Diez años de la patera de Rota. Una década de desarrollo para Hansala
Hace diez años que una pequeña aldea de no más de 2.000 habitantes situada en el Atlas Medio de Marruecos era una auténtica desconocida para el mundo. No aparecía en los mapas y ni siquiera poblaciones cercanas sabían cómo llegar a ella. Tuvo que ser un trágico suceso el que situara e hiciera visible para el mundo a Hansala, y fue a raíz de los hechos conocidos como el naufragio de la patera de Rota. Una historia como tantas otras demasiadas veces repetida sobre la inmigración clandestina que en esta ocasión, se saldó con la muerte de 37 personas situándose así como la mayor tragedia en tierras españolas por este tipo de hechos y la primera con gran crudeza para los gaditanos.
Han pasado diez años y aún recuerdan muchos roteños como Rota, que casi siempre aparece en los canales y periódicos nacionales por asuntos relacionados con la Base Naval, abría las portadas e informativos con noticias relacionadas con el suceso y el goteo de cadáveres que durante varios días se sucedió por playas cercanas hasta que fueron apareciendo no sólo en la costa roteña sino también dispersos por las playas portuenses los 37 cuerpos de hombres que venían buscando un futuro mejor.
Hoy, diez años después, muchos medios de comunicación se hacen eco de este triste décimo aniversario recordando las crónicas que se escribieron y cómo se vivieron aquellos momentos en la sociedad gaditana mostrando fotografías que sólo ponen el vello de punta. Rotaaldia.com sin embargo, ha querido poner el ojo en la parte positiva de aquella tragedia -si es que la hay- y lo que significó para una aldea como Hansala, de donde procedían 12 de los fallecidos en el naufragio. Comenzó un cambio hacia el desarrollo.
Para ello, hablamos con Violeta Cuesta, de Solidaridad Directa, la asociación solidaria que surgió pocas semanas después de aquellos terribles hechos. Al principio, les movió el interés por trasladar el pésame a esas familias que habían perdido hijos, maridos, hermanos y familiares en general, y al final, esta entidad se erigió como la vía a través de la cual un grupo de personas asumió un compromiso de cooperación tan fuerte y arraigado que han logrado cambiar la vida de esta aldea marroquí.
Violeta Cuesta, que en estos días ha contado varias veces la misma historia a distintos medios de comunicación, no necesita preguntas de ningún periodista para guiar su relato. Sabe lo que quiere que se cuente y ella misma se encarga de enlazar una crónica que pone en mayúsculas el significado de la palabra solidaridad.
Antes de empezar a contar la historia de Hansala que está unida a su propia vida, quiere dejar claro que Solidaridad Directa, una ONG con un funcionamiento muy particular y efectivo, ha dejado de existir. Todos sus miembros consideran que el objetivo con el que nació la entidad hace diez años ya está más que cumplido y que tras haber puesto en marcha decenas de proyectos que han mejorado notablemente la vida de los habitantes de esta aldea, "ahora les toca a ellos gestionar su propia comunidad y caminar solos". Eso no significa que se vaya a perder el contacto con las familias de los inmigrantes fallecidos en la patera de Rota porque el sentimiento de ser el uno del otro una segunda familia es recíproco. Por lo tanto, para Violeta Cuesta y Solidaridad Directa, el décimo aniversario de esta tragedia es el final de una etapa en la que se ha trabajado mucho, con infinitamente menos recursos que otras entidades, y sin embargo, con resultados tan visibles como los que a continuación pasará a enumerar en una conversación telefónica que podría haberse prolongado durante varias horas.
Desde que la patera de Rota naufragara en la costa roteña el 25 de octubre de 2003, y tras el impulso de unos cuantos ciudadanos que decidieron ir hasta el lugar de origen de la mayoría de fallecidos dos meses después de la tragedia para dar el pésame a sus familiares compartiendo con ellos su dolor, han sido más de 250 personas, quizás 300, las que han participado de manera activa en los proyectos que se han llevado a cabo en Hansala. En aquel primer viaje, donde lloraron la muerte de 37 inmigrantes los que luego formarían parte de Solidaridad Directa, vieron toda clase de necesidades imaginables. A partir de ese momento, decidieron que había que hacer algo por aquella aldea que había perdido a 12 de sus vecinos y comenzaron a trabajar.
