¿Por qué no te callas?
Sé que me retiré porque sigo sin poder acceder al periódico desde tierras francesas. No obstante, Fátima, ministra mía, quería que supieras que ya se cumplen casi tres meses desde que me exilié en busca de un futuro de un color más alegre que el negro de ultratumba que te empeñas en imponernos a todos los españoles.
Ya tuvimos nuestra discusión al irme, pero me parece que o no me entendiste o preferiste hacerte la sueca, expresión que viene de escándalo para hablar del exilio al extranjero. Me han comentado que andas diciendo que irse a otros países es un capricho. Que estamos encantados con eso de salir maleta en mano, previamente pesada para no sobrepasar los 20 dichosos kilos que tantos conocemos.
Tras varios días de calor asfixiante, París ha amanecido frío, gris y lluvioso. Y mira por donde, hoy daría lo que fuera por perderme en los brazos de mi novia. Pagaría lo que fuera por darle un abrazo a un gran amigo que lo está pasando mal y al que dejé justo cuando comenzaba una larga lucha.
Resulta que hoy moriría por pasar una tarde al sol en el campo con mi familia. Pero no puedo. Me obligásteis a elegir entre la miseria o el último clavo. Y por mucho que diga el gran Charles Aznavour, se equivoca al decir que “la misère est moins pénible au soleil” (la miseria se lleva mejor bajo el sol). Y que conste que en mi trabajo (por fin) se me valora día tras día. Los compañeros me cuidan, y los jefes me dan las gracias a menudo. Pero como diría una personajilla entrañable a la que cariñosamente llamo “mi madre revolucionaria”, a morriña é a morriña. Y duele.
Fátima, bonica, hazte y haznos un favor. Ya que no te da la gana de poner remedio a este éxodo, al menos ten la decencia de tus homólogos italianos y atrévete a pedir perdón a los jóvenes por no parar esta sangría.
Atrévete a encontrar las palabras inexistentes para explicar a esa sensación que tienes al estar en las escaleras mecánicas, rumbo al tren/avión/autobús/tren, y al mirar atrás ves a los tuyos detrás del control que acabas de pasar.
Disfruta de tu marido, de tus hijos, de tus padres y de tus amigos tú que puedes. Y cierra esa puta boca de una vez, por lo que más quieras.
PD: Recalco que este texto y el lenguaje que contiene es totalmente responsabilidad mía, no del periódico. Pero ya va siendo hora de hablar clarito.
José Alberto Niño Fernández































maría | Lunes, 09 de Septiembre de 2013 a las 16:46:03 horas
Bien expresado tu pesar de salir por imperativo. Y para quien no se queja solo decirle que esa es su elección. Si calla o quiza no siente , usted escoje señor. Deje que cada cual exprese su sentir y "llore sus ausencias" , que grite su anhelo y su cabreo. Faltaria más , su silencio es suyo pues a callar, deje de sermonear. No se quien eres Alberto pero espero que sigas en contacto y te acerques a este pueblo desde esta ventana.
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