Somos vuestros ahorros
Analizando los comentarios que se oyen en calles, plazas, bares, puertas de colegios y, en general, por todos sitios en nuestra localidad, me alegra comprobar que la gente, de izquierdas y de derechas, está harta de esta situación. No voy a centrarme en la culpabilidad de fulanito o menganito, sino que, al hilo de la habitual gran reflexión de mi estimado amigo Manuel García, me dirijo a esos que aceptan los designios que la crisis (¡No es una crisis, es una estafa!) nos trae.
Creo poder afirmar que muchos de los lectores pueden identificarse con mi familia: padres trabajadores desde su juventud, varios hijos estudiantes y otro en paro, sueldos normales pero que con tantas subidas de impuestos se precisan malabarismos para llegar a final de mes, etc. IVA, IRPF, IBI, Impuesto de circulación, facturas, hipoteca... todos los meses se pagan religiosamente dichos impuestos, aunque suban. Muchas horas trabajando, muchos días dando cabezadas de extenuación a las 7 de la tarde en el sofá tras una jornada extenuante que comenzó antes de que el sol asomara entre las rendijas de la persiana. Y todo ello con una sonrisa y con un fin loable: dar estudios a sus hijos para que, el día de mañana, fueran personas formadas capaces de labrarse un futuro mejor que el suyo. Cabe destacar el dato de que, excepto en períodos de guerra, la generación más joven siempre ha vivido mejor que sus padres desde la Revolución Francesa de 1789, que se dice pronto. Y resulta que tras el período de paz más grande que España y Europa haya conocido nunca, nuestra generación se hunde. Los jóvenes YA vivimos peor que nuestros padres, por mucho teléfono de última generación que tengamos (aunque yo no).
Pero parece que el hecho de que el fraude fiscal de las grandes fortunas sea de un mínimo de 70.000 millones de euros (podría alcanzar la cifra de 90.000 millones) por año no hace que la gente se levante; que PP y Psoe pactaran incluir en la Constitución un artículo donde se explicitase que la prioridad es pagar la deuda a los bancos extranjeros, por delante de pensiones, educación o sanidad, tampoco solivianta al personal; que el BCE haya tardado 4 años en decidirse a controlar que la prima de riesgo no suba, lo que nos ha obligado a pagar muchos más intereses de aquí a 10 años, es algo que parece ser que no va con ellos; que el mismo BCE preste nuestro dinero a los bancos al 1% y estos, en vez de dárselo a las empresas por un porcentaje similar, lo presta al 6% (y, en ocasiones, a los propios Estados hasta a un 12%) no les importa en absoluto; que las grandes empresas que exigen reformas laborales para obligarnos a trabajar día y noche por un mísero sueldo compran a partidos como el PP mediante una ilegalidad manifiesta que, vaya sorpresa, ya ha prescrito, es algo que no ven mal... Podría seguir con esta incansable lista, pero para qué, si esto no los mueve del sillón.
Bien, pues a ver si el orgullo patrio los levanta de sus sillones: en mi persona, y en la de miles y miles de españoles, el Estado ha gastado un auténtico dineral. Dineral que ha surgido de vuestros bolsillos, de vuestros impuestos. Becas para libros en la ESO, becas al estudio en Bachillerato, becas de movilidad cuando estás en la Universidad, becas erasmus, becas de inmersión lingüística... miles de euros que, en la inmensa mayoría de casos, ha sido bien invertido. Sin ínfulas de protagonismo, mi media siempre ha sido de notable o sobresaliente, en prácticamente todo lo que he hecho (y tengo una amplia formación). Pues resulta que no sirve de nada. Que este país me dice que trabajar impartiendo clases particulares por más de 3 euros la hora, es pedir demasiado dinero. Me imposibilita hacerme autónomo (¿para qué, si no hay consumo?), me imposibilita acceder a una empresa (si se están yendo las grandes, y las PYMES están cerrando)... España nos dice a los jóvenes formados “no os quiero”.