El resultado es que gracias a esa labor solidaria, Hansala ha sido transformada y ha empezado un camino de desarrollo. Desde hace unos años cuenta con un dispensario médico con mobiliario y material necesario para su funcionamiento; una escuela para la que además se construyeron dos nuevas aulas, los aseos y puntos de agua; se colocaron placas solares tanto en el dispensario médico como en la escuela ya que aunque ahora sí tienen electricidad, hace diez años no disponían de ella; se construyeron acequias para el regadío y hoy en día han generado la producción de productos agrícolas que pueden venderse activando así la economía. Además, se procedió a la construcción de un depósito de agua que facilitó el riego y que también permitió construir fuentes para que las casas más dispersas por el difícil terreno de Hansala evitaran tener que seguir recorriendo más de 3 kilómetros para conseguir agua. Se entregaron bombonas de gas y cocinas para las mujeres con quien se ha hecho un trabajo formidable de alfabetización, formándolas con talleres de corte y confección, conservas o clases de español también para jóvenes y niños; se construyó una carretera, se rehabilitó un puente de cañas y se les dotó a la población con un vehículo 4x4 para usarlo como ambulancia. Enumerados en un sólo párrafo y leídos tan rápidamente parece una lista de intenciones pero no ha sido así, esta es una realidad que cualquiera puede constatar.
Muchos de estos proyectos han beneficiado a la población entera de Hansala, pero Solidaridad Directa se centró en "los pobres entre los pobres" y en este sentido, se volcó con algunas de las familias que quedaron peor paradas con la muerte de algún familiar en la patera de Rota. Fue el caso de los menores huérfanos a los que se les ha estado facilitando una ayuda económica para su formación y que en un futuro, pese a la disolución de Solidaridad Directa, se mantendrá como un compromiso personal de varias personas que han decidido costear la formación de los jóvenes en el caso de que quieran seguir estudiando. Son tres en total, dos hermanos de 12 y 10 años, y otro chico que nació a los cinco meses de la tragedia. También las mujeres, prácticamente ignoradas en esa sociedad marroquí, han sido un punto importante de trabajo para Solidaridad Directa. Tal y como cuenta Violeta Cuesta, en el primer viaje en diciembre de 2003 apenas las vieron, se limitaban a servir y desaparecían, y tras varios días, decidieron meterse con ellas en las cocinas y empezar a comunicarse. Ese fue el principio de un cambio de mentalidad que poco a poco ha ido prosperando hasta conseguir que la mujer tenga un papel destacado en esa sociedad y que el desarrollo de la misma pase por su avance.
Especial atención pusieron a las viudas por culpa de ese maldito naufragio; a una se le construyó una casa y se le compró un rebaño que con el tiempo ha ido creciendo, lo que le ha valido para sacar a su familia adelante (es la única familia monoparental de la aldea). Una labor que hicieron extensiva al resto de la población más pobre con la compra de más cabezas de animales que hoy en día, son el sustento de muchos de ellos.
En sus declaraciones a este medio, Violeta Cuesta reitera que todo este trabajo ha sido fruto de una cooperación real en la que es verdad que muchas personas a través de Solidaridad Directa han contribuido a estas mejoras pero que en un 50 por ciento, se ha visto reforzada por esa implicación y respuesta que han encontrado en los hombres y mujeres de Hansala que en muchos casos, han puesto su mano de obra para levantar grandes proyectos como el puente o la carretera que hoy les hace la vida algo más cómoda. "Hemos sentido ese compromiso personal de todos en los que las dos partes nos hemos implicado, por eso han salido adelante todos estos proyectos que se han hecho con una cantidad ínfima de dinero", comenta Violeta que haciendo números, asegura que ha transformado una aldea haciendo que muchos de sus habitantes hayan llegado a ser autosuficientes con apenas 20 ó 25.000 euros al año. "Hemos logrado que una población que no se conocía, hoy todos en Marruecos sepan no sólo dónde está Hansala sino que esta aldea empiece a ser referente de crecimiento y desarrollo para otras cercanas".
Para Solidaridad Directa, tras aquella tragedía de la patera de Rota en 2003, una de las principales satisfacciones entre otras tantas que les queda en sus memorias, es que desde entonces, no ha habido ningún caso de emigración clandestina, es más, asegura que muchos de los que se fueron han vuelto a su lugar de origen. Un éxito sin duda que han conseguido gracias a la solidaridad bien entendida que ha permitido el desarrollo de Hansala, y en parte, consecuencia de los talleres y charlas que se dieron sobre los peligros de este tipo de prácticas.También las clases de español para que todo el que quisiera emigrar a España lo hiciera sabiendo el idioma y con un contrato de trabajo olvidando a las mafias ha sido un punto fuerte.
A esta larga ristra de proyectos, se suma la creación en España de la Asociación de Emigrantes de Hansala y el rodaje de la película "Retorno a Hansala" de Chus Gutiérrez que permitió no sólo contar esta historia sino que prácticamente toda la población participara de un modo u otro en las grabaciones consiguiendo con ello mover la economía de esta aldea que con lo que ganaron como actores, extras o ayudantes en la filmación, tuvieron para vivir un año.
