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Viernes, 14 de Marzo de 2014

Sebastiâo Salgado

Si las grandes ciudades gozan de numerosos atractivos para que los visitantes inunden sus calles no es menos cierto que también son muchos los inconvenientes que estas originan a quienes nos aventuramos en ellas sin formar parte de la fauna habitual que la puebla.

Muy larga sería la serie de unos y de otros, atractivos e inconvenientes como pueden suponer, y no es cuestión de llenar las siguientes líneas con una interminble sucesión de palabras desubicadas de mayor significación.

También habrá que decir, y esto sí merecera la pena detenerse un poco, que las posibilidades de las grandes urbes fomentan que, tanto para autóctonos como para foráneos, surjan de forma inesperada ofreciéndote algo sugestivo.

Hacer referencia a la gran cantidad de sedes bancarias, como de inacabables agencias en Madrid es completamente innecesario. Más aún, consciente del tremendo descrédito que han atesorado a pulso estas entidades, ni se me va a ocurrir hacer sangre por lo conocido del tema de las causas primarias del sufrimiento de tantas personas, ni mucho menos voy a hacer un panegírico de sus excelencias, que para mí nunca serán tales. Fuera aparte, como decimos aquí, de todo esto, y sin querer lavar la cara de estos monstruos, habrá que dar al césar lo que es del césar. Ya les digo que no voy a entrar más en estos preámbulos incómodos, pero sí eran necesarios para presentar el objeto que hoy nos ocupa.

Existe una entidad, lógicamente emanada de una entidad bancaria, que desde hace tiempo viene mostrando una preocupación bien entendida por la difusión artística y cultural: Me refiero a CaixaFórum. Rara vez que uno visite Madrid, supongo que también ocurrirá en otras ciudades, sobre todo en Barcelona, que no se encuentre con alguna que otra exposición de muy significada relevancia.

Como ya sabe la mayoría de quien lee mis escritos soy natural de Madrid, y aunque cada vez me apetezca menos ir a ese lugar, sin negar que sigue teniendo muchos encantos, las circunstancias me obligan de vez en cuando. Pues como pueden concluir del párrafo anterior las exposiciones de CaixaFórum me resultan muy atractivas y es casi visita obligada en cada uno de los viajes.

Recuerdo en los últimos tiempos una sobre el cineasta Georges Méliès, aquel sobre quien Martin Scorsese hiciera la bellísima película “La Invención de Hugo”, que resultó ser una delicia, curiosa, sorprendente y muy divertida.

En este último viaje, y lo digo por si consigo interesar a alguien, se exhibe hasta el 4 de Mayo, he tenido la oportunidad de disfrutar de una exposición fotográfica de Sebastiâo Salgado en CaixaFórum. Con el nombre de “Génesis”, este brasileño reúne una impresionante colección de obras que tratan de la Tierra, de la naturaleza, del mundo vegetal, del mundo animal y del ser humano, viviendo en consonancia con el resto, acentuada su belleza por la singularidad del blanco y negro. El arte de Salgado se pasea por lugares alejados del planeta, recónditos e íntimos mostrándonos un respeto delicadísimo por todos sus seres.

La exposición se divide en cinco grandes bloques: Los Confines del Sur, África, Santuarios, Las Tierras al Norte y Amazonas y el Pantanal. Como resultaría excesivo dedicarse a cada uno con detenimiento me limitaré a expresar algunas impresiones: las nieves polares, la fauna antártica entre hielos y glaciares, pingüinos, albatros, focas, morsas, ballenas, bellísimos contrastes de tierra helada, mar y cielos llenos de nubes luminosas; después entre una exhuberante vegetación preñada de vida, fantásticos ejemplares de cocodrilos, de aves espectaculares, que se reflejan en aguas cristalinas, con tribus humanas perfectamente integradas en su unión hombre-naturaleza en perfecta simbiosis, plácidos paisajes en tomas panorámicas, en uno de ellos un río apenas parece una línea difícilmente perceptible en una aparentemente desierta llanura, los gorilas con su impactante presencia, las agotadoras montañas arenosas de las dunas desérticas; los santuarios, los rincones ocultos, con imágenes en que la magia parece sujetar la isla sobre un mar de cristal, la frondosidad de la selva, los extraños aye-aye u otros monos, como los titís, reinando en un espacio lejano del hombre civilizado, las tortugas, y el paisaje embellecido por la agresiva erosión; los paisajes del norte, glaciares y volcanes, las panorámicas de los desplazamientos de renos, dirigido por esquimales, los perros tan valorados por el hombre en las tierras árticas, otra vez el ser humano en comunión con el paisaje, y de nuevo los animales, éstos, libres, las focas y el extraordinario buey-amizclero que tiene más de cabra que de buey; y por último la Amazonía, los pájaros de bello plumaje, los ojos brillantes de los jaguares, y otra vez el verde, oscurecido por la sombra de la selva amazónica, las gentes que apenas se pueden mantener libres de la influencia de la civilización, que con sus ritos, su magia y su respeto a las tradiciones perduran entre parajes idílicos con algunas espléndidas cascadas y ríos y lagos donde ejercer sus artes de pesca.

Quizá la subjetividad no sea buena consejera, pero, aunque puede que con cierto desorden, deseo de corazón que les pique la curiosidad. Si alguien quiere tener un anticipo, a pesar de que las imágenes de internet no hacen justicia a la realidad, en el enlace que les indico tienen una amplia muestra de lo que esta exposición enseña. http://multimedia.lacaixa.es/lacaixa/ondemand/obrasocial/interactivo/genesis/es/visita19.htm



Manuel García Mata


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