Como acertadamente expresa una gran campaña a nivel nacional, los jóvenes no nos vamos: nos echan. Como yo, muchos compañeros queremos quedarnos en nuestro país, en nuestra tierra. No queremos ver envejecer a nuestras familias a través de una pantalla de ordenador (por mucho que a Rajoy le encanten), no queremos llegar con 2 maletas y un portátil a un país que no conoces y que tampoco precisa de tantos inmigrantes, no queremos que el dinero invertido en nosotros, y nuestra formación adquirida con tanto esfuerzo, sea tirada al vertedero de la injusticia. Nos resulta muy digno trabajar de camareros, fregantines, au-pairs, o lo que sea, aunque prefiriésemos trabajar de “lo nuestro”. Lo que nos mosquea es saber que os han cogido dinero que tanto esfuerzo os ha costado ganar, para tirarlo por el retrete.
Al acabar de leer esto, plántense frente al retrete y tiren un billete de 5 euros. Si han sido capaces de hacerlo, ahora tiren otro de 10. Y luego, otro de 20. Y otro de 50. ¿Han podido siquiera tirar el primer billete que les he dicho? ¿A que no? Pues calculen los impuestos pagados a lo largo de sus vidas, que han ido a parar a ese mismo agujero: el de la precariedad laboral y el desempleo juvenil.
Mi gran desesperanza es que este llamamiento no servirá de nada. No faltarán comentarios pidiendo el “salir todos unidos de la crisis”, tener paciencia o, directamente, quienes dirán que los jóvenes somos una mancha de vagos que solo queremos vivir de la sopaboba. O que sobramos jóvenes formados.
Qué lástima de país... Y por cierto, por mucho comité de expertos para difundir la “Marca España”, en el exterior somos famosos por el paro, por los desahucios, por la estafa de los bancos, pero por encima de todo, por la cobardía. Sí, señores, nos llaman cobardes. No entienden ahí fuera por qué no estamos toda la sociedad clamando contra estos dirigentes y contra los que ordenan esta política suicida. La marca de España en el exterior es la cobardía. Y en septiembre, previsiblemente, cambiaré de fila numérica, puesto que dejaré de ser uno más de esos jóvenes desempleados, para pasar a engrosar la fila de españoles que prueban suerte en otro país. Otra cadena que se tira. Otro dineral que se va por el retrete. Otro fracaso en nuestro país. Y cada día contamos cientos de fracasos. Y por mucho que digan que la “movilidad exterior” es positiva, porque en un futuro regresaremos, no se equivoquen. La inmensa mayoría de jóvenes, si nos labramos un futuro fuera, no volveremos.
¿Váis a permitir que sigamos siendo un país fracasado? ¿No os duele el orgullo o, como mínimo, el bolsillo? Y siendo prácticos, ¿quién pagará vuestras pensiones en un país cada vez más envejecido?
Pero no pasa nada. El Barça ganó la liga, y el Madrid seguramente la Copa del Rey. Eso sí es motivo de salir a la calle. Lo otro... ya pasará. Con quejarse en el bar se soluciona todo. O, al menos, se queda uno más desahogado. ¿A que sí?.
J. Alberto Niño Fernández































Barbarroja | Viernes, 17 de Mayo de 2013 a las 08:32:16 horas
para A.R.S. : ¿quiere ud decir que la culpa la tienen todas esas personas que hoy estan entrampadas por el cepo que les puso el banco con facilidades y luego cambiandoles las condiciones? ¿quiere ud decir que haberse formado en aquel entonces le será util a alguien para buscar trabajo en otros paises donde tambien hay crisis y desempleo? ¿quiere ud decir que tenemos que apoyar las medidas de un gobierno con las mismas siglas y casi integrantes, que el de Aznar que fué quien propició la burbuja del ladrillo? ¿quiere ud decir que la culpa y quenes tienen que sacrificarse somos las victimas, mientras los culpables y beneficiados de la crisis, como los banqueros, politicos y empresarios estafadores se dedican a seguir beneficiandose de ella y mandando sus dineros a Suiza? Pues en algo tiene razón, que nadie nos va a sacar del pozo, y menos unos politicos corruptos que mientras exigen austeridad al pueblo, se llevan sus millones a Suiza.
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