Sintiendo el Adiós (por Manuel García Mata)
"Algo se muere en el alma cuando un amigo se va"- cantaba la popular sevillana con la trivialidad que otorga la fama a frase tan bella. Un amigo, un familiar, una persona querida, dejan siempre en su marcha una enorme huella de ausencia en quienes sienten muy adentro su partida, impregnan de pena nuestras fibras y solo el tiempo, muy lentamente, y los buenos recuerdos mitigan gota a gota la pérdida que, sin comparar situaciones, siempre resulta dolorosa.
Ni en el mejor de los casos, en aquel en que la longevidad del ser querido justifique la lógica de su adiós o en el que el final haya sido un consuelo ante tanto sufrimiento padecido por quien se va y la desesperación de quienes le han acompañado por la incapacidad de producir el alivio necesario a quien tanto padece se libere por fin, ni en estos casos siquiera se puede evitar el pesar que el trance definitivo genera. ¡Qué decir cuando las circunstancias son las opuestas! Cuando quien se va es joven, está en su mejor momento, o cuando se trata de una persona sana, pletórica de fuerza y de salud, o cuando ocurre con alguien que es imprescindible para su familia y sin ella todo se desmorona, o cuando nos estamos refiriendo a una persona buena, generosa, entregada a los demás... En todos, en todos los casos el final nos trae sentimientos parecidos, aunque la intensidad con que se vive la tragedia sea distinta en cada uno.
Por ello, cuando en el proceso, en el tránsito hacia el fin, tu gente se ha vaciado por ti, tus familiares se han preocupado continuamente por estar contigo, tus amigas y tus amigos te han acompañado todos los momentos en que han podido, cuando el personal sanitario, médicos, enfermeras, enfermeros, han derrochado tanta profesionalidad como cariño y dedicación, cuando las personas que han cuidado de ti han dado todo lo que el compromiso de una labor tan generosa como la suya y mucho más del tiempo, de su tiempo, de forma altruista y desinteresada porque tú lo necesitas y sin buscar elogios, porque les sale de dentro, cuando tus seres más queridos están hasta el último momento acompañándote, mostrándote todo el amor que sienten hacia ti, sabes que la humanidad, la calidad personal, aflora a borbotones, desborda y hace más fácil el camino.
Y si tras la despedida no faltan de tus conocidos, de tus amistades, de tu familia, quienes arropen a tu gente, a los tuyos, en estos tristes momentos, aunque ya no lo puedas sentir, al menos el mundo sabe que se ha hecho lo correcto.
Podría, no solo mi familia, sino cualquiera que haya pasado por estos tragos amargos, encontrar ejemplos de tanto ángel de carne hueso y sexo definido, y sería posible poner nombres y apellidos en nuestro caso. Pero... quien goza de poseer tanta grandeza no necesita publicidad.
Gracias a quienes en estas situaciones saben estar donde más se les necesita.
Manuel García Mata































Manolo A | Viernes, 08 de Diciembre de 2023 a las 18:42:05 horas
Muy agradecido, Hermano Lobo.
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