decir que la culpa es de la abstención que siempre perjudica a quien quiere justificarse.
Al pensar en la redacción de este escrito llegué a la conclusión de que, aún a sabiendas del fracaso anunciado que serán estas elecciones, una buena lectura podría ser que del análisis sensato de las mismas nacería la llamita que con su débil iluminación encendiera el fuego necesario para que en las próximas, bien sean las municipales, que son las que tocan, bien las generales, si le viene mejor al grupo gobernante, diera origen al imprescindible paso. Todos lo tenemos claro, pero mientras nos conformemos algunos con subir unos “puntitos”, otros en aparecer o “casi”, no iremos a ningún sitio y perderemos el futuro, otra vez.
No resulta comprensible, fuera de que toda esta voluntad real de cambio no es más que una mentira a las que acostumbran.
¿Acaso no recordamos lo que pudo significar que Syriza en Grecia estuviese a punto de ganar las elecciones? En el fondo, en especial en los partidos que atraen el voto de los sufridos, de los sacrificados, parece que les gusta que se quede la cosa así.
¿Querrán explicar esta casta de adocenados cuáles son sus miras? ¿A qué distancia está el horizonte que nos anuncian? Querrán hablar claro de una vez y decirnos que ell´s no tienen ninguna solución. ¿O esperamos a que San Wojtyla haga el tercer milagro?
Manuel García Mata
































San Judas | Miércoles, 30 de Abril de 2014 a las 18:27:26 horas
A este nuevo Papa tambien se le ha visto el plumero, acaba de hacer santos a Juan XXIII, sospechoso de cooperar con los nazis en la II Guerra Mundial y a Juan Pablo II, lo mismo de hacerlo con la extrema derecha de Polonia. Pero al Papa que hubo en ese intermedio, a Juan pablo I, ese que murió asesinado por el mismo clero que aplaudia a los nuevos santos se le vuelve a olvidar. Parece ser que solo se acordaron de él a la hora de planear y llevar a cabo su ejecución. Que pocos santos de los canonizados deben estar en la residencia divina.
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