La magnitud del trabajo ha sido tal, que desde Solidaridad Directa sólo pueden sentir satisfacción pero no sólo por lo que han dado sino principalmente, por lo que han recibido en cada uno de los viajes a esta tierra. Violeta recuerda que no ha sido fácil pasar allí hasta dos meses viviendo en unas durísimas condiciones y hace mención especial a uno de los viajes en los que los casi 40 españoles que se trasladaron hasta Hansala para poner en marcha nuevos proyectos cayeron enfermos. "Hasta la médico que nos acompañaba enfermó y fue duro porque estás sin baño, sin agua, sin ducha, con una alimentación que es siempre la misma, la de ellos... fueron condiciones muy duras pero evidentemente, la dureza no es comparable a lo que hemos recibido en crecimiento personal y actitud moral". Es el lugar en el que más ha reído y en el que más ha llorado en toda su vida.
En los más de 14 viajes que han hecho hasta esta población marroquí, Violeta cuenta que lo más importante ha sido estar con las personas y entender que allí, la vida y la muerte son una misma cosa. "A pesar de que sus hijos, maridos o hermanos murieron, han sido fuertes y han sabido salir adelante enfrentándose a la vida". Quizás sea este uno de los aprendizajes más importantes para todas aquellas personas que en esta década han tenido que ver con la pequeña Hansala. Cooperantes que no han necesitado financiación externa para llevar a cabo este proyecto solidario que sin empezar con altas miras, fue cogiendo fuerza, con ayuda de colaboradores y actos solidarios, y permitieron ir poniendo en pie, poco a poco, iniciativas que iban a mejorar la situación de estas familias. "Es la prueba clara de que con voluntad, esfuerzo y compromiso se pueden hacer grandes cosas".
Esta historia real es el ejemplo más claro de cómo ofrecer la caña y enseñar a pescar en vez de dar los peces, es una historia de superación para un pueblo que ha quedado hermanado para siempre con un grupo de cooperantes a los que les une lazos familiares tan fuertes que durarán el resto de sus vidas. "Somos como la familia que vuelve por vacaciones" comenta Violeta que el pasado agosto estuvo de nuevo visitando a los que son ya, parte de su vida. "He visto en estos años como esa mujer que quedó viuda con dos hijos, que era tímida y apenas levantaba la mirada del suelo para hablar, ahora es autosuficiente y saca a su familia adelante. Nosotros sólo le compramos un rebaño que valía 250 euros y le ayudamos a construir una casa", el resto lo ha hecho ella igual que el resto de mujeres a las que se les ha notado un cambio importante, son más desenvueltas, más decididas y aunque les queda camino por recorrer, "estoy convencida de que ocuparán un lugar importante en el espacio público", asegura Violeta.
A raíz de la tragedia de la patera de Rota, y gracias a la cooperación mutua entre dos comunidades, aquellas 37 muertes no fueron en balde. Los dramáticos hechos despertaron un flujo de solidaridad con mayúsculas que se ha hecho patente en estos años y que tiene larga vida. Desgraciadamente, tal y como Violeta quiere terminar la conversación, "fue un precio demasiado alto el que han tenido que pagar aunque al menos, las muertes de sus hijos o maridos no fue en balde". No lo dice ella, lo dicen las familias de los fallecidos aún con lágrimas en los ojos diez años después de que el mar de Rota se los tragara.
Naufragio de la patera de Rota
Cada uno de los más de 45 náufragos que la noche del 24 de octubre se subió a una patera en busca de un destino mejor, pagó unos 2.000 euros a la mafia organizadora de la travesía. Cruzar el Estrecho en una embarcación de apenas 8 metros de eslora y dos de manga es la locura a la que lleva la desesperación por buscar un futuro mejor, pero tal y como recoge Solidaridad Directa en su página, la noche quiso ser dura y amarga. El sábado 25 de octubre el temporal los sorprendió en mitad de la mar y aunque lograron aguantar hasta llegar a la bahía de Cádiz, ya no podían más. Eran las siete de la tarde, estaban frente a la costa de Rota a poco más de 200 metros, y aunque fueron avistados por el capitán de un mercante fondeado en la bahía que dio la voz de alerta a Salvamento Marítimo, los patrones se negaron a recibir auxilio y se dirigieron hacia la costa desafiando a la muerte. Según este relato, estuvieron perdidos de vista y media hora después, una ola volcó la patera. La lucha por la vida no sirvió de nada y las olas y el temporal acabaron con la ilusión de los tripulantes. Sólo cinco sobrevivieron y el resto fueron llegando a las diferentes playas gaditanas a cuentagotas. Los primeros, a la playa roteña de Arroyo Hondo, el resto, dispersos por la costa de El Puerto. El dispositivo de salvamento fue un desastre, quizás hubiera habido una oportunidad para ellos.
































viriato | Domingo, 27 de Octubre de 2013 a las 09:39:38 horas
Victor, a ver si lees la noticia un poco más: "...que fueron apareciendo no sólo en la costa roteña sino también dispersos por las playas portuenses ..."
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